Una exoluna es, como quizá sospeches, una luna alrededor de un planeta fuera del Sistema Solar. A pesar de diferentes falsas alarmas, de momento no hemos conseguido confirmar la presencia de ninguna. Aunque puede que eso cambie con este último hallazgo…

Una exoluna a 4.000 años-luz de distancia

Recreación artística de una hipotética exoluna.
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Recreación artística de una hipotética exoluna.
Crédito: Luciano Mendez

El telescopio Kepler ha detectado una señal que podríamos relacionar con la existencia de una exoluna. Para salir de dudas, los investigadores han pedido utilizar el telescopio Hubble, que tiene una capacidad de resolución mucho mayor, para poder confirmar si es así. De estar en lo cierto, estaremos ante la primera observación confirmada de una luna en torno a un planeta más allá de los dominios del Sistema Solar.

Hasta el momento ha habido varios candidatos a posibles exolunas, pero todos han resultado ser falsas alarmas. Este último hallazgo se ha producido de la misma manera que se han detectado exoplanetas. Es decir, el telescopio Kepler ha medido una reducción de luz de una estrella, al pasar su planeta por delante. Con la salvedad de que en este caso esa reducción de luz ha sido algo más prolongada y pronunciada al entrar esa luna en el campo de visión.

Esa pequeña caída extra de luminosidad ha sucedido en tres órbitas diferentes del planeta. Se encuentra en el sistema Kepler-1625, a unos 4.000 años-luz de distancia de la Tierra. Las observaciones apuntan a que el margen de error es bastante pequeño. De hecho, hay sólo 1 entre 16.000 posibilidades de que la luna no sea real y, en su lugar, sea el producto de algún tipo de malinterpretación en los datos.

Las exolunas son difíciles de observar

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Recreación artística de una hipotética exoluna.
Crédito: NASA/JPL-Caltech

El problema es que es muy difícil observar una luna con nuestra tecnología actual. Son objetos más pequeños que sus planetas (obviamente) y por tanto más difíciles de detectar. Además, en el caso de Kepler-1625, nos encontramos con un sistema que está relativamente lejos y que además es bastante tenue. Así que es comprensible que los investigadores hayan pedido recurrir al telescopio Hubble para disipar dudas.

El veterano telescopio tiene mucha más potencia que Kepler. Así que el plan es observar el próximo paso del planeta por delante de su estrella. Algo que se producirá en octubre. En ese momento, durante el tránsito, se podrá analizar la curva de luz de la estrella para ver si se produce, una vez más, el comportamiento visto ya en tres ocasiones. La esperanza de los investigadores es que, de ser así, los datos que proporcione el telescopio serán suficientes para poder afirmar que se ha detectado una exoluna.

Las exolunas, de hecho, pueden ser uno de los grandes objetivos de investigación en el futuro. Especialmente en casos como el de las enanas rojas. Sus sistemas planetarios están tan cerca de la estrella que suelen estar en rotación síncrona. Es decir, la misma cara apunta siempre al astro. Pero esto no sucedería con el satélite (que en el peor de los casos estaría sincronizado con el planeta), y sabemos que hay gigantes gaseosos que orbitan muy cerca de sus estrellas…

Una luna gigante

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Concepto artístico de una exoluna similar a la Tierra alrededor de un planeta gaseoso.
Crédito: Frizaven/Wikipedia

Lo más llamativo de este caso es que, si realmente hemos detectado una exoluna en Kepler-1625, estamos hablando de una grande. No hablamos ni del tamaño de la Luna, ni de Ganímedes, sino de algo mucho mayor. Probablemente, tenga un tamaño similar al de Neptuno, y esté orbitando alrededor de un planeta como Júpiter. Por lo que sabemos, es poco probable que ambos se hayan formado juntos. Así que podría tratarse de una luna que fue capturada por el planeta poco después de su formación.

Es la única explicación razonable, teniendo en cuenta que estamos hablando de una estrella muy tenue. Para poder detectar su tránsito, y por la distancia a la que está, la exoluna tiene que ser muy grande. La imagen resulta sorprendente si la comparamos con lo que estamos acostumbrados a ver en el Sistema Solar. Cuesta imaginar un planeta como Neptuno (mucho más grande que Ganímedes) dando vueltas alrededor de un gigante gaseoso.

Lo más interesante es que nos permite desarrollar aún más las sospechas que ya tenemos sobre las exolunas del resto de la Vía Láctea. A fin de cuentas, en este pequeño rincón cósmico hemos encontrado lunas de tipos muy diferentes, y de tamaños muy diferentes. Desde la Luna, grande si la comparamos al tamaño del planeta en el que orbita, hasta Fobos o Deimos, los dos pequeños satélites irregulares de Marte. Sin contar la infinidad de pequeñas lunas de Júpiter y Saturno.

Exolunas muy variadas y diferentes

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Concepto artístico de una enana roja, con un exoplaneta terrestre habitable y dos exolunas.
Crédito: NASA/Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics/D. Aguilar

No parece lógico pensar que el Sistema Solar tenga cientos de lunas y, sin embargo, no haya ninguna en el resto de la galaxia. Así que lo que esperamos es que, tarde o temprano, comencemos a detectar lunas en otros sistemas. Si esta de Kepler-1625 se confirma, estaremos ante el hallazgo de la primera luna lejos del Sistema Solar. Pero lo que es aún más importante, será una luna muy diferente a lo que estamos acostumbrados a ver.

Así que la lectura será clara, si es que finalmente se confirma. Implicará que la variedad de lunas en la galaxia es incluso superior a lo que ya hemos visto aquí. Podríamos hablar de encontrar planetas gigantes de hielo orbitando alrededor de gigantes gaseosos. En cierto modo, sería como el descubrimiento de los primeros exoplanetas. En 1992 descubrimos los primeros, y para nuestra sorpresa no orbitaban alrededor de una estrella como el Sol. Si no de un púlsar

Sea como fuere, de momento toca esperar a octubre. Con los datos del telescopio Hubble en mano, sabremos si estamos ante la primera observación de una exoluna o, por el contrario, es simplemente otro artefacto en los datos. De ser esto último, pasaría a engordar la lista de falsas alarmas que ya conocemos…

El estudio es A. Teachey, D. Kipping y A. Schmitt; «HEK VI: On the Dearth of Galilean Analogs in Kepler and the Exomoon Candidate Kepler-1625b I». Puede ser consultado en este enlace de arXiv.

Referencias: New Scientist