SETI comienza a observar 20.000 enanas rojas

El instituto SETI ha dado inicio a una nueva búsqueda de señales de radio, producidas deliberadamente, que indicarían la presencia de vida inteligente extraterrestre. A lo largo de los próximos dos años, escudriñará los alrededores de 20.000 enanas rojas…

Pequeñas desconocidas

Algunas de las antenas del telescopio Allen en California. Crédito: SETI

Algunas de las antenas del telescopio Allen en California.
Crédito: SETI

Si has leído algún artículo de Astrobitácora sobre la existencia de vida en otros mundos, seguramente ya sabrás que en astrobiología podemos decir con toda tranquilidad que lo que no sabemos supera, con creces, a lo que sí sabemos. Aunque sospechamos que la vida existe en otros lugares del universo todavía no hemos logrado demostrar su existencia. No sabemos ni con qué frecuencia aparece la vida, ni con qué frecuencia aparece la inteligencia y, si lo hace, con qué frecuencia da lugar a civilizaciones capaces de utilizar tecnología; del mismo modo, tampoco sabemos cuánto tiempo perduran esas civilizaciones

En definitiva, es un campo en el que nos enfrentamos a muchas más incógnitas que certezas y hasta que no tengamos, al menos, una respuesta, no seremos capaces de entender cuál es nuestro lugar en el universo en el aspecto evolutivo. ¿Somos una rareza cósmica? ¿O simplemente no estamos todavía en ese punto que nos permita poder detectar a otras civilizaciones que puedan estar viviendo en la Vía Láctea? ¿Hemos superado el punto de inflexión que garantice que nuestra presencia perdurará en el cosmos, o el mayor desafío a la existencia de nuestra civilización todavía está por llegar?

Nos hacemos ese tipo de preguntas con la esperanza de que un día comencemos a obtener respuestas, quizá en forma de señal desde otra estrella y lo cierto es que nunca le hemos prestado demasiada atención a las enanas rojas (estrellas de tipo M). Puede parecer un contrasentido si tenemos en cuenta que es el tipo de estrella más abundante en el universo, pero, a la hora de buscar vida, los investigadores partían de la suposición razonable de que las especies inteligentes estarían en planetas alrededor de estrellas similares al Sol. Más que nada porque ese es el único ejemplo que tenemos (nosotros mismos).

El problema de la zona habitable

Próxima Centauri, la estrella más cercana al Sistema Solar, es una enana roja de clase M. Crédito: ESA/Hubble & NASA

Próxima Centauri, la estrella más cercana al Sistema Solar, es una enana roja de clase M.
Crédito: ESA/Hubble & NASA

Hay algo que la astrobiología sí nos ha enseñado. La zona habitable es esa franja, alrededor de cualquier estrella, en la que podrían darse las condiciones necesarias para la existencia de agua líquida en la superficie de sus planetas. El problema con las enanas rojas es que esa franja está tan cerca del astro que cualquier objeto en ella tardaría poco tiempo en entrar en rotación síncrona. Eso es un problema. Desde la Tierra siempre vemos la misma cara de la Luna porque está en rotación síncrona (es decir, tarda lo mismo en dar una vuelta sobre sí misma que en completar una órbita alrededor de nuestro planeta).

En el caso de un planeta esto es especialmente problemático porque quiere decir que un hemisferio estará constantemente iluminado por su estrella, mientras el otro estará siempre en permanente oscuridad, creando un infierno en un hemisferio y un páramo tremendamente frío en el otro (y también es posible que, por su cercanía a su astro, se pueda ver expuesto a llamaradas muy intensas que puedan arrancar la atmósfera de cualquier planeta que no tenga un campo magnético lo suficientemente fuerte). Es difícil creer que un planeta así pudiese ser habitable, ¿verdad? Así que nunca le hemos prestado demasiada atención a esas estrellas porque pensábamos que, simplemente, no se dan las condiciones adecuadas para que puedan albergar vida.

