La rotación de Venus siempre ha sido un misterio. ¿Por qué gira en sentido opuesto y tan lentamente? Un nuevo estudio plantea que un océano pudo ralentizar Venus y provocar que el planeta llegase a cambiar hasta la dirección de su giro…

Un océano pudo ralentizar a Venus… ¡en solo millones de años!

En la actualidad, Venus es un mundo infernal. Es el planeta más cálido del Sistema Solar. La temperatura, por encima de los 400ºC, es tan alta que es suficiente para derretir plomo en su superficie. El aire es irrespirable, compuesto principalmente por dióxido de carbono y ácido sulfúrico. Nada en este mundo podría hacer pensar que la vida tuviese alguna posibilidad de desarrollarse. Sin embargo, también sabemos que no siempre fue así. Hace miles de millones de años, Venus fue un lugar mucho más parecido a la Tierra.

Un océano pudo ralentizar  Venus y cambiar su rotación
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Venus, en color real, fotografiado por la sonda Mariner 10. Crédito: NASA

En aquel pasado remoto, se cree que el planeta tuvo muchas similitudes con el nuestro. Su atmósfera era mucho más fría y en su superficie había océanos. No solo eso. Es posible que Venus lograse mantener condiciones habitables, en su superficie, durante más tiempo del que fue capaz de hacerlo Marte. Así que la pregunta es lógica. ¿Qué pudo provocar que Venus terminase en un escenario tan diferente? Rota en dirección opuesta al resto de planetas, tarda 243 días en completar un giro sobre su eje y es un lugar completamente inhóspito.

El mecanismo por el que sucedió está claro. Fue un efecto invernadero imparable. Pero lo que no está tan claro es qué provocó ese cambio. Ahora, un grupo de investigadores ha propuesto una nueva hipótesis, que se aleja de la que se ha planteado comúnmente. Un océano pudo ralentizar Venus. En un proceso que, además, pudo haber sucedido en apenas millones de años. Un lapso de tiempo muy breve en la escala cósmica. Es una ventana muy interesante a entender la evolución del planeta que, por tamaño y características, más se podía parecer al nuestro.

Sin necesidad de un gran impacto

La hipótesis más aceptada es que, en algún momento poco después de su formación, Venus sufrió un impacto contra un objeto gigantesco. La colisión fue tan grande que no solo frenó la rotación del planeta (que habría sido en la misma dirección del resto de planetas), sino que llegó a frenarla y a hacer que, en su lugar, comenzase a rotar en dirección opuesta. Pero en este escenario, no hay necesidad de introducir impacto alguno. La presencia de ese océano pudo ser más que suficiente para provocar que, poco a poco, Venus se convirtiese en el lugar que es hoy en día.

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Representación artística de Venus terraformado. Crédito: Wikimedia Commons/Ittiz

Hay que recordar que la temperatura en el planeta es muy estable. Apenas varía entre el día y la noche. Algo que se debe, principalmente, a su densa atmósfera. Tiene 93 veces la presión de la atmósfera terrestre. Así como a su lenta rotación. Mientras nuestro planeta tarda 23 horas, 56 minutos y 4 segundos, Venus necesita 243 días para completar una vuelta sobre su eje. Ambos factores, atmósfera y rotación, provocan que la temperatura media del planeta sea de 462ºC. Es superior, incluso, a la de Mercurio, el planeta más cercano al Sol.

En el estudio, los investigadores plantean que un océano pudo ralentizar Venus. Irónicamente, sería uno de los ingredientes necesarios para la vida, tal y como la conocemos, el responsable de haberlo convertido en un lugar muy diferente… El razonamiento es sencillo. Las mareas actúan como un freno en la rotación del planeta, por la fricción generada entre las corrientes y el lecho marino. Es algo que sucede también en la Tierra. Cada millón de años, aproximadamente, la duración del día en nuestro planeta varía en 20 segundos.

