Uno de los grandes misterios de la ciencia es cómo se originó la vida en la Tierra. Una de las ideas más frecuentes es que los elementos necesarios para provocar la aparición de la vida pudieron llegar a través de colisiones de cometas contra nuestro planeta…

El cometa de Rosetta

Recreación artística de Rosetta alrededor del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. Crédito: ESA / ATG medialab / Rosetta / Navcam
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Recreación artística de Rosetta alrededor del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko.
Crédito: ESA / ATG medialab / Rosetta / Navcam

En 2004, la misión Stardust sobrevoló el cometa Wild 2. En 2009, los científicos informaron de que habían encontrado glicina, el aminoácido más sencillo, en el polvo del cometa que la sonda trajo de vuelta. Sin embargo, se creyó que las muestras pudieron verse contaminadas con polvo de la Tierra. Así que nos quedamos sin la posibilidad de confirmar si realmente habíamos encontrado los bloques de la vida más allá de nuestro planeta.

Ahora, la sonda Rosetta ha encontrado muestras de glicina, que además es el compuesto orgánico que aparece en las proteínas, en su órbita alrededor del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. El instrumento ROSINA ya detectó rastros de glicina en octubre de 2014, y se realizaron nuevas mediciones en agosto de 2015, cuando el cometa llegó a su perihelio (el punto de su órbita en el que está más cerca del Sol) y la liberación de gases atrapados en él estaba en su punto máximo.

Es la primera vez que detectamos glicina en la exosfera de un cometa. Antes de que Rosetta llegase a su destino, ya se había comprobado que no hubiese alguna fuente posible de contaminación de glicina. Habiendo descartado que cualquier muestra captada pudiese tener su origen en la Tierra, la única opción es que su origen sea el propio cometa.

Mas elementos además de la glicina

El cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. Crédito: ESA/Rosetta/MPS for OSIRIS Team MPS/UPD/LAM/IAA/SSO/INTA/UPM/DASP/IDA
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El cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko.
Crédito: ESA/Rosetta/MPS for OSIRIS Team MPS/UPD/LAM/IAA/SSO/INTA/UPM/DASP/IDA

En la superficie del cometa se ha detectado una cantidad pequeña de glicina, pero también se han detectado metilamina y etilamina, moléculas orgánicas que son precursores de la formación de glicina. Este aminoácido es, además, el único que conocemos que se puede formar sin la presencia de agua líquida. Lo más probable es que la glicina se libere de los mantos congelados de los cometas (junto a otros elementos volátiles) cuando se calientan.

Por el estudio, también sabemos que Rosetta ha encontrado rastros de fósforo en el cometa 67P. Los científicos creen que la cantidad de moléculas orgánicas que ha detectado la sonda (hay que recordar que estas no son las primeras moléculas detectadas allí) dan mucha solidez a la hipótesis de que los cometas son importantes para entregar los componentes de la química prebiótica. Es la primera vez que hemos encontrado fósforo (uno de los ingredientes del ADN y el ARN) en un cometa.

Aunque los cometas son muy fríos, son capaces de experimentar las reacciones químicas que forman moléculas complejas. A medida que rotan, la radiación del Sol provoca que los elementos químicos más sencillos se conviertan en moléculas prebióticas que, una vez formadas, quedan atrapadas en el hielo del cometa.

Ahora queda por ver si podremos detectar los componentes más complejos, del ADN, en el espacio. Ya hemos visto la señal química de moléculas de fósforo y oxígeno en regiones de formación de estrellas, lo que sugeriría que los precursores más sencillos del ADN flotan en las nubes que dan lugar al nacimiento de nuevos sistemas solares. Los investigadores esperan que Rosetta pueda encontrar nucleótidos, los cimientos del ADN, en el cometa.

La sonda se encuentra en estos momentos a 5 kilómetros de distancia sobre la superficie, en el interior de una nube de moléculas (liberadas por el cometa) más densa. El análisis de los datos recogidos desde esta órbita más baja podrían desvelarnos la existencia de nuevos ingredientes para la vida que se hayan formado en el espacio. El estudio ha sido publicado en Science Advances.

Referencias: Science Advances, New Scientist, Centauri Dreams