El telescopio James Webb no será un éxito solo con el lanzamiento, después, le esperan treinta días de terror. Un mes en el que todo tiene que funcionar a la perfección. Lo peor es que, en ese momento, no habrá nada que se pueda hacer para evitar que la misión pueda irse al traste antes de empezar…

Los treinta días de terror del telescopio espacial James Webb…

Han pasado muchos años desde que se comenzase a trabajar en los primeros diseños del telescopio James Webb. Pero, finalmente, tras décadas de planificación, retraso y exceso de costes, el gran sucesor del telescopio Hubble está listo para su lanzamiento. En estos momentos, está viajando secretamente, por mar, hacia el lugar de su lanzamiento. Se trata de las instalaciones de la Agencia Espacial Europea en la Guyana Francesa. Sin embargo, todo el mundo involucrado en la misión sabe que lo peor todavía está por llegar.

Los treinta días de terror del James Webb
Réplica (a tamaño real) del telescopio James Webb Space Telescope. Crédito: NASA/Chris Gunn

El lanzamiento exitoso no será, ni mucho menos, el último obstáculo por superar. En el caso de un aterrizaje en Marte, debemos pasar por los siete minutos de terror. El tiempo necesario para que una nave se pose en la superficie del planeta rojo. En el caso del equipo del telescopio James Webb, tendrán que pasar por treinta días de terror. Ese será el tiempo que el telescopio tardará en recorrer el millón y medio de kilómetros que lo separad de su destino. El telescopio James Webb se instalará en el punto de Lagrange L2.

En ese tiempo, el telescopio irá desplegándose para alcanzar la configuración deseada. Habrá más de 40 grandes despliegues de diferentes sistemas. Son necesarios cientos de actuadores que tienen que activarse. Mecanismos de sujeción que deben liberarse, así como cables que soltarse. Sin hablar de juntas que deben funcionar como se espera, y sistemas eléctricos que se activen correctamente. Todo tiene que funcionar a la perfección durante esos treinta días importantísimos. Una etapa que puede definir el éxito o fracaso de la misión.

Sin posibilidad de intervención

El telescopio va a depender de su propia capacidad. No hay nada que hacer en ese sentido, salvo esperar que el trabajo realizado haya sido bueno. En realidad, toda la secuencia es más bien terrorífica desde el punto de vista del equipo de James Webb. El lanzamiento, en sí mismo, será un momento tremendamente tenso. A fin de cuentas, como explica Heidi Hammel, vicepresidenta de la Asociación de Universidades por la Investigación en la Astronomía, lo que se está haciendo es colocar un objeto muy valioso en lo alto de una explosión controlada.

Dicho de otro modo, habrá muchos suspiros de alivio cuando el telescopio alcance la órbita. Si el lanzamiento va bien, los treinta días de terror comienzan apenas media hora tras el despegue. El cohete Ariane 5 de Arianespace proporcionará impulso al telescopio durante unos 26 minutos. Suficiente para enviar al telescopio James Webb a unos 10 400 kilómetros en su viaje. Tras el apagado de la segunda fase, el telescopio se separará de ella. Esto provocará que, a los 30 minutos del despegue, se extiendan los paneles solares del telescopio.

Un momento muy importante, porque la energía es imprescindible para que funcione el telescopio. Pero solo es uno de los muchos momentos importantes en ese camino hasta el punto L2. Después se producirá uno de los momentos más peliagudos. El cohete no va a poner a James Webb en órbita de la Tierra. Por lo que un motor del telescopio se asegurará de orientarlo en la dirección correcta. Esa maniobra de corrección de rumbo podría tener lugar unas 12,5 horas después del lanzamiento, y es uno de los encendidos más importantes de la misión.

Algunos de los momentos más importantes

Si ese encendido no se produjese, o saliese mal, el telescopio no alcanzaría el punto L2 y la misión fracasaría. Pero hay otros momentos importantes en esa secuencia de treinta días de terror del telescopio James Webb. Tras el encendido, llegará el momento de desplegar la antena para comunicarse con la Tierra. Imprescindible para poder enviar datos científicos de vuelta a nuestro planeta. Al llegar a la primera semana de viaje, se producirá una segunda maniobra de corrección de rumbo y después varios despliegues consecutivos.

Detalle de los pequeños espejos que forman el espejo principal del telescopio James Webb. Crédito: NASA

En ellos, un total de casi 200 actuadores tendrán que funcionar correctamente. Permitirán que se despliegue el escudo solar del telescopio. Tiene un tamaño similar al de una pista de tenis y depende de 150 mecanismos, que deben encenderse correctamente a lo largo de tres días, para que funcione como debe. El despliegue no es nada sencillo, porque el escudo está formado por 700 partes diferentes, entre las que se encuentran ocho motores. Pero es imprescindible para poder proteger al telescopio de todos los factores.

Desde el calor, y la luz del Sol, la Tierra y la Luna, hasta para mantener los componentes infrarrojos del telescopio tan fríos como sea posible. El telescopio y los instrumentos científicos se enfriarán rápidamente en la sombra del escudo, pero tardarán varias semanas en alcanzar la temperatura mínima y estable. En la segunda semana tras el lanzamiento, el telescopio comenzará a tomar forma. Primero se llevará a cabo el despliegue del espejo secundario. Después llega un momento importante, cuando el espejo primario comience a desplegarse.

Después de treinta días de terror, todavía le quedarán obstáculos al telescopio James Webb

Los 18 segmentos del espejo se desplegarán poco a poco, comenzando con los laterales. Un total de 132 actuadores empujarán, o atraerán, cada segmento del espejo para alinearlo con una precisión de micrones. Esto permitirá poner el espejo principal en la configuración exacta para que pueda funcionar. Todo tiene que salir a pedir de boca. Con esto habrán terminado los treinta días de terror, pero todavía quedará mucho trabajo por delante. Habrá que esperar varios meses más antes de poder ver la ansiada primera luz del telescopio.

En los seis meses posteriores se encenderán todos los instrumentos y se calibrarán. Después, el telescopio James Webb podrá comenzar a trabajar. En todo ese período hay muchas cosas que podrían salir mal. Pero no es menos cierto que, en los últimos cinco años, el telescopio ha sido puesto a prueba una y otra vez. Además de maneras bastante extremas, por lo que han contado. Desde agitarlo a exponerlo a ciclos de diferentes temperaturas, pasando por presión cero. Han intentado encontrar todo lo que podría salir mal.

Pero la realidad es que, para bien o para mal, ahora mismo ya no hay nada que hacer salvo esperar que el trabajo se haya hecho bien. El telescopio ya está rumbo a Guyana Francesa. El 18 de diciembre (salvo imprevisto de última hora en cuanto al lanzamiento en sí) será una fecha histórica. Mucha gente estará muy pendiente del sucesor del telescopio Hubble, pero no podemos caer en el error de pensar que, con el lanzamiento exitoso, lo peor habrá terminado. Tras toda esa preocupación, de todos modos, lo mejor estará por llegar…

Referencias: Universe Today