El papel del océano que pudo ralentizar a Venus

Así que la pregunta es lógica. ¿Qué efecto tendría en Venus un océano? Para descubrirlo, los investigadores llevaron a cabo una serie de simulaciones por ordenador. Analizaron cómo cambiaría Venus con océanos de diferentes profundidades, así como con diferentes períoso de rotación, desde los 243 a los 64 días terrestres. A partir de ahí, calcularon la torsión y la disipación que generaría cada uno de esos océanos. Los resultados muestran que las mareas del océano habrían sido suficientes para ralentizarlo notablemente.

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Recreación artística de la superficie de Venus. Crédito: ESA

En función de su velocidad de rotación inicial, un océano podría ralentizar el giro de Venus hasta en 72 días terrestres por cada millón de años. Una cifra muy superior a los 20 segundos de nuestro planeta. Esto indica, según los investigadores, que un océano pudo ralentizar Venus, hasta su rotación actual, en un período de tan solo 10 a 50 millones de años. Muy breve en la escala de tiempo cósmico. A su vez, esa reducción en la velocidad de rotación del planeta provocó que se desencadenase todo lo necesario para transformar el planeta.

Porque, con esa rotación reducida, los océanos orientados hacia el Sol comenzaron a evaporarse. Eso provocó un efecto invernadero imparable. El escenario es desolador porque nos explica como, en un período de tiempo muy breve (geológicamente hablando), ese océano provocó que Venus dejase de ser un lugar habitable. Aunque solo es una hipótesis, el estudio nos permite, también, intentar comprender mejor la historia del planeta. Pone en relieve el papel que pueden tener las mareas para afectar a la rotación de un mundo.

Una ventana a analizar exoplanetas

El freno provocado por las mareas puede ser la explicación por la que Venus pasó de ser un lugar similar a la Tierra, con condiciones propicias (quizá) para el desarrollo de la vida, a un infierno completamente inhóspito. Lógicamente, si eso sucedió en el Sistema Solar, es razonable suponer que podría haber pasado en muchos otros lugares de la Vía Láctea. Hay exoplanetas que, por sus características, parecen tener mucho parecido con Venus. Este estudio nos presentaría un mecanismo común para explicar sus propiedades.

El océano que pudo ralentizar a Venus no necesitó mucho tiempo para lograrlo...
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Recreación de cómo hubiera podido ser Venus en sus primeros 2.000 millones de años, cuando podría haber sido un planeta mucho más frío, con un océano poco profundo y una atmósfera mucho más fina. Crédito: NASA

Así, los investigadores pueden suponer que los exoplanetas que estén cerca del borde interior de la zona habitable de su estrella (como es el caso de Venus), podrían tener un período de rotación similar. Algo que podría deberse al efecto provocado por los océanos que tuviesen en su superficie. Pero, por ahora, es necesario comprender mucho mejor los planetas que hemos encontrado más allá del Sistema Solar. Será necesario disponer de muchos más datos para ver si alguno de ellos presenta rasgos que hagan sospechar que ha seguido una evolución similar.

Sea como fuere, el estudio apunta a que los océanos pueden tener un papel importante si otros factores son los apropiados. Si las cosas hubiesen sido ligeramente diferentes, es posible que el planeta, en la actualidad, fuese un mundo mucho más parecido al nuestro. Pero, para bien o para mal, su camino fue completamente diferente. ¿Fue por un impacto o por un océano que pudo ralentizar a Venus? Puede que tardemos mucho tiempo en saberlo, pero esta hipótesis nos ofrece otro ángulo desde el que analizar este mundo tan diferente al nuestro…

Estudio

El estudio es J. Green, M. Way y R. Barnes; «Consequences of Tidal Dissipation in a Putative Venusian Ocean». Publicado en la revista The Astrophysical Journal Letters el 6 de mayo de 2019. Puede ser consultado en este enlace.

Referencias: Universe Today