Hace 4 500 millones de años, un gigantesco impacto pudo provocar la formación de la Luna. Es la teoría más comúnmente aceptada sobre el origen de nuestro satélite. Un nuevo estudio plantea que las consecuencias pudieron ser más profundas. Pudo ayudar a que la vida se desarrollase en la Tierra…

La formación de la Luna pudo ser una gran ayuda

La formación de la Luna pudo permitir la aparición de vida
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Concepto artístico de la formación de la Luna.
Crédito: Courtesy of Rise University

Hace más de 4 400 millones de años, un planeta del tamaño de Marte, chocó con la Tierra. La colisión de ese objeto, llamado Theia, expulsó grandes cantidades de material al espacio. Parte de ese material terminaría convirtiéndose, con el tiempo, en la Luna. Pero otros fragmentos fueron absorbidos por nuestro propio planeta. Ese nuevo material pudo haber sido una pieza esencial para permitir la aparición de la vida.

Al menos, según nuevo estudio que concluye que la formación de la Luna tuvo un papel crucial. Proporcionó a la Tierra una gran cantidad de carbono, nitrógeno y azufre. Todos ellos son elementos esenciales para la vida tal y como la conocemos. Por lo que se podría concluir que un mundo rocoso, como el nuestro, tiene más posibilidades de desarrollar vida. Siempre y cuando pueda adquirir esos elementos a medida que crece a través de impactos.

Porque esos impactos, de otros planetas, pueden aportar material que quizá no tenía en su origen. Ese material podría proceder, simplemente, de otras regiones del disco protoplanetario que rodeaba a la estrella durante su infancia. Es una forma de explicar cómo los planetas rocosos podrían conseguir elementos volátiles, que se evaporan con facilidad en el entorno de nuestro planeta. Es algo que ya se sospechaba.

La importancia de los elementos volátiles

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La Luna observada por la sonda Galileo el 7 de diciembre de 1992.
Crédito: NASA/JPL/USGS

El estudio de los meteoritos más antiguos muestran que la Tierra, y otros planetas rocosos del interior del Sistema Solar, tenían pocos elementos volátiles. Aunque no está claro cuál era el mecanismo de entrega de esos elementos volátiles. Se sugería que era a través de las colisiones de meteoritos con la Tierra. Este estudio explica que la posibilidad de la formación de la Luna encaja con las evidencias geológicas y químicas.

Para ello, los investigadores han imitado, en un laboratorio, las condiciones presentes durante la formación del núcleo del planeta. Observaron cuanto carbono y nitrógeno se incorporaba al núcleo con diferentes concentraciones. Es posible que Theia tuviese un núcleo rico en azufre. Por lo que ese elemento (y otros) podrían haberse incorporado al núcleo terrestre. Con el tiempo, esos elementos se habrían desplazado al manto y la corteza.

En total, los investigadores analizaron 1 000 millones de combinaciones diferentes para entender cómo llegaron los elementos volátiles a la Tierra. Lo que mejor encaja, según los investigadores, es que fue gracias a la formación de la Tierra. Procedieron, según su planteamiento, del núcleo, de un planeta, rico en azufre. El estudio es muy interesante no solo por sus implicaciones para nuestro planeta.

Entendiendo el proceso de formación y aparición de la vida

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Concepto artístico de una colisión entre dos objetos planetarios.
Crédito: NASA/JPL Caltech

Este descubrimiento podría tener usos lejos de nuestro planeta. Si están en lo correcto, los hallazgos de los investigadores permitirían comprender las condiciones necesarias para que la vida pueda aparecer a lo largo del universo. Los elementos necesarios para la vida podrían llegar a través de diferentes formas. Incluso proceder, directamente, de otros objetos celestes que sí tenían esos elementos durante su proceso de formación.

Eso, a su vez, podría complicar la posibilidad de saber si hay vida en otros mundos. Puede que sea necesario intentar determinar las condiciones de formación de un planeta. La ausencia de un satélite podría indicar que sus posibilidades son más bajas. Aunque la formación de la Luna podría no ser esencial. Es decir, el planeta, por sí mismo, podría tener abundancia de carbono, nitrógeno y azufre y haber migrado a su posición actual desde otro lugar.

En cualquier caso, este estudio nos permite plantear un escenario diferente sobre cómo pudo surgir la vida en la Tierra. No nos acerca a dar con una respuesta definitiva. Al menos no por ahora. Pero ayuda a entender que la formación de la Luna podría haber sido un factor clave en el hecho mismo de que pudiese aparecer vida en nuestro planeta. Veremos en qué termina todo esto en el futuro, porque seguro que no es la única vez que oímos hablar de este estudio…

El estudio es D. Grewal, R. Dasgupta, C. Sun et al.; «Delivery of carbon, nitrogen, and sulfur to the silicate Earth by a giant impact». Publicado en la revista Science Advances el 23 de enero de 2019. Puede ser consultado en este enlace.

Referencias: Space