Los cometas grandes son más comunes de lo pensado

El estudio de cometas no es fácil. Por eso, no termina de sorprender que un nuevo estudio apunte a que los cometas grandes podrían ser mucho más comunes de lo pensado. Pero, ¿qué supone este descubrimiento?…

Cometas de largo período

El cometa Halley, observado el 8 de marzo de 1986.
Crédito: NASA/W. Liller – NSSDC’s Photo Gallery (NASA)

Cuando hablamos de cometas, hacemos diferentes distinciones. Una de ellas es la duración de su órbita. Los cometas que tardan más de 200 años en completar una vuelta alrededor del Sol son muy difíciles de estudiar. Pasan la mayor parte de su tiempo lejos de nuestra zona de observación. De hecho, muchos de estos cometas de largo período nunca se acercarán a nuestra estrella durante la vida de una persona.

Los cometas que viajan desde el interior de la Nube de Oort pueden tardar muchísimo tiempo en acercarse. El cometa Halley tarda 75 años en completar su órbita. Pero eso no es nada si lo comparamos con, por ejemplo, los 70.000 años del cometa Hyakutake. Y no es, ni mucho menos, el caso más extremo. Hay cometas que podrían tardar cientos de miles, y hasta millones de años en completar sus órbitas.

El telescopio espacial WISE nos ha permitido obtener nueva información sobre estas rocas tan lejanas. El estudio ha sido llevado a cabo por un grupo de investigadores de la Universidad de Maryland. Ha sido publicado por la revista The Astronomical Journal y nos ofrece más información tanto sobre estos cometas de largo período, como la familia de cometas de Júpiter. Es decir, aquellos cometas cuya órbita ha sido moldeada por la gravedad del planeta, y que tienen órbitas inferiores a 20 años.

Los cometas grandes son más numerosos de lo pensado

Concepto artístico del cometa Siding Spring acercándose a Marte en octubre de 2014.
Crédito: NASA

En el estudio se remarcan varias cosas que vale la pena mencionar. Por un lado, los cometas de largo período, con al menos un kilómetro de diámetro, podrían ser hasta siete veces más abundantes de lo que pensábamos. Además, de media, son el doble de grandes que los cometas pertenecientes a la familia de Júpiter. Lo mejor de todo, es que podemos explicar esa diferencia con bastante sencillez, y es muy interesante.

La cantidad de cometas de largo período es muy valiosa. Nos dice cuál es la cantidad de material original del Sistema Solar que ha perdurado hasta nuestros días en un estado casi intacto. El estudio indica que hay trozos de ese material, en la Nube de Oort, que son mucho más grandes de lo que se pensaba. El principal problema es que esta región del espacio está tan lejos que nuestros telescopios actuales no tienen la capacidad de observarlo.

La Nube de Oort es una región esférica en los confines del Sistema Solar. A más de 200.000 millones de kilómetros del Sol. Lo que sí sabemos es que la densidad de cometas en esta región es baja. Es decir, es poco probable que los cometas choquen entre sí. Así que los cometas de largo período que podemos observar con telescopios como WISE, debieron ser expulsados de la Nube de Oort en algún momento del pasado, hace millones de años.

Las perturbaciones de la Nube de Oort

El cometa PanSTARRS y la luna creciente.
Crédito: Yuri Beletsky (Las Campanas Observatory, Carnegie Institution)

Aunque no es el objeto de estudio de esta investigación, vale la pena mencionar que tenemos alguna que otra idea sobre qué pudo provocar esas perturbaciones. Es posible que, hace millones de años, alguna estrella se acercase lo suficiente al Sol. En ese caso, su gravedad habría perturbado las órbitas de los objetos de la Nube de Oort, provocando que algunos cometas cambiasen sus trayectorias y se acercasen al interior.

