Recientemente se ha anunciado el descubrimiento de un sistema solar de lo más peculiar. Está a 1.600 años-luz de distancia de nuestro planeta, en dirección hacia el centro de la Vía Láctea. Puede ser, por decirlo de alguna manera, una especie de eslabón perdido entre estrellas, planetas y lunas que nos permitiría explicar que la formación de todos estos objetos celestes siguen un proceso muy similar…

El sistema OGLE-2013-BLG-0723LB/Bb

Concepto artístico de un sistema binario, compuesto por dos enanas marrones, en el que una de ellas contiene un disco de acreción. Crédito: NASA/Gemini Observatory/ L. Cook
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Concepto artístico de un sistema binario, compuesto por dos enanas marrones, en el que una de ellas contiene un disco de acreción.
Crédito: NASA/Gemini Observatory/ L. Cook

Bajo este nombre impronunciable se esconde un planeta, con una masa similar a la de Venus, que orbita alrededor de una enana marrón. A su vez, esa enana marrón (OGLE-2013-BLG-07238LB) orbita alrededor de una pequeña estrella, una enana roja (que recibe el nombre de OGLE-2013-BLG-07238LA) de clase espectral M. Es la primera vez que observamos un planeta rocoso alrededor de una enana marrón, y eso de por sí ya es un descubrimiento notable, pero las sorpresas no terminan ahí.

La enana marrón está a una distancia de 1,7 UA de la enana roja, mientras que el planeta está a 0,34 UA de la enana marrón. Si intentásemos trasladar este sistema a nuestro Sistema Solar, nos encontramos con una comparación muy llamativa. La proporción de masa que tiene la enana marrón y el planeta es equivalente a la proporción de masas entre el Sol y Urano… y a la proporción entre Júpiter y Calisto. Es decir, podemos verlo como un sistema similar a una estrella y un planeta, y también como un sistema similar a un planeta y una luna.

Esto nos permite suponer (según el equipo de astrónomos del estudio) que el proceso de formación de Urano, Calisto, y este planeta que hemos descubierto, es el mismo a pesar de la disparidad en sus tamaños. Aunque, para ello, hay que tener algunos factores en cuenta…

Discos de acreción

Recreación artística de un disco de polvo y gas alrededor de una enana marrón. Crédito: ALMA (ESO/NAOJ/NRAO)/M. Kornmesser (ESO)
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Recreación artística de un disco de polvo y gas alrededor de una enana marrón.
Crédito: ALMA (ESO/NAOJ/NRAO)/M. Kornmesser (ESO)

Llamamos disco de acreción al material que orbita en torno a un objeto masivo (suele ser una estrella o una protoestrella). Con el paso del tiempo, ese material disperso se combina y va dando lugar a objetos celestes. Son lo que conocemos como planetas y lunas. Ahora, lo que nos está revelando este estudio es que la formación de objetos a partir de esos discos de acreción es similar para planetas, enanas marrones y estrellas, pero aplicado a escalas de tamaño diferentes.

Creemos que Urano y Calisto debieron formarse en las regiones más frías de sus respectivos discos. El de Urano era el disco de acreción alrededor del Sol, mientras que Calisto se formó en el disco de acreción que rodeaba a Júpiter después de su formación. Ambos están compuestos de hielo y roca. En el Sistema Solar esta «línea de hielo», es decir, el radio mínimo a partir del que se pueden formar objetos sólidos de hielo, es de 2,7 UA. Con el descubrimiento de este planeta, podríamos deducir que este proceso escala con el tipo de objeto que tenga un disco de acreción a su alrededor.

Dicho de otro modo, a mayor masa, mayor será la distancia a la que puedan formarse objetos sólidos de hielo, y viceversa. Algo que se daría en todos los casos, desde estrellas que tengan planetas, a enanas marrones que tengan planetas (o lunas) a planetas gigantes que tengan lunas…

Quedán incógnitas por resolver

Calisto, observado desde el hemisferio opuesto a Júpiter. Crédito: NASA/JPL/DLR(German Aerospace Center)
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Calisto, observado desde el hemisferio opuesto a Júpiter.
Crédito: NASA/JPL/DLR(German Aerospace Center)

Aun así, hay un grado de incertidumbre en todo este estudio. Aunque los investigadores creen que el planeta está orbitando alrededor de una enana marrón, no quiere decir que se haya formado en un disco de acreción. Los planetas que pertenecen a sistemas binarios pueden verse perturbados y cambiar su órbita de una estrella a la otra si pasa lo suficientemente cerca de la estrella vecina. No hay que confundirlos con los planetas circumbinarios, es decir, su órbita es alrededor de ambas estrellas, en vez de sólo una de las dos, y por tanto esos deberían ser estables.

Por otro lado, aunque puede parecer que hay mucha distancia entre la enana marrón y la enana roja, no hay que olvidar que, en realidad, es apenas un 35% más que la distancia que separa la Tierra del Sol. Así que no es descabellado pensar en que pudiera darse un fenómeno así, y tenemos constancia de satélites capturados por planetas, como es el caso de Tritón, una luna de Neptuno. De hecho, si se reduce a la misma escala, Neptuno y Tritón también encaja en la escala de sistemas que mencionaba al principio del artículo.

Por otro lado, existe la posibilidad (porque se ha detectado un exceso de luz en la detección de este planeta) de que pudiera haber un cuarto miembro en este sistema. Sería una estrella, mucho más masiva y luminosa que la otra, y que estaría a una distancia de 100 UA. Si se confirma, afectaría al funcionamiento de todo el sistema y nos haría poner en duda el origen de este planeta, lo que podría provocar que todo esto quede en agua de borrajas…

Una formación líneal

Tritón, observado por la sonda Voyager 2. Crédito: NASA / Jet Propulsion Lab / U.S. Geological Survey
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Tritón, observado por la sonda Voyager 2.
Crédito: NASA / Jet Propulsion Lab / U.S. Geological Survey

Mientras tanto, lo que sabemos es que hemos encontrado el primer planeta rocoso alrededor de una enana marrón, y que es posible que el proceso de formación de objetos celestes sea el mismo sin importar la escala que estemos observando. Es decir, el mismo proceso que forma planetas alrededor de estrellas es el que hace que se formen satélites alrededor de planetas suficientemente grandes.

Eso sí, esto no se aplicaría en el caso de la Tierra y la Luna, ya que todo apunta a que el origen de nuestro satélite fue bastante más complicado. Creemos que se formó a raíz de una gigantesca colisión entre nuestro planeta, y otro objeto celeste con un tamaño considerable, similar al de Marte, al que llamamos Theia

Referencias: Astrophysical Journal, Centauri Dreams, IFLScience