El planeta más cercano al astro rey es también el más pequeño y el que completa una órbita a su alrededor a más velocidad que los demás (de ahí que los romanos lo denominasen en honor al mensajero de los dioses: Mercurio). Es mucho más sorprendente de lo que puedas imaginar…

Conocido desde la antigüedad

Mercurio visto por la sonda Messenger en 2.008 Crédito: NASA
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Mercurio visto por la sonda Messenger en 2008
Crédito: NASA

Sabemos que Mercurio es conocido por nuestros antepasados desde hace, como mínimo, unos 5.000 años. Los sumerios lo asociaban con Nabu, el dios babilonio de la sabiduría y la escritura. También recibió dos nombres diferentes porque puede ser observado tanto como al alba como en el ocaso, haciendo creer que se trataba de dos estrellas diferentes, aunque la confusión sólo perduró hasta la antigua Grecia, cuando los astrónomos se dieron cuenta de que ambos nombres se referían al mismo objeto. Heráclito, además, sospechó que tanto Mercurio como Venus orbitan alrededor del Sol, en vez de la Tierra.

Como está tan cerca de nuestra estrella, Mercurio es bastante difícil de observar. Desde nuestro planeta, sólo es visible poco antes o poco después de la salida y puesta de sol. Dicho de otro modo, hoy día es muy difícil observarlo con equipo amateur porque hay que luchar con el crepúsculo y la contaminación lumínica. No tanto por el crepúsculo, si no por la contaminación, que hace que el cielo no sea tan oscuro como antaño.

Cómo es la superficie de Mercurio

Una imagen de la Cuenca Caloris... ¿La reconoces? Crédito: NASA
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Una imagen de la Cuenca Caloris… ¿La reconoces?
Crédito: NASA

Mercurio es muy pequeño. Tan sólo tiene 4.879km de diámetro (algo más de un 30% más grande que la Luna). Por su cercanía al Sol, su superficie puede llegar a alcanzar los 450 ºC, pero como no tiene una atmósfera que pueda retener todo ese calor, la temperatura en el lado nocturno cae hasta los -170 ºC. Es decir, hay una diferencia de 600ºC entre la temperatura nocturna y diurna; y dicho sea de paso, es la mayor en el Sistema Solar.

Quizá una de las características más llamativas del planeta sea la Cuenca Caloris. Es un gigantesco cráter (1.550 kilómetros), que se formó hace unos 4.000 millones de años, fruto de la colisión de un asteroide de unos 100 kilómetros de diámetro con la superficie del planeta. Además, la falta de atmósfera también provoca que, igual que la Luna, su superficie esté inundada de incontables cráteres.

A pesar de su falta de atmósfera y su cercanía al Sol, en 2012 la nave Messenger encontró hielo en los cráteres alrededor del polo norte, en donde podría haber regiones permanentemente protegidas del calor del Sol. Es posible que suceda lo mismo en el polo sur, pero la órbita de Messenger no permitió que se pudiese examinar la zona (la misión concluyó el pasado abril, de este año, estrellando la sonda contra el planeta). Sobre su origen, sólo podemos hacer elucubraciones: puede proceder del impacto de cometas y meteoritos, o ser vapor de agua que haya sido expulsado desde el interior del planeta y se haya congelado en los polos.

 Tiene un campo magnético

Detalle de la superficie de Mercurio. Crédito: NASA
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Detalle de la superficie de Mercurio.
Crédito: NASA

Mercurio es el segundo planeta más denso, después de la Tierra. Tiene un gigantesco núcleo metálico (con un tamaño de unos 3.800 kilómetros de diámetro). O dicho de otro modo, tres cuartas partes del planeta pertenecen al núcleo. Su manto es sólo de unos pocos cientos de kilómetros. Esto de por sí ya es sorprendente, pero es que además tiene un campo magnético. Los planetas, al menos en teoría, generan campos magnéticos sólo si rotan rápido y tienen un núcleo fundido.

