A/2017 U1. Tras ese nombre parece ocultarse un objeto interestelar. Al menos, eso es lo que parece deducirse de las primeras observaciones. Si es así, estamos ante un evento único por muchos motivos, y todos ellos muy interesantes…

Un objeto interestelar llamado A/2017 U1

Un objeto interestelar visita el Sistema Solar
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Concepto artístico de WF9 2016, un asteroide cercano a la Tierra.
Crédito: JPL/NASA

Es posible que sea un asteroide o un cometa. En cualquier caso, el descubrimiento de A/2017 U1 es extremadamente interesante. Todo apunta a que se trata de un objeto interestelar. Es decir, llegado de otra estrella. Fue descubierto el 19 de octubre de 2017, por medio del telescopio Pan-STARRS 1, instalado en el volcán Halealakala. Tras el hallazgo, los datos fueron enviados al Centro de Planeta Menores. Rob Weryk, del Instituto de Astronomía de la Universidad de Hawái, lo identificó en imágenes.

Es decir, en una búsqueda rutinaria de objetos cercanos a la Tierra, parece que nos hemos encontrado con uno que tiene un origen mucho más lejano… A/2017 U1 tiene unos 400 metros de diámetro. Está en una órbita muy poco habitual. De hecho, no encaja con la que describiría un asteroide o un cometa que procediese de nuestro propio Sistema Solar. Tiene una órbita extrema, y se mueve muy rápido.

Tiene todos los ingredientes para considerar que su origen no está aquí. De hecho, tampoco estamos hablando de algo extraño. Del mismo modo que hay planetas errantes, que fueron expulsados de sus sistemas estelares, debe haber multitud de objetos mucho más pequeños que no pertenecen a ninguna estrella. Quizá sea algo, la expulsión de planetas y otros objetos, de sus sistemas estelares, que se dé con mucha frecuencia (o quizá no, solo es una conjetura mía).

La primera observación de un objeto interestelar

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Esta animación muestra el recorrido de A/2017 U1 a su paso por el interior del Sistema Solar.
Crédito: NASA/JPL-Caltech

Conocemos un grupo relativamente grande de objetos que están vagando por el espacio, sin orbitar alrededor de ninguna estrella. En su lugar, lo hacen alrededor del centro de la Vía Láctea. Lo destacable en este caso, por tanto, no es tanto haber encontrado un objeto interestelar. Lo remarcable es que es la primera vez que observamos uno de estos objetos al adentrarse en nuestro propio Sistema Solar.

Los astrónomos llevan mucho tiempo sospechando que estos objetos deberían existir. El proceso de formación de planetas es muy complejo. Así que no es ninguna sorpresa que mucho de ese material pueda terminar siendo expulsado de su sistema. En esta ocasión, con A/2017 U1, tenemos ante nosotros un objeto interestelar que está visitando nuestro Sistema Solar, y tenemos bastante claro cuál pudo ser su origen.

Este pequeño objeto ha llegado desde la dirección de la constelación de La Lira (Lyra). Se movía a una velocidad de 25,5 kilómetros por segundo. Entró en nuestro sistema casi en perpendicular al plano de la eclíptica. Es decir, ese plano imaginario en el que los planetas del Sistema Solar parecen moverse. Cruzó ese plano por dentro de la órbita de Mercurio, y llegó a su perihelio (su distancia más cercana al Sol) el 9 de septiembre.

Todavía está en nuestro vecindario

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El Observatorio Pan-STARRS1, en el volcán Halealakala, en Hawái.
Crédito: Rob Ratkowski

La gravedad de nuestra estrella desvió su trayectoria. Pasó por debajo (por decirlo de alguna manera) de la órbita de la Tierra el 14 de octubre. Lo hizo a una distancia de unos 24 millones de kilómetros. Ahora, se encuentra de nuevo por encima del plano de la eclíptica, y se mueve a una velocidad de 44 kilómetros por segundo, en la dirección de la constelación de Pegaso. Este dato, también es una buena señal de que su origen debe estar más allá del Sistema Solar.

