Un grupo de investigadores ha repasado los datos de antiguas misiones y plantea la posibilidad de que no haya columnas de vapor de agua en Europa. Algo que, si resulta ser cierto, obligaría a preguntarse si la imagen que tenemos del satélite de Júpiter, y la actividad en su interior, son las correctas…
Las columnas de vapor en Europa parecían algo bien asentado
Un grupo de investigadores ha repasado los datos recogidos por el telescopio Hubble a lo largo de 14 años sobre Europa, uno de los satélites de Júpiter. El objetivo era entender mejor cómo es la fina atmósfera (llamada exosfera) del satélite. Sus hallazgos ponen en duda las pruebas que apuntaban a que el satélite, de forma intermitente, emite columnas de vapor de agua, que procederían de un océano oculto bajo la superficie. Un océano importantísimo en la búsqueda de vida lejos de la Tierra, porque podría tener condiciones habitables.

Los investigadores explican que las pruebas podrían no ser tan sólidas como se pensaba. En su trabajo, analizan los datos de los últimos 14 años del telescopio Hubble, centrándose en las emisiones Lyman-alfa de Europa. Lyman-alfa es una longitud de onda específica de luz ultravioleta emitida y dispersada por átomos de hidrógeno. Entre 2012 y 2014, el equipo de investigadores estaba exprimiendo la capacidad de observación del telescopio Hubble. Uno de los grandes retos, a la hora de entender los datos en aquel entonces, era comprender las condiciones de Europa.
Los autores explican que la forma en que funciona el telescopio Hubble deja espacio para la incertidumbre en cuanto a su ubicación en relación con el centro de la imagen. Si la posición de Europa estaba desviada, aunque solo fuese por uno o dos píxeles, podía afectar a cómo se interpretaban los datos. Como resultado, lo que pensaban que podía ser una prueba de una columna de vapor de agua también podía ser simplemente ruido en los datos. Por eso, realizaron un nuevo análisis y su confianza general (del 99,9%) se vio reducida (a menos del 90%).
Las dudas no implican que las columnas no existan
Los propios investigadores explican que, en cualquier caso, el conjunto de datos actual no implica que en Europa no pueda haber columnas de vapor de agua, como se determinó en 2014. Lo que quiere decir, simplemente, es que los datos no permiten afirmarlo con tanta certeza como antes. El nuevo análisis que han hecho también proporciona mejor información sobre la cantidad de átomos de hidrógeno que podría haber en la exosfera de Europa. Los investigadores siguen esperando encontrar columnas de vapor de agua escapando del satélite.
A fin de cuentas, no podemos olvidar que se han visto columnas similares de vapor de agua en Encélado, el satélite de Saturno, y en Ío, un vecino de Europa y otro satélite de Júpiter. En su caso, lo que emite son columnas de vapor de dióxido de azufre, que se expanden hacia el espacio. Hay mucho interés en Europa, a nivel científico, porque se cree que su superficie congelada oculta un enorme océano de agua salada debajo. Las grietas en la corteza helada de Europa podrían proporcionar una vía de escape para que el agua líquida ascienda hasta la superficie y salga disparada hacia el espacio.
Esta sigue siendo una posibilidad muy atractiva que la misión Europa Clipper, de la NASA, investigará cuando llegue al sistema de Júpiter en 2030. La idea de que Europa y Encélado puedan tener océanos bajo su superficie, donde haya algún tipo de vida microbiana, resulta extremadamente atractiva. Por un lado, porque estaríamos ante vida muy diferente a la que encontramos en la Tierra, al haberse desarrollado en un entorno muy diferente al que vemos en la actualidad. Si bien es cierto que la vida en nuestro planeta, se cree, pudo aparecer en las fuentes hidrotermales, en lo profundo del océano.
Las columnas de vapor en Europa apuntan a un interior que podría ser ideal
Por eso, la duda sobre la existencia de las columnas de vapor de agua en Europa es tan importante. Se ha escrito (y dicho) mucho sobre el satélite en los últimos años. Sin ir más lejos, se ha sugerido que ese océano podría tener, incluso, corrientes. También se ha planteado que Titán, Mimas o Ganímedes (por mencionar otros satélites) podrían tener océanos bajo su superficie. Por lo que entender las condiciones de habitabilidad en estos entornos resulta crucial. A fin de cuentas, si se encontrasen señales de vida, obligaría a replantearse la definición de entorno habitable.

La zona habitable es un concepto muy asentado hoy en día. Plantea que un planeta, que esté a la distancia adecuada de su estrella, podría tener agua en estado líquido en su superficie. Es un requisito esencial para la vida tal y como la conocemos, pero puede manifestarse por medio de otros mecanismos. En el caso de estos satélites, la enorme influencia gravitacional de Júpiter y Saturno provoca que los satélites se expandan y contraigan constantemente. Esto libera una enorme cantidad de calor que puede derretir el hielo en su interior.
Si este escenario resultase ser plausible, podríamos imaginar muchos lugares en el Sistema Solar donde la vida podría haberse abierto camino. Si existiese (y es mucho decir), no se esperaría que fuese algo más que vida unicelular, pero sería un descubrimiento importantísimo. Permitiría plantear que la vida puede estar presente en muchos lugares a lo largo y ancho de la Vía Láctea (y, por extensión, del universo). Sin embargo, el primer paso para saber si esta posibilidad es factible, es comprender realmente cómo son esos satélites…
Estudio
El estudio es L. Roth, K. Retherford, J. Saur et al.; «Europa’s Lyman-α emissions from HST/STIS observations». Publicado en la revista Astronomy & Astrophysics el 5 de mayo de 2026. Puede consultarse en este enlace.
Referencias: Phys