De hecho, eso es lo que estamos estudiando hoy en día. No tenemos la capacidad, al menos por ahora, de analizar cometas que están dentro de la Nube de Oort y que no salen de allí. En su lugar, sólo podemos estudiar los que han sido perturbados y se han acercado al Sol. Gracias a ellos, y a los cometas de la familia de Júpiter, ya teníamos una idea más o menos aproximada de cuántos cometas podría haber en el Sistema Solar.

Lo que no teníamos, sin embargo, es una buena manera de medir el tamaño de esos cometas grandes de largo período. El principal obstáculo es la nube de polvo y gas que rodea a cada cometa. Algo que llamamos coma, y que aparece como una región borrosa en las imágenes. Eso impide que se pueda observar el núcleo. Pero el telescopio WISE funciona en espectro infrarrojo. Así que es posible analizar sus imágenes y ver el brillo infrarrojo de la coma.

Cometas grandes y pequeños, explicados por su núcleo

Concepto artístico de cometas acercándose a un joven Sistema Solar.
Crédito: NASA

Si en todos esos cometas puedes ver el brillo de la coma, hay algo que puedes hacer para calcular cuánto mide su núcleo. Simplemente, basta con sustraer esa región de cada cometa y hacer una estimación del núcleo. No es un método perfecto, pero en este caso, se ha aplicado sobre 164 cometas. 95 de ellos pertenecientes a la familia de cometas de Júpiter. Los 56 restantes son cometas de largo período.

Los resultados refuerzan una idea que ya sospechábamos. Los cometas que pasan por el Sol más cerca suelen ser más pequeños que los que están más alejados. La explicación es sencilla. Los cometas de la familia de Júpiter reciben mucho más calor. Así que sus sustancias volátiles (como el agua) tienen a sublimarse y arrastran consigo también otros materiales. No sucede lo mismo con los de largo período, que no reciben ese calor.

Así que hay una diferencia palpable entre la familia de cometas de Júpiter y los de largo período. Pero hay otra lectura que es también muy interesante. La implicación de que haya más cometas de largo período, de lo pensado, es que podrían haber jugado un papel importante en la infancia del Sistema Solar. Probablemente una cantidad, aun mayor, impactaron en los planetas, trayendo a sus superficies el agua que estaba congelada en estas rocas primordiales.

Evaluando la amenaza de cometas y asteroides

Concepto artístico de un objeto cercano a la Tierra.
Crédito: NASA

Por supuesto, esto también es útil para medir cuál es la posibilidad de que un cometa impacte contra un planeta. Incluyendo la Tierra. Los cometas viajan mucho más rápido que los asteroides. Y ahora sabemos que los cometas grandes son mucho más numerosos. Este tipo de estudios permiten a los astrónomos definir qué tipo de amenaza pueden suponer. Con el paso de los años, mejores telescopios nos permitirán acumular más conocimiento sobre estos objetos distantes.

En cualquier caso, no hay por qué alarmarse. La existencia de más cometas grandes de lo pensado no implica que, súbitamente, la Tierra esté en más peligro de colisión del que lo estaba antes. Además, Júpiter tiene un papel muy importante en este sentido. Su presencia hace que actúe de escudo, recibiendo el impacto de cometas que, de otro modo, podrían aventurarse al interior del Sistema Solar y chocar contra los planetas rocosos.

Por otro lado, su presencia también implica que, por contra, haya más asteroides que se ven perturbados por su gravedad y son enviados hacia el interior del Sistema Solar. De momento, no conocemos ningún posible impacto de asteroides en los próximos 150 años. Así que no hay que dejarse alarmar…

El estudio es James Bauer, Tommy Grav, Yanga R. Fernandez et al.; “Debiasing the NEOWISE Cryogenic Mission Comet Populations”. Publicado en la revista The Astronomical Journal el 14 de julio de 2017. Puede ser consultado en este enlace.

Referencias: Phys.org

Alex Riveiro

Amante de la astronomía. Hablo de todo lo relacionado con el universo y sus conceptos de una manera amena y sencilla. Desde los púlsares hasta la historia de la astronomía en Al-Andalus.

También te podría gustar...

¡Comenta este artículo!

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: