Los púlsares son uno de los objetos más extremos que podemos encontrar en el universo. Son los restos de antiguas estrellas masivas que explotaron en forma de supernova y dejaron como resto estelar su núcleo supercomprimido. Son particularmente conocidos porque pueden girar sobre su eje cientos de veces por segundo… excepto en este caso.

Un faro del universo… de lo más tranquilo

Imagen compuesta por el espectro de rayos X y visible de la Nebulosa del Cangrejo, en la que se muestra la emisión del púlsar. Crédito: NASA
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Imagen compuesta por el espectro de rayos X y visible de la Nebulosa del Cangrejo, en la que se muestra la emisión de un púlsar que hay en su interior (el púlsar del Cangrejo).
Crédito: NASA

Como seguramente sepas, los púlsares son, en realidad, un tipo de estrella de neutrones. Son los cadáveres estelares de estrellas gigantescas (mucho más grandes y masivas que el Sol) cuyos núcleos han sido reducidos a un tamaño increíblemente pequeño (una media de unos 20 kilómetros) y pueden llegar a girar sobre sí mismo cientos de veces por segundo. Su descubrimiento es todavía relativamente reciente, de hace sólo unas décadas, y en este tiempo hemos encontrado algunos sumamente veloces, como PSR J1748-2446ad, que gira sobre su eje 716 veces por segundo y tiene un radio de 16 kilómetros. Es decir, su velocidad de rotación es de 70.000 km/s, casi la cuarta parte de la velocidad de la luz.

No todos giran a estas velocidades tan altas, pero lo que seguramente pocos investigadores esperaban encontrarse es algo como 1E 161348-5055 (que se abrevia como 1E 1613), y es el nombre que recibe el objeto compacto en el centro de una formación llamada RCW 103, un resto de supernova a unos 10.000 años-luz de distancia del Sistema Solar. No hay duda de que se trata de un púlsar, es una estrella de neutrones que emite ondas de radio en pulsos y tiene todas sus características, pero tarda la sorprendente cifra de 6,67 horas en dar una vuelta sobre su eje…

Una velocidad difícil de explicar

Imagen visible (y de rayos X), de RCW 103, la supernova en la que se encuentra 1E 1613, el púlsar más lento que hayamos descubierto hasta la fecha. Crédito: Rayos X: NASA/CXC/University of Amsterdam/N.Rea et al; Óptico: DSS
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Imagen visible (y de rayos X), de RCW 103, la supernova en la que se encuentra 1E 1613, el púlsar más lento que hayamos descubierto hasta la fecha.
Crédito: Rayos X: NASA/CXC/University of Amsterdam/N.Rea et al; Óptico: DSS

Es complicado explicar de dónde puede salir ese período de rotación tan lento. Los investigadores que lo han descubierto tienen un par de posibilidades en mente. Por un lado, puede que 1E 1613 orbite alrededor de una estrella compañera, y que lo que estemos viendo sea el efecto combinado de ambos astros interaccionando entre sí, o que haya algún tipo de mecanismo que esté frenándolo a una velocidad mucho más rápida de lo esperado (todos los púlsares pierden su velocidad de rotación, a medida que pierden energía, con el paso del tiempo, eso sí, no es algo que suceda en unos pocos miles de años, ni mucho menos).

La supernova en la que se produjo 1E 1613 sucedió hace unos 2.000 años. Es decir, es muy poco tiempo como para que pudiese haber frenado tanto por la pérdida de energía. Otra posible explicación procede de junio de este año. En ese momento, el púlsar emitió una pequeña ráfaga de rayos X que fue detectada por el observatorio Swift de la NASA. La fuente parecía ser muy similar a la de un magnetar. Es un tipo de estrella de neutrones con un campo magnético cientos de millones de veces más fuerte que el de la Tierra, por lo que convierte a 1E 1613 en el 30º magnetar descubierto hasta la fecha (y para asegurarnos de que no nos hacemos líos, sí, una estrella de neutrones puede ser tanto un pulsar como un magnetar a la vez, no son mutuamente excluyentes).

Sin embargo, los magnetares rotan sobre su eje una vez cada diez segundos, aproximadamente, de media, por lo que tampoco nos sirve para explicar cómo es posible que tarde horas en completar una vuelta sobre su eje. En el paper publicado en Astrophysical Journal Letters, los investigadores sugieren que la ralentización podría estar siendo provocada porque el material expulsado, cuando explotó la supernova, está siendo capturado por ese campo magnético tan intenso, y está cayendo de vuelta sobre el resto estelar.

Hacen falta más observaciones

Concepto artístico de un magnetar en el cúmulo estelar Westerlund 1, en el que también se encuentra la estrella Westerlund 1-26. Crédito: ESO/L. Calçada
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Concepto artístico de un magnetar en el cúmulo estelar Westerlund 1.
Crédito: ESO/L. Calçada

Otro grupo de científicos ha confirmado esta suposición en otro paper que está disponible en arXiv y que ha sido aceptado para su publicación en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. Todavía no sabemos por qué 1E 1613 gira tan lentamente, pero los investigadores están convencidos de que serán capaces de encontrar cuál es el origen de esta velocidad de rotación tan baja.

Durante los próximos meses, los investigadores seguirán estudiando el púlsar, en busca de más emisiones de rayos X par encontrar más pistas sobre su velocidad de rotación, y también lo observarán en la banda infrarroja en busca de posibles señales del material que todavía podría estar girando a su alrededor.

Referencias: IFLScience