Un grupo de astrónomos plantea un escenario que resulta muy intrigante y algo preocupante. Las superllamaradas, un fenómeno observado en otros lugares de la galaxia, podrían ser también producidas por el Sol. Algo que tendría consecuencias directas en nuestra sociedad…

Las superllamaradas parecen comunes… lejos de aquí

En otros lugares de la Vía Láctea, se ha podido observar, de cuando en cuando, la emisión de superllamaradas. No está muy claro, todavía, cómo funcionan exactamente. Pero suceden cuando las estrellas, por diversos factores, emiten una gran cantidad de energía. Es tan grande que puede detectarse a cientos de años-luz de distancia. Hasta ahora, se pensaba que era un mecanismo que sólo podía suceder en estrellas jóvenes y muy activas. Las más viejas y maduras, como el Sol, parecían estar exentas de esta violenta actividad.

El Sol (y otras estrellas) pueden emitir superllamaradas
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Concepto artístico de una llamara de una enana roja arrancando la atmósfera de un planeta. Crédito: NASA, ESA, y D. Player (STScI)

Pero un grupo de investigadores ha concluido que no parece ser así. Los datos muestran que en esas estrellas más maduras (y mucho más tranquilas), también puede haber superllamaradas. Con una frecuencia mucho más baja, sucediendo una vez cada pocos miles de años. Los resultados son intrigantes y se convierten en otro recordatorio para nuestra sociedad. Si el Sol emitiese una superllamarada de estas características, la Tierra estaría, con toda probabilidad, en el camino de una cantidad gigantesca de radiación.

Algo que se llevaría por delante nuestros dispositivos electrónicos. Los apagones serían masivos y muy amplios. Los satélites en el espacio dejarían de funcionar. La parte buena, de todo este posible escenario que parece apocalíptico, es que el fenómeno debería ser muy raro. Quizá experimentemos alguna en los próximos 100 años, según los investigadores. A decir verdad, ni siquiera dan como certeza que vaya a suceder en ese tiempo. Podría ser en una escala mucho mayor. Pero, si están en lo cierto, la posibilidad parece real.

Un aliado inesperado para descubrir las superllamaradas

Seguramente, los científicos que observaron las primeras superllamaradas, de otras estrellas, no se esperaban que fuese el telescopio Kepler la herramienta que se las mostrase. Hay que recordar que su objetivo principal era descubrir planetas, no estudiar las estrellas en sí mismas. Pero, en esas observaciones, descubrió que, a veces, la luz de estrellas muy distantes aumentaba, momentáneamente, de una manera muy significativa. De ahí surgió el nombre de las superllamaradas. No hay que confundirlas con sus hermanas pequeñas.

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Llamarada solar del 31 de agosto de 2012. Crédito: NASA

Porque las llamaradas son un fenómeno muy familiar. Forman parte de la actividad normal de muchas estrellas. El Sol, sin ir más lejos, emite llamaradas casi constantemente. Lo que mostraba el telescopio Kepler no era una llamarada estelar (que también las hay). Era algo mucho más potente. De cientos a miles de veces más potente que la llamarada más potente registrada en el Sol desde que tenemos constancia. Así que la pregunta es lógica. ¿Una estrella como la nuestra podría emitir este tipo de superllamaradas?

Los propios investigadores explican que, cuando nuestro Sol era joven, era una estrella muy activa. Giraba muy rápido sobre sí misma y, seguramente, debía generar llamaradas más potentes que las de hoy en día. Pero no estaba tan claro si en el Sol, en la actualidad, podrían producirse llamaradas tan gigantescas. Así que, para descubrirlo, recurrieron a otro telescopio espacial que cada vez es más habitual ver mencionado. Se trata del telescopio Gaia. Así como la ayuda del Observatorio de Apache Point, en Nuevo México, EEUU.

La edad es un factor a favor (para nuestros intereses)

A través de diferentes observaciones, el grupo de investigadores utilizó ambos instrumentos para crear una lista de superllamaradas procedentes de 43 estrellas similares al Sol. Después, hicieron un análisis estadístico del fenómeno observado. La conclusión es que la edad de la estrella es un factor muy importante. Las estrellas más jóvenes son las que producen la mayoría de superllamaradas. Son extremadamente activas. Pueden producir superllamaradas una vez por semana. Pero en estrellas más viejas la frecuencia es menor.

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Concepto artístico del exoplaneta GJ 1132b. Crédito: cfa.harvard.edu

En estrellas como el Sol, la media es de una superllamarada cada varios miles de años. Por lo que, aunque poco frecuentes, no son descartables. El Sol también podría emitir superllamaradas. No se sabe cuándo se fue la última. Y, en consecuencia, es muy difícil averiguar cuándo tendrá lugar la siguiente. Es cuestión de tiempo. La ventaja para nosotros es que el diagnóstico y consecuencias son similares a la de las llamaradas que ya experimentamos. Una superllamarada crearía grandes auroras. Serían espectaculares.

También dañaría a nuestra tecnología, como explicaba anteriormente. Pero, para mitigar los daños, basta proteger esa tecnología de la radiación de una llamarada. Tanto en la superficie como en el espacio. Así que, probablemente, el simple hecho de seguir dando pasos para mitigar los daños de llamaradas normales pero muy potentes (como la que ocasionó el evento Carrington) será suficiente para minimizar las consecuencias. Hay que recordar, en cualquier caso, que una superllamarada tampoco es letal para la vida. Solo para nuestra tecnología…

Estudio

El estudio es Y. Notsu, H. Maehara, S. Honda et al.; «Do Kepler superflare stars really include slowly-rotating Sun-like stars ? – Results using APO 3.5m telescope spectroscopic observations and Gaia-DR2 data«. Publicado en la revista The Astrophysical Journal el 3 de mayo de 2019. Puede consultarse en arXiv.

Referencias: Phys