En los últimos tiempos se ha hablado mucho sobre Encélado. La idea de que pueda haber un océano alienígena repleto de vida es, como mínimo, cautivadora. Hasta el momento, no sabemos de vida más allá de nuestro planeta. Sin embargo, si la hubiese en el Sistema Solar… ¿en qué lugar podemos esperar encontrarla? ¿cuál es el más probable?

Encélado es el mejor candidato de la lista

Si elaborásemos un ránking de los lugares con más posibilidades del Sistema Solar, Encélado estaría en lo más alto de la lista. En ese sentido no hay discusión posible después de los últimos hallazgos. Tiene agua en estado líquido, oculta bajo una enorme capa de hielo. También tiene una fuente de energía en forma de procesos hidrotermales. No hay ningún lugar en este pequeño rincón de la Vía Láctea que nos invite a soñar tanto como el diminuto satélite de Saturno.

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Concepto artístico de Cassini atravesando la pluma de un géiser en Encélado.
Crédito: NASA/JPL-Caltech

La parte negativa es que por ahora no hay ninguna misión planeada a Encélado. Es probable que la NASA, y el resto de agencias, ahora quieran convertirlo en un objetivo prioritario para sus investigaciones. Pero no es un gran consuelo si tenemos en cuenta los plazos que requieren estas misiones. Aunque se estuviese planificando en estos instantes, tardaríamos años en poder lanzarla. Eso sin contar con el tiempo necesario para llegar hasta allí y realizar nuestras investigaciones.

Así que tenemos un lugar muy tentador, pero por desgracia no tenemos ninguna manera rápida de llegar hasta allí. En realidad, no tenemos ninguna manera rápida de llegar a ningún otro lugar del Sistema Solar. Nuestra tecnología todavía no es tan avanzada. Incluso las misiones a Marte necesitan años de planificación, y por desgracia no todas las misiones que hemos enviado hasta allí han llegado a buen puerto. En astronomía no hay nada certero. Una misión planificada durante años podría irse al traste en cuestión de segundos, cuando llega el momento del aterrizaje…

Europa, un satélite no menos intrigante

Si dejamos a Encélado a un lado, nuestro siguiente objetivo en la lista debería ser otro satélite. En esta ocasión de Júpiter. Uno de los satélites descubiertos por Galileo Galilei. Europa tiene puntos comunes con Encélado. Está congelada y bajo su hielo hay un océano. Así que tenemos uno de los dos ingredientes imprescindibles para la vida tal y como la conocemos en la Tierra. Sin embargo, todavía no hemos encontrado plumas de vapor de agua…

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Europa, satélite de Júpiter.
Crédito: NASA / Jet Propulsion Lab-Caltech / SETI Institute

Tenemos sospechas de que podría haberlas, y eso sería un paso enorme adelante en muchos sentidos. La presencia de esas plumas (procedentes de géiseres) indicaría que Europa es muy similar a Encélado. Es posible que su océano esa tan rico en calor y químicos como el del satélite de Saturno. Si pudiésemos confirmar algo así, las implicaciones serían muy intrigantes. Significaría que tenemos dos lugares en el Sistema Solar con condiciones razonablemente parecidas para permitir que surja la vida.

Si eso es común en nuestro pequeño hogar cósmico. La siguiente pregunta sería inevitable. ¿Cuántos planetas y satélites de la Vía Láctea tienen estas mismas condiciones? Quizá es aun más cautivador al saber que la NASA está trabajando en una misión para Europa. Se llama Europa Clipper, y entre sus objetivos estará el de analizar esas plumas de manera muy detallada. Más de lo que la sonda Cassini (diseñada en los años 90) ha podido hacer con Encélado.

Marte, la eterna promesa

El tercer puesto no lo ocuparía otro mundo oceánico, si no un viejo conocido. Sabemos que las condiciones en Marte no son las más apropiadas para la vida: Sin embargo, también hemos visto señales muy tentadoras que invitan al optimismo. Bajo la superficie helada de ese mundo desértico podría haber agua salada. Ese agua podría ser el hogar de formas de vida capaces de tolerar estas condiciones tan extremas.

