Las tormentas solares no nos son desconocidas. Sin embargo, es muy fácil que subestimemos el impacto que pueden tener si se dan las condiciones apropiadas. La más conocida tuvo lugar hace casi dos siglos, la conocemos como el Evento Carrington…

Una sociedad tecnológica

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Una aurora boreal.
Crédito: Joshua Strang, United States Air Force

Nuestra sociedad depende de la tecnología. Podemos encontrarla en todas partes. Desde teléfonos móviles a satélites, pasando por equipamiento de hospitales y un largo etcétera. Eso, sin olvidar la cantidad de aparatos que podemos llegar a tener en nuestro propio hogar. Su ayuda para mejorar nuestra calidad de vida es innegable. Sin embargo, también nos hace muy vulnerables a la actividad del Sol.

Nuestra estrella está en la mitad de su vida (aproximadamente). Es una etapa tranquila, pero eso no impide que tenga la capacidad de provocar serios daños a nuestra tecnología. Ya lo ha hecho en el pasado, y volverá a suceder en el futuro (todo es una cuestión de cuando). Las tormentas solares, esas tremendas llamaradas de partículas y radiación, pueden interactuar con la magnetosfera y sobrecargar cualquier cosa que utilice un cable.

El Evento Carrington

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Dibujo de las manchas solares vistas por Richard Carrington, el 1 de septiembre de 1859.
Crédito: Richard Carrington

En 1859, nuestros antepasados vivieron de primera mano el impacto del Sol en la tecnología de la época. Es algo a lo que conocemos como el Evento Carrington, que sucedió el 1 de septiembre de aquel año. En una época dominada por el cólera y el trabajo infantil, la tecnología estaba avanzando a pasos agigantados. Se comenzaban a instalar las primeras redes eléctricas y las primeras líneas de telégrafo.

En la mañana de aquel jueves, el astrónomo británica Richard Carrington observó el Sol con su telescopio. Observó una gigantesca mancha solar; llamó tanto su atención que hizo un dibujo de ella (y que acompaña este párrafo). Mientras continuaba con sus observaciones, Carrintgon vio como se iluminaba, delante de sus propios ojos, convirtiéndose en una gran llamarada blanca. Era consciente de que estaba viendo un nivel de actividad solar nunca observado antes. Sólo un minuto después, esa llamarada desapareció.

Las auroras del evento Carrington

Sólo pasaron 5 minutos hasta que los efectos de aquella llamarada se pudieron sentir en el planeta. Fue cuando comenzó una intensa actividad de auroras. No eran simple auroras polares como las que pueden ver, habitualmente, los habitantes de las regiones más cercanas a los polos. Eran auroras que podían observarse en casi cualquier lugar del planeta. Incluyendo los trópicos (fueron observadas en lugares como España, Colombia y Panamá). Eran tan brillantes que se podía leer un libro bajo su luz.

Las auroras nocturnas fueron sólo uno de los efectos de la tormenta solar. El otro impacto fue mucho menos idílico. Las líneas de telégrafo y las redes eléctricas se sobrecargaron por la cantidad de electricidad que circuló por sus cables. Los operadores de telégrafos recibieron descargas eléctricas de sus máquinas, y el papel que se utilizaba comenzó a arder. Eran las consecuencias de la peor tormenta solar de la que tenemos constancia.

Las fases de una tormenta solar

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Lectura de un magnetograma, en Londres, durante el evento Carrington.
Crédito: British Geological Survey

Las líneas magnéticas del Sol pueden mezclarse en la atmósfera solar. En un instante, esa amalgama de campos magnéticos y se reorganiza y provoca la liberación de una cantidad gigantesca de partículas y radiación. Eso es una tormenta solar. Este fenómeno suele suceder en tres fases. Primero llega la fase precursora, con una gran emisión de radiación en forma de rayos X. Después, llega la fase impulsiva, en la que los protones y electrones son acelerados en la superficie del Sol. Finalmente, llega la fase de decaimiento, con una última emisión de rayos X a medida que disminuye la actividad de la tormenta. Todas estas fases pueden durar desde sólo unos pocos segundos a más de una hora.

Por su parte, las partículas expulsadas al espacio tardan entre varias horas o días para llegar a nuestro planeta. Al hacerlo, interactúan con la magnetosfera, provocando las auroras polares que podemos ver en las regiones polares de la Tierra. Una tormenta solar provoca que la magnetosfera se mueva, provocando que se carguen los cables, que se quemen circuitos, que se averían los satélites y, por si fuera poco, sobrecargando las redes eléctricas.

Un peligro actual

En 1859, no había demasiado de lo que preocuparse. Nuestra tecnología apenas había avanzando más allá de la torres de telégrafo. Hoy en día, nuestra civilización depende por completo de esos cables. Hay cables en los cientos de satélites que utilizamos para la comunicación y la navegación. Nuestros hogares y negocios están conectados a una red eléctrica gigantesca. Los aviones, coches, smartphones, y muchísimas otras cosas más, están controladas por la electrónica.

En 1989 ya tuvimos un pequeño aviso de lo que puede suceder. En aquel entonces, una tormenta solar mucho más pequeña golpeó nuestro planeta. Los habitantes de regiones tan al sur como Cuba y Florida llegaron a ver auroras boreales. La red eléctrica de Norteamérica aguantó una sobrecarga considerable durante bastante tiempo. Quebec no tuvo tanta suerte. La red de la provincia quedó inutilizada. Durante 12 horas, en pleno invierno canadiense, toda la región se quedó sin electricidad. Además, algunos satélites también se desconectaron, incluyendo el satélite de comunicaciones TDRS-1, de la NASA. Sufrió 250 errores diferentes durante la tormenta.

Mucho más recientemente, el 23 de julio de 2012, una tormenta solar muy similar a la del Evento Carrington fue expulsada al espacio. Por fortuna, no iba dirigida hacia la Tierra y no notamos sus efectos. Si una tormenta así nos golpease, las consecuencias podrían ser muy serias en muchos lugares del mundo. Algunos estudios apuntan, sin embargo, que las regiones más cercanas al ecuador no sufrirían en exceso.

¿Cuándo será la siguiente?

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Llamarada solar del 31 de agosto de 2012.
Crédito: NASA Goddard Space Flight Center

Han pasado 160 años desde el Evento Carrington. Por las muestras de hielo, los científicos creen que fue la tormenta solar más potente de los últimos 500 años. Los astrónomos calculan que este tipo de tormentas suceden dos veces cada milenio, así que la próxima podría estar a la vuelta de la esquina. Es difícil saber sus consecuencias, aunque algunos estudios afirman que habrían regiones del mundo (las más cercanas a los polos), que podrían verse muy seriamente afectadas, sin suministros de agua potable y electricidad durante meses.

Sea como fuere, tarde o temprano, al igual que con los asteroides, la Tierra será golpeada por una tormenta solar de grandes dimensiones. Es todo una cuestión de escala de tiempo. Quizá no suceda en los próximos 10 años, ni en los próximos 50, pero es inevitable pensar que, en los próximos 1.000 (por ejemplo), alguna tormenta terminará golpeando a nuestro planeta…

Referencias: Universe Today