¿Cómo aparece la vida? Es una de las grandes preguntas de la astronomía. Ahora, un nuevo estudio plantea que el polvo espacial podría ser un mecanismo clave. La vida podría viajar entre mundos, casi literalmente, a bordo de pequeñas partículas…

El papel del polvo espacial

El polvo espacial podría llevar vida a otros mundos
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El cúmulo abierto NGC 602, en la Pequeña Nube de Magallanes. Todavía está rodeado por parte de la nebulosa en que se formó.
Crédito: NASA/ESA/Hubble

En este caso, no necesitaríamos el impacto de un asteroide para llevar la vida de un planeta a otro. Una de las teorías del origen de la vida en la Tierra es ese. Pero es posible que no sea necesario. Según un nuevo estudio, el polvo espacial, que puede viajar a grandes velocidades, podría ser un medio de transporte. Atraparía a los microbios, que floten en lo alto de la atmósfera, y los sacaría al espacio, de camino a otro planeta o, quizá, incluso a otra estrella.

Lo cierto es que parece una idea muy tentadora. Este tipo de colisiones de polvo espacial podrían provocar que los organismos viajen distancias enormes. Podría haber una relación entre cómo se originaron las atmósferas de los planetas y la vida que pudieran albergar. Esta corriente de polvo espacial está presente en los sistemas planetarios y podría ser un factor común para provocar que la vida se esparza por otros lugares.

No es la primera vez que se propone que los organismos podrían viajar de un mundo a otro a través del cosmos. Ni mucho menos. La idea es popularmente conocida como panspermia, y es conocida desde hace mucho tiempo. Sin embargo, en tiempos recientes ha vuelto a estar en el foco de atención. Los científicos han demostrado que algunos organismos, como ciertas bacterias y pequeños seres microscópicos, como los tardígrados, pueden sobrevivir durante mucho tiempo en el espacio.

Un método alternativo al choque de cometas

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Un tardígrado. Estos seres tienen un tamaño de sólo medio milímetro.
Crédito: Katexic Publications

El polvo espacial nos ofrece una alternativa que hasta ahora no había sido considerada. Normalmente, se ha planteado que solo los impactos de cometas o asteroides podrían ser formas viables de transportar formas de vida de un planeta al espacio. Una vez fuera de la atmósfera de su planeta, la trayectoria del fragmento del impacto podría llevarles a otros mundos (o no). Este mecanismo, sin ir más lejos, podría haber funcionado en el Sistema Solar.

Eso, claro está, siempre y cuando pensemos en ese pasado remoto, poco después de la formación de los planetas. Cuando Marte, sospechamos, pudo tener un entorno y condiciones muy parecidos a los de la Tierra. También se ha planteado que este mismo sistema podría funcionar en sistemas estelares mucho más compactos. Es el caso de TRAPPIST-1 y sus siete mundos, formado por planetas rocosos.

De hecho, sabemos que los impactos de asteroides y cometas envían rocas de un planeta a otro. Sin ir más lejos, los científicos han encontrado numerosas evidencias de meteoritos, aquí en nuestro planeta, que fueron una vez parte de Marte. Entre ellos se incluye uno en particular, conocido como ALH840001, un fragmento que ha dado mucho que hablar. A fin de cuentas, hace unos veinte años, se planteó que podía contener fósiles de una primitiva vida marciana (si bien no hubo pruebas concluyentes).

Una corriente de polvo

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Un cometa sobrevolando la Tierra.
Crédito: Shutterstock

En el estudio, los investigadores han analizado que pasa cuando las partículas de polvo interplanetario chocan con las moléculas y partículas de la atmósfera de la Tierra. Aunque no lo parezca, este material cae sobre nosotros (no literalmente) cada día. Estas partículas chocan con la Tierra a velocidades de entre 36.000 y 253.000 kilómetros por hora. No es algo que suceda ocasionalmente, así que no es un planteamiento descabellado.

Las partículas que floten, al menos, a 150 kilómetros de altura, podrían ser las candidatas ideales. A esa altura, podrían ser expulsadas al espacio por los choques con el polvo espacial. Lo que no está claro, sin embargo, es si los microbios podrían sobrevivir a estas colisiones. Es algo que sólo se podrá saber a partir de próximos estudios, según cuentan los investigadores que han participado en esta investigación.

Pero, incluso si fuese así, y resultase que estos choques son fatales, puede que no sea el final del camino. El polvo espacial podría seguir siendo un vehículo para la vida. No lo haría llevando las formas de vida en sí mismas, pero sí los bloques esenciales que forman la vida. Es decir, aunque suene un tanto macabro, las moléculas complejas del cuerpo sin vida del microbio podrían viajar por el espacio para llegar a otros mundos.

En busca de la respuesta a un gran misterio

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Concepto artístico de la superficie de Próxima b. En el horizonte se puede ver a Próxima Centauri y, en la lejanía, al sistema binario que forman Alfa Centauri A y B.
Crédito:
ESO/M. Kornmesser

Este estudio es otro más que va en la línea de intentar responder a uno de los grandes enigmas de la ciencia. ¿Cómo surgió la vida? Entre las hipótesis que se han planteado podemos encontrar casi de todo. Una de las posibilidades es que la vida surgiese en la Tierra a partir de reacciones químicas. También se ha planteado que pudo venir desde el espacio, con las moléculas orgánicas entregadas a través de los impactos de asteroides.

Si se determina, por ejemplo, que el polvo espacial es un vehículo válido, podría abrir un campo de posibilidades intrigante. ¿Podría la vida de la Tierra abrirse camino a otros mundos del Sistema Solar y, con el suficiente tiempo, evolucionar y adaptarse a las condiciones de esos planetas? Estoy pensando en microbios que viajen a la superficie congelada de Encélado, por ejemplo, o a Marte. En ese caso, nuestro planeta sería como una especie de semilla del Sistema Solar.

Lo mismo sucedería en otros sistemas, e incluso cabe otra posibilidad. ¿Y si esos mismos organismos pudiesen llegar a sobrevivir a viajes interestelares? Cabría la posibilidad de que los microbios de la Tierra, de alguna manera, pudiesen sobrevivir al largo viaje hasta Próxima b y desarrollarse allí… Eso, a su vez, nos lleva a otra pregunta. ¿Y si la vida de nuestro planeta se desarrolló a partir de la vida nacida en algún mundo remoto alrededor de otra estrella? Pero, por ahora, habrá que esperar y ver cómo se desarrollan las cosas…

El estudio es Arjun Berera; «Space dust collisions as a planetary escape mechanism». No he logrado encontrar a qué revista ha sido enviado (es posible que todavía no se haya enviado), pero está disponible para ser consultado en arXiv.

Referencias: Space