El Sol tiene un enorme poder destructivo. Cualquier objeto que choque contra nuestra estrella, como los cometas y asteroides, son destruidos de manera inmediata. Muy eficientemente. Sin dejar ni rastro del crimen, y ahora sabemos que su capacidad destructora llega más lejos de lo que se pensaba…

Un destructor eficiente

Concepto artístico de un asteroide destrozado por haberse acercado demasiado a su estrella. Crédito: NASA/JPL-Caltech
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Concepto artístico de un asteroide destrozado por haberse acercado demasiado a su estrella.
Crédito: NASA/JPL-Caltech

Es evidente que si nos acercamos demasiado a nuestra estrella, no hay salvación posible (ni siquiera Júpiter, ya que, en comparación, es infinitamente pequeño). Pero su influencia destructiva sobre cometas y asteroides es bastante más grande de lo que puede parecer. Siempre hemos sabido que el Sol tiene la capacidad de afectar a los asteroides y cometas a cierta distancia, y ahora hemos descubierto que su alcance va aun más allá de lo que sospechábamos.

Es la conclusión a la que ha llegado un equipo, del Instituto de Astronomía de la Universidad de Hawái, que estaba analizando los objetos cercanos a la Tierra, catalogados por la Catalina Sky Survey, para intentar entender qué asteroides podrían haber sido omitidos en esa lista. Los objetos cercanos a nuestro planeta son catalogados como NEOs (por su nombre en inglés, Near-Earth Objects), y hace referencia a aquellos asteroides que, en su punto más cercano al Sol, están a menos de 1,3 veces la distancia que separa a nuestro planeta del Sol. Necesitamos saber dónde están esos objetos, cuántos hay y qué tamaño tienen. Son una amenaza potencial tanto para las naves y satélites que tengamos en órbita (como la Estación Espacial Internacional), como para el propio planeta.

Analizando el firmamento

El observatorio de Mount Lemmon es uno de los tres telescopios utilizado en el Catalina Sky Survey. Crédito: Catalina Sky Survey, University of Arizona.
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El observatorio de Mount Lemmon es uno de los tres telescopios utilizado en el Catalina Sky Survey.
Crédito: Catalina Sky Survey, University of Arizona.

Con el programa Catalina Sky Survey se han detectado más de 9.000 NEOs en ocho años. Pero, aunque puede parecer una cifra enorme, los asteroides son muy difíciles de detectar. Son puntos de luz minúsculos, y además están en movimiento. Así que el equipo de investigación sabía que es imposible que se hubiesen podido detectar todos los NEOs que hay cerca de nuestro planeta. Con ese planteamiento en mente, el Dr. Robert Jedicke, un miembro del equipo, desarrolló un programa que les pudiese decir cuántos objetos podían estar ahí fuera sin haber sido catalogados todavía.

Es una cantidad de trabajo considerable (y necesita mucho poder de computación y mucho tiempo). Cuando lo terminaron, vieron algo llamativo. Había una discrepancia entre los resultados y lo que habían observado en su trabajo. Debería haber hasta diez veces más objetos, de los que hay, en una distancia de diez diámetros solares del Sol (que vienen a ser unos 13 millones de kilómetros).

Repasando nuestra comprensión del Sistema Solar

Concepto artístico de un objeto cercano a la Tierra. Crédito: NASA
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Concepto artístico de un objeto cercano a la Tierra.
Crédito: NASA

Ante algo así, la conclusión más lógica, es pensar que son tus propios datos lo que está mal. Por ese motivo, el equipo pasó un año revisando su trabajo para poder descartar que el problema no estaba en su análisis. En realidad, el problema estaba en nuestra comprensión del funcionamiento del Sistema Solar. Mikael Granvik, autor jefe del artículo publicado en Nature que informaba de estos resultados, sugería que el modelo de la población de objetos cercanos a la Tierra encajaría mucho mejor con sus resultados, si los asteroides fuesen destruidos a una distancia del Sol más lejana de lo creído hasta el momento.

Probaron esa idea, y vieron que encajaba con su modelo y con la población observada de NEOs al eliminar aquellos asteroides que pasaban demasiado tiempo dentro de esa distancia de diez diámetros solares. Pero hay otras discrepancias en el Sistema Solar. Por ejemplo, entre lo que se observa y lo que se predice en cuanto a la distribución de objetos pequeños. Los meteoros son pequeñas piezas de polvo que se desprenden de los asteroides, y que arden al entrar en la atmósfera, produciendo lo que todos conocemos como una estrella fugaz.

Los meteoros se desprenden en forma de corrientes de partículas que vienen de un objeto (en resumen, estamos hablando exactamente de lo que provoca una lluvia de estrellas). El problema es que, en muchos casos, esas corrientes de partículas no pueden ser asociadas con un origen en particular. Este estudio propone que, en esos casos, el objeto del que proceden debió ser destruido cuando se acercó demasiado al Sol, dejando tras de sí un chorro de meteoros sin una fuente aparente.

El brillo del asteroide también influye

Una Leónida, fotografiada en 2009. Crédito: Ed Sweeney.
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Una Leónida, fotografiada en 2009.
Crédito: Ed Sweeney.

Otro descubrimiento sorprendente para el equipo fue ver que los asteroides más oscuros son destruidos a más distancia del Sol que los más brillantes. Este hallazgo también sirve para explicar un descubrimiento que sugería precisamente eso, que los NEOs más brillantes viajan más cerca del Sol que los oscuros. De esto se puede desprender una conclusión, si los asteroides más oscuros son destruidos a distancias más lejanas que los brillantes, entonces la composición y la estructura interna entre ambos debe ser diferente.

Lo más interesante de todo esto es que ahora es posible probar modelos sobre la estructura interna de los asteroides. Solamente hace falta controlar sus órbitas y sus tamaños. Es algo que el equipo de este estudio no se esperaba al diseñar este nuevo modelo sobre los objetos cercanos a la Tierra y que, a la larga, seguramente nos permitirá definir todavía mejor las posibles amenazas para nuestro planeta y para cualquier nave o satélite que queramos poner en órbita. No evitará que siga habiendo bólidos que entren en la atmósfera sin ser detectados previamente (como sucedió no hace mucho sobre el pacífico), pero es un paso más para entender la influencia del Sol en todo el Sistema Solar.

Referencia: Universe Today