La astronomía siempre ha sido una parte importante de nuestra sociedad. Desde mucho antes de lo que pudiera parecer. ¿Sabías que los antiguos egipcios tenían un calendario de 365 días? ¿y que usaban las observación de las estrellas para poder predecir las inundaciones del Río Nilo? Pues no queda ahí la cosa…

Como en muchas culturas antiguas, la astronomía egipcia comenzó por la necesidad de registrar el momento del año para poder determinar los períodos propicios para la agricultura (quizá sirviese también para la navegación, algo común en el desierto).

El calendario egipcio

Los egipcios dividieron su calendario en 12 meses de 30 días (con tres estaciones de cuatro meses de duración), con 5 días añadidos al ultimo mes al final del año. Como este calendario no incluía el cuarto de día extra del año astronómico, cada cuatro años se perdía un día en la predicción de los eventos, lo que provocaba que fuesen «caminando» a lo largo del calendario a medida que transcurría el tiempo y causó que fuese conocido como el calendario «errante».

Este calendario sigue vigente hoy en día (con alguna modificación), siendo el calendario en uso por parte de la iglesia ortodoxa copta (que soluciona el problema del día errante añadiendo 5 o 6 días en función de si el año es bisiesto).

Pero no se quedaron sólo con el calendario errante, ni intentaron corregirlo. En su lugar, crearon otro calendario basado en el orto helíaco (la primera aparición en el cielo de un objeto celeste tras un largo período de invisibilidad) de una estrella a la que los egipcios llamaban Sopdet (Sotisy que, por la información que tenemos hoy en día, se correspondería con Sirio. Esto está fundamentado, entre otras cosas, en que el orto helíaco de Sirio sucedía poco antes de la crecida anual del Río Nilo.

Curiosamente, también mantuvieron otro calendario ceremonial, de 360 días, que se usaba al mismo tiempo que los otros dos. Estos calendarios coincidían cada 1461 años, lo que era visto como un momento de gran celebración, y el comienzo de una nueva era.

Las pirámides y su alineación con la Estrella Polar

Otra prueba del conocimiento astronómico de los egipcios es el alineamiento de las pirámides con la estrella polar. La pirámide de Guiza está alineada con la estrella polar de aquella época (denominada Thuban), de tal manera, que los egipcios eran capaces de determinar cuando comenzaría cada estación en función a la sombra que proyectaba la pirámide a lo largo del año. No sólo eso, la pirámide de Amon-Ra en Karnak, estaba alineada de tal manera que el templo apuntaba a la salida del sol en el solsticio de invierno (siendo éste el único momento en el que se iluminaba todo el corredor, quedando algunas partes a oscuras durante el resto del año).

Este comportamiento perduró en Abu Simbel, donde Rámses II construyó el Gran Templo, que lleva su nombre (es conocido como el Templo de Ramses II, literalmente), asegurándose de que la luz del sol sólo podía llegar al santuario interior el 20 de octubre y el 20 de febrero de cada año (por lo que se cree que uno de los dos días fue el de su coronación).

La civilización egipcia decayó, pero su astronomía perduró

En su declive, la civilización egipcia fue absorbida por las culturas griega y romana, y la ciudad de Alejandría se convirtió en uno de los centros de astronomía (y de cultura, siendo imposible no mencionar la fascinante Biblioteca de Alejandría) y cuna de Claudio Ptolomeo, que formuló la teoría geocéntrica, y escribió el Almagesto, uno de los catálogos estelares más antiguos conocidos…