K2-18b es un mundo atípico en muchos sentidos. Y, ahora, también se ha convertido en el exoplaneta más pequeño en el que se ha descubierto vapor de agua en su atmósfera. Seguramente incluso tenga lluvia, pero no es un mundo muy parecido a la Tierra. Aunque el hallazgo plantea algunas preguntas muy interesantes…

K2-18b es un exoplaneta poco propicio para la vida

Hay varios aspectos que vale la pena destacar. K2-18b es un planeta localizado a unos 124 años-luz de la Tierra. Orbita en torno a una enana roja, una estrella mucho más pequeña que el Sol. Se encuentra lo suficientemente cerca de su estrella como para recibir, aproximadamente, la misma cantidad de radiación que nuestro planeta recibe de la estrella en el centro del Sistema Solar. No es la primera vez que se descubre vapor de agua en la atmósfera de un exoplaneta. Pero, hasta el momento, solo había sucedido en gigantes gaseosos.

K2-18b, un extraño exoplaneta con lluvia y nubes...
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Un exoplaneta alrededor de una enana roja. Crédito: M. Weiss/CfA

K2-18b es el planeta menos masivo en el que se ha detectado. Los investigadores detrás de la detección, plantean que es muy posible, incluso, hasta que se produzcan lluvias de agua. Porque, cabe recordar, en otros lugares pueden llover otros elementos. Sucede en el Sistema Solar, en Titán, uno de los satélites de Saturno, donde llueve metano. En este caso, por si no fuera suficiente, el exoplaneta se encuentra en la zona habitable de su estrella. Así que cabría la posibilidad de que nos encontrásemos con un mundo que fuese habitable.

Pero no es tan sencillo. Hay que destacar, también, que el estudio todavía no ha sido sometido a la revisión de pares. Es decir, puede que los investigadores hayan pasado algún detalle por alto. Pero, en cualquier caso, la imagen de K2-18b no es la de un planeta similar a la Tierra. Sobre el papel, es posible que este mundo pudiese albergar vida. Parece reunir los requisitos para ello. Pero sus condiciones son muy diferentes a las de nuestro planeta. De hecho, probablemente ni siquiera tenga una superficie sobre la que esa vida pudiese caminar.

K2-18b es un mundo sin una superficie en la que el agua se pueda acumular

La mayor parte del volumen del planeta se corresponde con la atmósfera. Es decir, seguramente se trate de un núcleo, quizá rocoso, rodeado por una gigantesca atmósfera que contiene vapor de agua. Y también unas condiciones muy alejadas de las que experimentamos en la Tierra. Al no tener una superficie, la lluvia no se puede acumular. En su lugar, sigue el viaje hacia el núcleo. Llega un momento en el que la temperatura es tan alta que, simplemente, se evapora y vuelve a ascender en la atmósfera. Presumiblemente de vuelta a las nubes.

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La Tierra vista desde el espacio. Crédito: NASA

La presión atmosférica es tan grande que, aunque tuviésemos la tecnología para ello, podemos olvidarnos de intentar explorarla. Una nave se vería aplastada y destrozada por una atmósfera que tiene una presión millones de veces superior a la de la Tierra. Pero, por otro lado, esto nos deja otra incógnita no menos intrigante. ¿Cómo se pudo formar un mundo que, a priori, resulta tan extraño? Los investigadores creen que, seguramente, se debió a la acumulación, por parte de la roca que debe componer el núcleo, de grandes cantidades de gas.

Por ponerlo en perspectiva, vale la pena destacar que K2-18b es nueve veces más masivo que nuestro planeta, y su diámetro es aproximadamente el doble. Así que, incluso si tuviese una superficie, nos encontraríamos con lo que popularmente se conoce como una supertierra. En cualquier caso, lo destacable es que nos encontramos ante el planeta más pequeño, hasta la fecha, en el que se ha detectado vapor de agua en su atmósfera. Probablemente también tenga lluvia, aunque no tenga ningún lugar en el que depositarse.

A la caza de planetas como la Tierra

Los investigadores ya han anunciado su intención de seguir estudiando este exoplaneta con el telescopio James Webb. Aunque, para ello, tendrán que esperar hasta 2021, cuando está previsto su lanzamiento. El objetivo es continuar avanzando en la búsqueda de planetas que sí tengan un parecido mucho mayor con nuestro planeta. De momento, queda mucho camino por recorrer, pero es cuestión de tiempo que suceda. A fin de cuentas, nada sobre nuestro planeta parece especial. Otra cosa, sin embargo, es lograr encontrar ese tipo de mundos.

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Recreación artística del exoplaneta Kepler 62f. Crédito: NASA Ames/JPL-Caltech

Algo que será posible con la llegada de los nuevos telescopios. Así como, por supuesto, avanzando en el campo de la caracterización (es decir, comprender cómo son) de los exoplanetas que ya se han descubierto hasta la fecha. Algunos son mundos muy alejados de cualquier parecido con la Tierra. Júpiteres calientes, exoplanetas gigantes, con características similares al gigante de Sistema Solar, pero muy cerca de su estrella. Otros son más parecidos, pero con condiciones infernales. Se han observado algunos exoplanetas que guardan cierto parecido con Venus.

Tampoco han faltado los exoplanetas que recuerdan a Mercurio. Rocas desnudas, sin atmósfera de ningún tipo, expuestas a la radiación de sus estrellas. Incapaces de albergar vida. Y, en todo ese abanico, en algún lugar, también hay mundos como la Tierra esperando ser descubiertos. La única pregunta, en realidad, es cuánto tendremos que esperar para poder encontrarnos ante uno de estos mundos. Cuando se llegue a la conclusión de que estamos ante un mundo posiblemente gemelo del nuestro, comenzará la aventura de determinar si podría tener vida. Pero, por ahora, toca esperar…

Estudio

El estudio es B. Benneke, I. Wong, C. Piaulet, H. Knutson et al; «Water Vapor on the Habitable-Zone Exoplanet K2-18b». Publicado en arXiv, puede ser consultado en este enlace.

Referencias: Space