Un grupo de investigadores ha descubierto que bajo la superficie de la Luna se oculta una estructura metálica. Pero, a pesar de lo que pueda sugerir el nombre, no deberíamos pensar en extraterrestres ni casos similares. Su origen es natural, pero no por ello menos interesante…

Una estructura metálica bajo el polo sur de la Luna

Aunque desde la Tierra no la podemos ver, porque está en la cara oculta de la Luna, nuestro satélite es el hogar de una monstruosa cuenca de impacto. Se la conoce como la cuenca Aitken y está en el polo sur, en el lado de la cara oculta. Es un cráter de dimensiones gigantescas. Tiene un diámetro de 2500 kilómetros y 13 km de profundidad. De hecho, es el cráter más grande que conocemos en el Sistema Solar. Por sus dimensiones, es fácil imaginar que la colisión que lo formó debió ser tremenda. Sucedió hace unos 4000 millones de años.

Descubren una estructura metálica bajo la Luna
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La Luna en fase menguante. Crédito: John Brimacombe

De aquella colisión ha quedado una enorme cicatriz en nuestro satélite. Una cicatriz que con el tiempo es menos evidente de lo que lo fue en un principio. La superficie de la cuenca ha recibido el impacto de muchos otros meteoritos con el paso del tiempo. Es uno de los cráteres más viejos conocidos y, al mismo tiempo, de los mejor preservados. Por lo que no resulta sorprendente que sea muy interesante desde el punto de vista científico. Y, por si fuese poco, ahora se ha descubierto una estructura metálica bajo la cuenca Aitken de la Luna.

Eso sí, no dejemos volar nuestra imaginación. No hace falta pensar en misteriosas estructuras de origen alienígena. Ni en monolitos como los que veíamos en la magnífica 2001: una odisea en el espacio de Stanley Kubrick. La estructura metálica en cuestión no es precisamente desdeñable. Está a una profundidad de 300 kilómetros y su masa es enorme, del orden de 1×1019 kg. Pero, ¿qué es? Pues, probablemente, estamos ante los restos del asteroide que, hace miles de millones de años, chocó con la Luna y formó el cráter Aitken.

Descubriendo la naturaleza de la estructura metálica bajo la Luna

Pero, ¿cómo se ha detectado? Ha sido posible gracias a la combinación de los datos recogidos por dos misiones diferentes. Por un lado, las sondas GRAIL y, por otro, el Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO). Al juntar los datos de las observaciones de ambas, los investigadores observaron que la topografía de la Luna no encaja con su atracción gravitacional. Las dos naves GRAIL se encargaron, durante más de un año, de crear un mapa gravitacional de nuestro satélite. La LRO lleva más de una década haciendo mediciones de su superficie.

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La cara oculta de la Luna, fotografiada por los astronautas de Apolo 16. Crédito: NASA

Al unir toda la información, los investigadores descubrieron que, en el entorno de la cuenca Aitken, había un aumento de la atracción gravitacional. Estaban ante una anomalía. Una masa adicional, de la que no tenían constancia, bajo la superficie de la Luna. La pregunta es lógica. ¿Cuál es el origen de esa masa? Es probable, plantean los investigadores, que se trate de los restos metálicos del meteorito (elementos como el hierro o el níquel) que, literalmente, quedaron enterrados debajo del manto lunar tras el terrible impacto.

La suposición no es inocente. Al contrario, permite hacer muchas otras hipótesis. Por ejemplo, permite acotar cuándo pudo formarse la cuenca Aitken. No pudo ser muy poco después de su formación. Todo ese material, de haber sido así, se hubiese hundido hasta el núcleo del satélite. Si el núcleo del asteroide se dispersó lo suficiente, podría haber aguantado en el manto, sin hundirse hacia el núcleo, hasta el presente. Hay otra posibilidad, pero no parece tan atractiva. Podría ser una reliquia de la propia formación del satélite.

Una historia muy, muy antigua

Podríamos estar, en ese caso, ante una reliquia de la formación de la Luna. Es posible, según explican los investigadores, que esa estructura metálica bajo el polo sur de la Luna sea, en realidad, una concentración, de óxidos densos, procedentes de la última etapa de solidificación del magma lunar. Algo que sucedió hace unos 4 500 millones de años. Cuando esos océanos de magma se enfriaron y solidificaron, uno de los últimos elementos en formarse fue el FeTiO3, más conocido como ilmenita. Es un mineral muy denso y podría explicar esa anomalía.

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Vista del sur del Mare Imbrium, en la Luna. Crédito: NASA

No es fácil determinar cuál es la composición exacta de la estructura metálica bajo la Luna. Pero, si es principalmente níquel y hierro, como dicen los propios investigadores, cuesta creer que una enorme concentración de ambos elementos, justo debajo del cráter más grande del Sistema Solar, no esté conectado con la propia cuenca y el impacto que la originó en primer lugar. El hecho de encontrar material en el manto también restringe cuándo sucedió. El material no está en el núcleo, así que la Luna no estaba completamente fundida.

Además, el cráter de la cuenca Aitken está bastante bien definido y preservado. Algo que, tampoco, habría sido posible si su superficie fuese, en aquel momento, un océano de magma. Así que, parece lógico suponer, la Luna debía estar enfriándose cuando recibió la visita de este asteroide inesperado. Esa anomalía, además, es tan densa que está empujando el terreno del propio cráter hacia el interior del satélite. Hace que su superficie esté un kilómetro por debajo de lo que cabría esperar. Es decir, su presencia se nota en el entorno.

La estructura metálica bajo la Luna es natural

En cualquier caso, queda claro que las dos posibilidades son totalmente naturales. No es necesario invocar a civilizaciones extraterrestres ni pensar en ejemplos del cine. Lo que estamos observando, parece ser, con bastante certeza, los restos del impacto que, hace más de 4000 millones de años, dio lugar a la formación de la mayor cuenca de impacto que podemos observar en el Sistema Solar. El estudio no llega a descartar la posibilidad de que su origen sea el propio proceso de enfriamiento de la Luna. Para eso, será necesario realizar muchas más investigaciones.

Una estructura metálica se oculta bajo el polo sur de la Luna
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La cuenca Aitken, fotografiada por la nave Apolo 8. Crédito: Apollo Flight Journal, Apollo 8

Para saber cuál de las dos opciones es la correcta, será necesario realizar muchas simulaciones en el futuro. Pero, con el interés que genera la cuenca Aitken, podemos tener por seguro que esas investigaciones llegarán. Es cuestión de tiempo que entendamos qué es exactamente esa anomalía. La región es un laboratorio perfecto para estudiar las consecuencias de impactos cataclísmicos. Algo que, en la actualidad, es muy poco frecuente pero, hace 4000 millones de años, fue un mecanismo importante para moldear lo que observamos.

Todos los planetas rocosos, y los satélites del Sistema Solar, tienen una larga historia de formación. Fueron colisiones como ésta (y más pequeñas) las que moldearon su aspecto y lo que vemos en la actualidad. Lo mejor de todo es que, por su cercanía, es también un laboratorio muy accesible. En sólo unas décadas, no es descabellado pensar que tengamos astronautas en la región, in situ, trabajando para entender cuál es la procedencia del metal. La cuenca Aitken seguirá siendo, sin duda, uno de los grandes objetivos de investigación de los próximos años…

Estudio

El estudio es P. James, D. Smith et al.; «Deep Structure of the Lunar South Pole-Aitken Basin», publicado el 5 de abril de 2019 en la revista Geophysical Research Letters. Puede ser consultado en este enlace.

Referencias: Space, Universe Today