TRAPPIST-1 es más vieja que el Sol. Eso es lo que se desprende de un estudio publicado recientemente. Esa información es muy importante, porque nos permite elucubrar mejor cuáles son las condiciones de los siete planetas que tiene a su alrededor…

TRAPPIST-1 es más vieja que el Sol…

TRAPPIST-1 es más vieja que el Sol
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El sistema de TRAPPIST-1 visto desde el planeta TRAPPIST-1f (en la derecha).
Crédito: NASA/JPL-Caltech

Para poder saber si un planeta, fuera del Sistema Solar, podría albergar vida, es necesario recopilar mucha información. Saber que TRAPPIST-1 es  es uno de esos factores determinantes para saber qué podemos esperar. Inicialmente, se supuso que, como mínimo, debía tener 500 millones de años. Es el tiempo que tarda una enana roja ultrafría, como esta, en alcanzar su tamaño. Pero no es una suposición que nos sirva de mucho.

Porque si bien podría tratarse de un sistema muy joven, también podría ser increíblemente viejo. TRAPPIST-1 podría ser una estrella tan vieja como el propio universo. En esa franja, de 500 a 13.800 millones de años, hay muchos niveles de actividad que podríamos esperar de una estrella. Como quizá sepas, las enanas rojas son las estrellas más longevas del universo. El Sol tiene una vida estimada de 10.000 millones de años. TRAPPIST-1 juega en otra liga.

Se calcula que podría llegar a vivir 900 veces la edad actual del universo. Para que no te hagas líos, estamos hablando de una cifra absolutamente mareante, no es ni decenas ni cientos de miles, si no 14,2 billones de años. Ese es el tiempo que tardará TRAPPIST-1 en alcanzar el final de su vida y, por tanto, ofrece a sus planetas muchísimo tiempo (y quizá muchas oportunidades) para poder desarrollar vida en algún momento de su existencia.

…pero su edad exacta es todavía incierta

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Este concepto artístico muestra la posible superficie de TRAPPIST-1f.
Crédito: NASA/JPL-Caltech

Si eres lector asiduo de Astrobitácora, estamos hablando, en realidad, de información que ya he cubierto en esta página. Os lo conté aquí, cuando llegó el estudio a arXiv. De hecho, la noticia es precisamente sobre este estudio, que ahora será publicado en la revista The Astrophysical Journal. Así que nos movemos en territorio conocido, aunque tenemos más información sobre el sistema que en aquel momento.

Las enanas rojas son estrellas muy activas durante su juventud. Son astros muy propensos a emitir llamaradas estelares, y eso puede ser un problema serio para la habitabilidad de sus planetas. TRAPPIST-1 es una estrella más tranquila en comparación a otras enanas rojas ultrafrías. En estos últimos meses, hemos tenido un constante ir y venir de información contradictoria, y este es uno de los temas de los que he hablado en el blog.

En el estudio, se recoge que TRAPPIST-1 tiene entre 5.400 y 9.800 millones de años. Así que, aunque aún sabemos poco de las enanas rojas (porque todas, desde una perspectiva cósmica, son jóvenes), parece que esa etapa inicial de juventud ha quedado atrás. Sus planetas ya no tienen que hacer frente a sus intensas llamaradas (si es que las llegó a tener en su juventud). Sin embargo, hay otros problemas a los que hacer frente.

Las dificultades de desarrollar un sistema estable

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Concepto artístico de los siete planetas de TRAPPIST-1, tal y como los veríamos con un telescopio ficticio e increíblemente potente.
Crédito: NASA

La edad del sistema, sin embargo, también es un punto negativo. Los planetas de TRAPPIST-1 llevan miles de millones de años absorbiendo radiación de alta energía. Es posible que sus atmósferas, y grandes cantidades de agua, se hayan evaporado. Cada uno de sus planetas podría haber perdido el equivalente a un océano de la Tierra, exceptuando los dos planetas más distantes, TRAPPIST-1g y TRAPPIST-1h.

En el Sistema Solar, Marte es el ejemplo de un mundo que probablemente tuvo agua en estado líquido en su superficie. Con el paso del tiempo, y debido a la radiación de alta energía del Sol, perdió la mayor parte en un proceso de miles de millones de años. Pero solo es una suposición. No hay motivo para pensar que ese podría haber sido el destino de los planetas que componen el sistema de TRAPPIST-1.