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Imagen de Marte, tomada por el rover Curiosity el 3 de abril de 2016.
Crédito: NASA/JPL-Caltech/MSSS

En el pasado fue un lugar muy diferente. Sabemos que pudo parecerse mucho a la Tierra. Tuvo océanos, volcanes y un atmósfera tan densa como la nuestra. Era una atmósfera rica en dióxido de carbono, pero eso no hubiera sido un impedimento para la vida microbiana. Tenían todo lo necesario: calor, los bloques básicos de la vida y agua. Lo único que le faltaba al planeta rojo, y provocó que terminase de una manera tan diferente al nuestro, fue un campo magnético que pudiese retener su atmósfera.

Con el tiempo, ese mundo idílico, quizá muy parecido a la Tierra, se convirtió en el lugar frío, seco y árido que conocemos en la actualidad. Pero la vida pudo tener oportunidades para aparecer y para evolucionar. Así que la gran pregunta es… esa vida, suponiendo que apareciese y evolucionase. ¿Tuvo la oportunidad de adaptarse para poder sobrevivir a las condiciones extremas de la actualidad? La respuesta es que, sencillamente, no lo sabemos. A pesar de que llevamos desde los años 70 visitando el planeta rojo, todavía no sabemos si hay vida. Hay evidencias que nos invitan a pensar que sí, pero nada concluyente. Nada que no podamos saber hasta próximas misiones…

Hacia el reino de lo vida exótica: Venus

Tras estos tres, entramos en el mundo de las posibilidades más exóticas. A bote pronto, Venus no parece el lugar más acogedor. Al igual que con Marte, creemos que pudo ser habitable en el pasado. Quizá incluso tuviese un océano. Está en la zona habitable del Sistema Solar. Así que en algún momento del pasado es posible que reuniese las condiciones ideales para permitir que apareciese la vida en su superficie.

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Concepto artístico de la superficie de Venus.
Crédito: ESA/AOES Medialab

Pero de lo que pudo ser una vez ese mundo, no queda nada. En la actualidad todo lo que sabemos es que es un lugar infernal. No sólo por sus elevadísimas temperaturas (no hay ningún lugar más cálido en el Sistema Solar). También por su insoportable presión. A fin de cuentas, la presión de Venus, en su superficie, es tan alta como la que experimentaríamos a 1 kilómetro de profundidad en los océanos de la Tierra. Su temperatura es tan alta, que podríamos fundir plomo. Su atmósfera es rica en ácido sulfúrico.

Todo invita a pensar que es imposible que haya vida. Pero al igual que con Marte, la pregunta es inevitable. ¿Pudo haber vida en el pasado? Quizá la respuesta sea que sí. ¿Pudo evolucionar y adaptarse? También podría decirse que sí, pero, suponiendo que haya algo vivo en Venus, y es mucho suponer, no estará cerca de la superficie. Si hubiese alguna forma de vida extremófila, su refugio probablemente esté en las profundidades del planeta.

El caso de Titán

Las condiciones de Titán son completamente diferentes a las de la Tierra. Su temperatura media en superficie son unos nada cómodos -179ºC. Sin embargo, experimenta el mismo ciclo hidrológico que podemos observar en nuestro planeta. Con la excepción de que en lugar de agua, el elemento responsable es el metano líquido. Tiene ríos, lagos, nubes, viento, lluvia. Todo lo que podríamos esperar encontrar, pero no en las condiciones que a nosotros nos gustaría.

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Titán, fotografíado por la sonda Cassini.
Crédito: NASA

Sin embargo, que a la vida de la Tierra no le parezca un buen entorno para prosperar no quiere decir que sea inhabitable. ¿Qué formas de vida, con una base totalmente diferente a la nuestra, podrían sobrevivir allí? No lo sabemos. Podemos sospechar que, seguramente, tendrán muy poco en común con lo que podemos observar a nuestro alrededor. Sin embargo, la posibilidad es tentadora. A fin de cuentas, no hay nada que diga que la vida tenga que estar apoyada en los mismos elementos que la de la Tierra. En ausencia de agua, el metano podría cumplir su función.