Sin embargo, las últimas investigaciones nos que estos planetas no tendrían por qué ser inhabitables, siempre y cuando tengan atmósferas y océanos. Si es así, podrían ser capaces de transportar ese calor del hemisferio iluminado al hemisferio oscuro y una parte muy importante del planeta sería perfectamente habitable (algunos estudios indican que, probablemente, la franja en perpetuo crepúsculo se vería azotada por fuertes vientos y tempestades).

Estrellas muy abundantes

Concepto artístico de una enana roja rodeada por tres planetas. Crédito: NASA/JPL-Caltech

Concepto artístico de una enana roja rodeada por tres planetas. La estrella Wolf 1061, a 13 años-luz, es la enana roja más cercana con planetas en su franja habitable.
Crédito: NASA/JPL-Caltech

Esto abre una posibilidad muy intrigante. Las tres cuartas partes de las estrellas de la Vía Láctea son enanas rojas, y los datos que tenemos sobre exoplanetas sugieren que entre la sexta parte y la mitad de las enanas rojas tienen planetas en sus zonas habitables. Es un porcentaje comparable (y seguramente superior) al de planetas que podrían existir en las zonas habitables de estrellas como el Sol. Es decir, son tan abundantes que, si observamos las 20.000 enanas rojas más cercanas, de media estarán más cerca que las 20.000 estrellas similares al Sol más cercanas, y eso es bueno. Más cercanía quiere decir que cualquier señal que se pueda estar emitiendo desde alguno de estos mundos será más fuerte.

Las enanas rojas son extremadamente longevas. Queman su combustible durante un período de tiempo que es mayor que la edad del universo. Dicho de otro modo, todas las enanas rojas que han nacido en el universo siguen quemando combustible (se calcula que la mayoría de estas estrellas pueden estar en su fase de secuencia principal entre cientos de miles de millones de años y billones de años) y por tanto también son, de media, más viejas que nuestro Sol. Es muy posible que, en este caso, esa antigüedad sea un punto a su favor, porque los sistemas estelares más viejos habrán tenido más tiempo para producir especies inteligentes.

De tres en tres

Imagen del Telescopio Allen. Crédito: SETI

Imagen del Telescopio Allen.
Crédito: SETI

Esta búsqueda del instituto SETI se realizará con el conjunto de telescopios Allen, ubicado en la cordillera de las Cascadas, en el norte de California, que es capaz de observar hasta tres estrellas a la vez. Las búsquedas se harán en diversas frecuencias de banda entre 1 y 10 gigahercios. La mitad de esas bandas serán frecuencias mágicas, es decir, lugares en el espectro de radio que están relacionados con constantes matemáticas básicas. El razonamiento de SETI es que, simplemente, no es descabellado especular con que los extraterrestres que puedan estar intentando llamar la atención generen sus señales en ese tipo de frecuencias.

La búsqueda se hará a lo largo de los próximos dos años, y las estrellas que serán observadas van a ser elegidas de una lista formada por unas 70.000 enanas rojas recopiladas por el astrónomo Adnrew West, de la Universidad de Boston. En este estudio también se irá incluyendo la información que sea recogida por misiones como TESS (un satélite que buscará exoplanetas) que se lanzará el próximo año.

Es imposible saber si la búsqueda de SETI tendrá éxito o no, pero el aspecto más positivo de todo esto es que, por fin, parece que estamos empezando a centrar nuestra atención en el tipo de estrella más común del universo, y quizá alguno de estos longevos astros tenga la clave a las preguntas que siempre nos hemos planteado…

Referencias: SETI

Alex Riveiro

Amante de la astronomía. Hablo de todo lo relacionado con el universo y sus conceptos de una manera amena y sencilla. Desde los púlsares hasta la historia de la astronomía en Al-Andalus.

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1 respuesta

  1. Bondergirl dice:

    Otro artículo al que, si leí, no le dejé mi comentario.

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