Esos mundos tienen una densidad inferior a la de la Tierra. Así que es posible que haya grandes depósitos de moléculas de agua volátiles (como agua). Estos depósitos podrían crear densas atmósferas, capaces de proteger la superficie de radiación dañina. Además, una atmósfera de estas características también podría redistribuir calor al hemisferio en oscuridad perpetua. Sería un gran mecanismo de redistribución de temperatura, y facilitaría su habitabilidad.

¿Cómo podría ser su vida?

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Una fantasía artística. Visita el sistema de TRAPPIST-1 en un tour pasando por TRAPPIST-1e.
Crédito: NASA/JPL-Caltech

Sabemos que en TRAPPIST-1 no hay vida inteligente. Por lo menos nada que hayamos logrado detectar con ayuda del Instituto SETI. Eso no descarta, sin embargo, que haya otras formas de vida. Si es así, seguramente sean especialmente resistentes. A fin de cuentas, han tenido que sobrevivir a un entorno muy complicado durante miles de millones de años. Pero, como decía, todo esto es simple especulación.

TRAPPIST-1 es un sistema muy interesante en este sentido. Tres de sus planetas son habitables, pero hay otros que también podrían serlo si reúnen ciertos requisitos. Es un sistema estelar casi de bolsillo, como diría aquel. Todos sus planetas, si los trasladásemos al Sistema Solar, se encontrarían dentro de la órbita de Mercurio. Eso abre posibilidades muy interesantes. La vida podría haber pasado de un planeta a otro, a través de fenómenos como las colisiones de asteroides en la superficie de algún planeta habitado.

Si hubiese algún tipo de vida inteligente, también cabe preguntarse cómo entenderían el cosmos. Una civilización con un desarrollo similar al nuestro ya dispondría de la tecnología necesaria para desplazarse al resto de planetas del sistema. Es un viaje mucho más corto, y encima cabe la posibilidad de que todos sus planetas pudiesen ser habitables. Es decir, colonizarlos podría ser relativamente sencillo. Pero, para bien o para mal, todo esto son consideraciones que ahora mismo encajan mejor en el mundo de la ficción.

Queda mucho trabajo por delante

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Comparación de Júpiter, Saturno, TRAPPIST-1 y la estrella más pequeña observada hasta la fecha.
Crédito: Amanda Smith

Volvamos a la realidad. TRAPPIST-1 tiene una temperatura y brillo que será relativamente constante durante billones de años. A diferencia del Sol, cuyo brillo y temperatura aumentan en un 10% cada mil millones de años. Así que es posible que, aunque ahora no haya nada de vida, pueda aparecer en algún momento del futuro lejano, siempre y cuando sus planetas reúnan las condiciones necesarias para ser habitables.

Durante el tiempo de observación, los investigadores midieron su velocidad de movimiento alrededor de la galaxia (las estrellas más viejas suelen ser más rápidas), su composición química, y cuantas llamadas emitió durante las observaciones. Todos esos detalles indican que es una estrella considerablemente más vieja que el Sol. De hecho, la edad estimada es de 7.600 millones de años (con un margen de error de 2.200, de ahí esa ventana de 5.400 a 9.800 millones de años).

Las condiciones necesarias para que pueda haber vida en TRAPPIST-1 parecen estar ahí. Pero será con el telescopio Hubble, y el James Webb (que será lanzado en 2018) cuando llegará el momento de la verdad. Podremos comprobar si sus planetas han logrado preservar sus atmósferas. Y si es así, descubriremos si tienen algún parecido con la que podemos encontrar en la Tierra. Además, con el telescopio Spitzer, podremos determinar mejor las densidades de los planetas y, por tanto, su composición.

El estudio es Adam J. Burgasser y Eric E. Mamajek; “On the Age of the TRAPPIST-1 System”. Prepublicado en arXiv el 7 de junio de 2017. Puede ser consultado en este enlace. Será publicado próximamente en la revista The Astrophysical Journal.

Referencias: NASAarXiv