A la sonda Cassini todavía le queda mucha guerra por dar hasta septiembre de 2017, cuando será destruida en la atmósfera de Saturno. De momento sigue orbitando alrededor del sistema del planeta y ahora uno de sus instrumentos, el analizador de polvo cósmico, es noticia por haber capturado un tipo de partícula muy especial…

Un autobús con todo tipo de detectores

De los millones de partículas de polvo que Cassini ha recogido en Saturno, varias docenas parecen proceder de más allá del Sistema Solar. Crédito: NASA/JPL-Caltech
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De los millones de partículas de polvo que Cassini ha recogido en Saturno, varias docenas parecen proceder de más allá del Sistema Solar.
Crédito: NASA/JPL-Caltech

La sonda Cassini tiene, aproximadamente, el tamaño de un autobús y está cargado de detectores que fueron concebidos para analizar Saturno, su atmósfera, sus satélites, sus anillos y su entorno. Entre esas herramientas está el analizador de polvo cósmico (abreviado CDA por las siglas de su nombre en inglés, Cosmic Dust Analyzer) que fue diseñado con el objetivo de permitir que contra él se estrellasen los pequeños granos de materia que se encontrase en su camino, permitiendo así analizar su composición, masa e incluso a qué velocidad se movían antes del impacto.

El CDA ha analizado millones de partículas que han caído en la herramienta durante estos años. La mayor parte de esas partículas son silicatos que tienen su origen en los satélites de Saturno y, especialmente, en Encélado. Pero hay 36 granos que, de una manera muy llamativa, sobresalen por encima de todos los demás. Su origen no está en las inmediaciones de Saturno, ni siquiera en el Sistema Solar… proceden del espacio interestelar.

Es decir, la sonda Cassini ha capturado granos de material que proceden de otras estrellas. Estas 36 partículas llaman la atención sobre todas las demás por su altísima velocidad de movimiento. Chocaron contra el detector a una velocidad de 20 kilómetros por segundo (72.000 km/h). Es una velocidad mucho más alta de la que tendría cualquier partícula que estuviese en órbita de Saturno. De hecho, está por encima de la velocidad de escape de Saturno a la distancia en la que se encuentra la sonda, así que es muy poco probable que se hubiesen originado allí.

Su dirección las delata

Esta ilustración muestra las diferentes direcciones en relación al centro galáctico. Tanto el del Sol, como el de la nube interestelar local. Crédito: ESA
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Esta ilustración muestra las diferentes direcciones en relación al centro galáctico. Tanto el del Sol, como el de la nube interestelar local.
Crédito: ESA

Estas partículas, además, vienen desde una dirección muy particular. Su origen tiene que ser la nube interestelar local. Como seguramente sabes, el Sol orbita alrededor del centro de la Vía Láctea en una enorme órbita circular, que completa en unos 240 millones de años, aunque se mueve a una velocidad de 200 km/s. Hay muchas nubes de gas y polvo (que pueden formar nebulosas si se dan las condiciones apropiadas) que también orbitan la galaxia, y el Sol se encuentra en una de ellas.

Esa nube también se está moviendo a gran velocidad alrededor de la galaxia, pero en una dirección ligeramente diferente a la del Sol. Si lo analizamos detenidamente, veremos que esa nube local y nuestra estrella se están moviendo a una velocidad relativa de 20 km/s. Esta coincidencia entre el movimiento relativo de ambos objetos y la velocidad a la que se estrellaron las partículas lleva a una deducción bastante evidente, ¿verdad?

Los científicos están seguros de que los granos capturados por el CDA no son de nuestro Sistema Solar. Además, estas partículas sólo son capturadas cuando el instrumento está apuntando a la dirección del movimiento del Sol en relación a la nube. O dicho de otro modo, en la dirección en la que esperaríamos encontrarnos con más partículas procedentes de allí, del mismo modo que, si estuvieses en la playa, esperarías que la mayor parte de las partículas de agua en suspensión te golpeen la cara cuando estás mirando hacia el mar, en vez de cuando estás de espaldas.

Polvo de estrellas

Concepto artístico de la sonda Cassini entrando en la órbita de Saturno. Crédito: NASA
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Concepto artístico de la sonda Cassini entrando en la órbita de Saturno.
Crédito: NASA

Así que tenemos en nuestras manos, o mejor dicho, en una sonda a miles de millones de kilómetros de distancia, polvo que se ha originado en otras estrellas. No es la primera vez que damos con él, las sondas Ulises y Galileo; y una sonda llamada Stardust (que se traduce, literalmente, como Polvo de estrellas), que fue concebida para capturar las partículas de la cola de un cometa; encontraron siete granos que, probablemente, proceden del espacio interestelar, pero añadir de repente 36 granos a la colección es más que destacable.

El instrumento nos puede decir de qué están hechos estos granos. Las partículas tienen magnesio, silicio, hierro, y calcio en una proporción muy similar a la que podemos encontrar en el universo, así como carbono y azufre en menor medida. Es llamativo porque se esperaba que los granos serían muy diversos, cada uno de ellos diferente del resto de granos interestelares que hemos capturado hasta el momento.

En su lugar, son partículas muy uniformes. Es posible que sea porque han sido procesadas por haber pasado repetidas veces a través de las ondas de choque generadas por explosiones de estrellas. Si es así, los granos se evaporarían y se volverían a condensar, haciéndolos mucho más uniformes.

Un botín de millones de años

Así que la sonda Cassini ha capturado partículas que se formaron hace millones o miles de millones de años, probablemente a miles de años-luz de distancia de nuestro planeta. Desde ese momento, han estado moviéndose alrededor de la galaxia a altas velocidades, en el interior de su nube estelar, golpeadas y agitadas por las explosiones de estrellas, hasta que finalmente se toparon con nuestro sistema solar, y un planeta gigante del que pasaron lo suficientemente lejos para esquivarlo y chocar directamente contra el instrumento de la sonda.

Puede que estemos anclados aquí en la Tierra. Al menos por ahora, y seguramente durante las próximas décadas. Pero nuestras sondas, que de momento están recorriendo el Sistema Solar, nos están permitiendo comprender cómo es el mundo más allá de este pequeño barrio de la Vía Láctea…

Referencias: Bad Astronomy