Así que quizá la vida pueda aparecer en un lugar, a priori, tan distinto como este satélite de Saturno. La posibilidad de que pueda haber vida, con una base muy diferente, tanto en Encélado como en Titán me resulta muy tentadora. Si en dos lugares tan cercanos pudiese haber vida tan diferente, es imposible dejar escapar la imaginación y pensar en las infinitas combinaciones de formas de vida variopintas que podríamos encontrar por toda la galaxia.

Ío, un infierno apoyado por Júpiter

Supongamos que las condiciones de Titán son demasiado frías. Ío sería más acogedor… hasta cierto punto. Es muy poco probable que pueda haber vida en su superficie. Es un tobogán de temperaturas difícil de aguantar. Podemos pasar tranquilamente de miles de grados sobre cero a cientos de grados bajo cero en poco tiempo. La mayor parte de la vida, tal y como la conocemos, no se lleva bien con los cambios extremos de temperatura. Los de Ío son aun más salvajes.

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Ío, en color real, fotografíado por la sonda Galileo en 1997.
Crédito: NASA

Así que no parece que pueda haber vida en esa superficie en la que lagos de roca fundida y campos de azufre congelado comparten el paisaje. Además, tenemos el inconveniente de Júpiter. Emite tanta radiación que se antoja complicado pensar que la vida pueda sobrevivir y adaptarse. Sin embargo, al igual que en otros casos ya expuestos, puede que las condiciones bajo la superficie sean muy diferentes, mucho más acogedoras.

Sabemos que la vida puede sobrevivir bajo tierra. Lo hemos visto en nuestro planeta. Quizá no sólo haya vida en Ío. Si no que apareciese hace mucho tiempo y que nunca, absolutamente nunca, haya tenido la necesidad de salir a la superficie. A diferencia de nuestros ancestros, que salieron de los océanos para poblar el resto de lugares del planeta, puede que en Ío las cosas fuesen diferentes, y que las formas de vida que hubiese. Si las hay, sigan viviendo exactamente allí donde aparecieron por primera vez. Bajo su superficie.

Plutón, un mundo lejano… ¿y acogedor?

Si tuviésemos que hacer una lista con todos los objetos del Sistema Solar, Plutón no estaría en lo más bajo, pero ciertamente tampoco entre los primeros lugares en los que pensar cuando hablamos de poder encontrar vida. Sabemos que el planeta enano es un lugar único y con características poco comunes. Es posible que tenga un océano bajo su hielo. Sin embargo, no recibe ese calor que llega a los de Encélado y Europa gracias a las interacciones gravitacionales con sus respectivos planetas.

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Imagen, en color casi real, de Plutón.
Crédito: NASA / Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory / Southwest Research Institute

Plutón tiene amoniaco. Pero la cantidad necesaria para mantener un océano en estado líquido es tan elevada que, quizá, ni siquiera las formas de vida más extremas sean capaces de adaptarse a esas condiciones. Quizá no sea el momento de Plutón. Puede que el momento de que la vida surja en este mundo tan distante llegue dentro de miles de millones de años. Cuando el Sol se haya convertido en una gigante roja y, con su crecimiento, la zona habitable del Sistema Solar se expanda muy lejos de los dominios de la Tierra.

Lo que sí sabemos es que toda la vida, en nuestro planeta, procede de un único ancestro que nació en un entorno de agua caliente. Lo que no sabemos es si esta es la única forma de que aparezca la vida. ¿Sólo sirven estas condiciones y estos elementos? O, por el contrario, ¿es posible que la vida, y ese ancestro primitivo, surjan en condiciones muy diferentes? No lo sabemos, y la única forma de descubrirlo será con las misiones que llegarán en los próximos años…

Referencias: NASA, IFL Science