Mercurio no cumple el primero, tarda 59 días en completar una vuelta sobre sí mismo. Y, al menos sobre el papel, como es tan pequeño, su núcleo debería haberse enfriado hace mucho tiempo. Sin embargo, con las mediciones hechas por radas desde la Tierra, en 2007, pudimos ver que es posible que el núcleo todavía esté fundido. Hay una tercera explicación: el viento solar podría estar amplificándolo.

Aunque, en comparación, el núcleo magnético de Mercurio sólo tiene un 1% de potencia del de la Tierra, es muy activo. Eso provoca que, cuando interactúa con el viento solar (recuerda, es el nombre que le damos al chorro de partículas cargadas procedentes del Sol) hace que se creen potentes tornados magnéticos que dirigen ese viento solar a la superficie de Mercurio. Además, eso también provoca que haya una exosfera (similar a la que tiene la Luna. Es decir, una atmósfera increíblemente fina (tanto que se puede decir que no tiene atmósfera) compuesta de los átomos expulsados de la superficie por la radiación solar, el viento solar y los impactos de micrometeoros.

Una órbita (y rotación) extraña

Este gif muestra la órbita de Mercurio y su extraña rotación. Crédito: Loo Kang Wee
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Este gif muestra la órbita de Mercurio y su extraña rotación.
Crédito: Loo Kang Wee

Mercurio tarda 88 días en completar una órbita alrededor del Sol (viaja a unos 180.000 km/h, la Tierra lo hace a 108.000), más rápido que cualquier otro planeta del Sistema Solar. Tiene una órbita muy elíptica, con forma ovalada, que lleva al planeta a tan sólo 47 millones de kilómetros, y lo aleja hasta los 70 millones. Si estuvieses en la superficie de mercurio en su punto más cercano, el Sol sería tres veces más grande que visto desde la Tierra (y desde el punto más lejano, algo más del doble de grande).

En realidad, es todavía más complicado. La excentricidad de la órbita es muy caótica. Varía desde cero (es decir, absolutamente circular) a más de un 0,45 en el curso de varios millones de años. Se debe a las perturbaciones de otros planetas, y se cree que explica que la resonancia orbital de Mercurio sea 3:2 (es decir, completa tres vueltas sobre sí mismo por cada dos vueltas alrededor del Sol), en lugar del 1:1 habitual (como es el caso de la Luna, da una vuelta sobre sí misma por cada vuelta alrededor de La Tierra), porque es algo que puede suceder con más facilidad si el cuerpo celeste que estemos examinando se encuentra en una fase de excentricidad alta.

Algunas simulaciones muestran que es posible que una resonancia orbital, con Júpiter, en el futuro lejano, pueda provocar que la excentricidad de la órbita de Mercurio aumente hasta el punto en el que podría haber un 1% de posibilidades de que colisionase con Venus. Algo que pasaría en algún momento en los cinco mil millones de años posteriores a ese evento.

Volveremos allí en el futuro

Logo de la misión BepiColombo. Crédito: ESA
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Logo de la misión BepiColombo.
Crédito: ESA

En definitiva, se podría decir que tenemos una idea bastante buena de cómo es Mercurio, pero todavía queda mucho por investigar. Especialmente, su campo magnético, su magnetosfera, y la estructura (tanto interna como externa) del planeta. Quizá, hasta despejemos la incógnita de la intensidad del campo magnético del planeta. Eso sí, no será antes de 2024.

En ese año llegará la misión BepiColombo, un proyecto conjunto de la ESA (Agencia Espacial Europa) y JAXA (Agencia Espacial Japonesa), siempre y cuando se cumpla el calendario actual, en el que está planeado que el lanzamiento tenga lugar en abril de 2018. Si es así, la misión llegará a su destino en enero de 2024.

Referencias: Space, Universe Today, Wikipedia