A fin de cuentas, no hay que olvidar que hay algo a lo que llamamos velocidad de escape. Esencialmente, la velocidad que es necesario alcanzar para escapar de la atracción gravitacional de un objeto. Por ejemplo, para escapar de la gravedad de la Tierra, desde la superficie, es necesario alcanzar los 11,18 km/s. Para escapar del Sistema Solar, la velocidad depende, principalmente, de la distancia a la que estemos del Sol.

Cuanto más cerca de la estrella, mayor velocidad es necesaria. En el vecindario de nuestro planeta, es necesario alcanzar los 42 km/s. La Tierra se mueve en su órbita a unos 30km/s. A/2017 U1, pese a estar todavía en esta misma región, se mueve a 44 km/s. Más que suficiente para evitar quedarse dentro del Sistema Solar. Es, literalmente, un objeto que está de visita. Si ha venido desde la estrella Vega, podría haber estado viajando durante unos 300.000 años hasta llegar aquí.

El futuro de A/2017 U1

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Un asteroide pasando cerca de la Tierra.
Crédito: HelloScience.us

Ahora, este objeto interestelar esta abandonando nuestro vecindario cósmico. Tardará mucho tiempo en hacerlo. Es llamativo lo cerca que ha pasado del Sol. Principalmente, porque es este factor el que nos ha permitido descubrirlo. Si se hubiese acercado al Sistema Solar sin acercarse nunca más allá de la órbita de, por ejemplo, Júpiter, habría sido demasiado tenue como para poder detectarlo con nuestras herramientas.

Es decir, que A/2017 U1 sea el primer objeto interestelar que observamos, no quiere decir, ni mucho menos, que sea el primero que pasa por estos lares. En los 4.600 millones de años de historia del Sistema Solar, es de suponer que habrán pasado muchos objetos interestelares (otra cosa es intentar averiguar cuántos, pero cualquier cifra que pudiésemos intentar aportar sería una simple suposición sin fundamento alguno).

Si finalmente se confirma que se trata de un objeto interestelar (todo apunta a ello, pero hay que disipar todas las dudas) queda por ver, también, que nombre recibirá. Será el primero de su clase. La responsabilidad caerá, completamente, en la Unión Astronómica Internacional, que es la que se encarga de asignar nombres a los objetos menores. En el pasado ya nos han dejado algún nombre sugerente, y quizá se repita en esta ocasión…

Un evento que hace volar la imaginación (con pocos motivos)

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Concepto artístico de un cinturón de asteroides alrededor de la estrella Vega.
Crédito: NASA/JPL-Caltech

A fin de cuentas, el asteroide 31/439 terminó recibiendo el nombre Rama, en honor a la obra Cita con Rama, de Arthur C. Clarke (publicada en 1973). Es muy poco probable, sin embargo, que se trate de algo como la misteriosa e intrigante nave procedente de las nubes de Magallanes de aquella obra… Lo gracioso es que, como decía Phil Plait (un conocido divulgador estadounidense) en su artículo al respecto, la idea tiene su miga…

Lo que comenta Plait es que, si lo analizamos desde una perspectiva cósmica, hacer que un objeto, procedente de otro sistema, pase tan cerca del Sol es como enhebrar un hilo en una aguja. Si descubrieses un sistema estelar alienígena, interesante por algún motivo (quizá por ser el más cercano a tu estrella), y quisieses estudiarlo, mandar tu sonda a una distancia cercana de esa estrella sería una buena manera de conseguirlo.

Evidentemente, Phil Plait no plantea (ni yo) que se trate de una nave alienígena. Lo menciono porque estoy seguro de que sucederá. Todo apunta a que A/2017 U1 es un objeto interestelar. Cuando se confirme, los rumores crecerán. Historias fantásticas sin base alguna comenzarán a difundirse. Se dirá que es una nave alienígena y que se quiere ocultar su existencia… Así que, no, nada de eso. Hay una ínfima posibilidad de que pudiese ser una nave alienígena. Pero, literalmente, es más fácil que me toque la lotería 5 veces seguidas. Y eso que no juego a la lotería…

Referencias: Centauri Dreams