Imagina que te encuentras en un mundo en el que el cielo está siempre inundado de miles de estrellas con un brillo como el de la Luna llena. Además de ser muy brillante (y seguramente hostil para la vida), estarías viendo el cielo desde el corazón de un cúmulo globular…

El cúmulo globular NGC 7006. Crédito: NASA
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El cúmulo globular NGC 7006.
Crédito: NASA

A día de hoy, se calcula que hay entre 150 y 158 cúmulos globulares en nuestra galaxia (se encuentran el halo galáctico y, principalmente, cerca del centro de la Vía Láctea) y se cree que quizá pueda haber hasta una treintena más esperando ser descubiertos. Los cúmulos globulares presentan una forma prácticamente esférica, tienen un tamaño de alrededor de un centenar de años luz de diámetro, y pueden albergar desde decenas de miles a decenas de millones de estrellas.

Los cúmulos globulares son extremadamente ancianos (con algunos cerca de 13.000 a 15.000 millones de años), por lo que, en su interior, encontramos los astros más ancianos de nuestra galaxia. Aquí ya no se produce formación de estrellas. Como hablamos de estrellas muy viejas, se trata principalmente, de enanas rojas y amarillas con una masa inferior a la del Sol (y por tanto con un ciclo de secuencia principal mucho más longevo). Las estrellas con ciclos más breves, simplemente, dejaron de existir hace tiempo.

Cómo se forman

El cúmulo globular Messier 54. Crédito: ESO
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El cúmulo globular Messier 54.
Crédito: ESO

La formación de los cúmulos globulares es uno de los fenómenos que todavía no entendemos demasiado bien, y no está nada claro si las estrellas que terminan componiendo un cúmulo globular se forman en una sola generación, o a lo largo de varias generaciones (en un período de varios cientos de millones de años). En la mayoría de los cúmulos que conocemos, la mayor parte de las estrellas están en la misma fase de su evolución estelar, lo que indica que se tuvieron que formar al mismo tiempo.

Pero la historia varia de cúmulo a cúmulo, en algunos de ellos hay poblaciones de estrellas con edades muy diferentes entre sí. Un ejemplo es el de los cúmulos globulares que se encuentran en la Gran Nube de Magallanes (que no podemos observar desde el hemisferio norte), en la que hay dos distribuciones principales. Es muy probable que estos cúmulos, durante su juventud se encontrasen con nubes moleculares gigantes que provocaron una segunda ronda de formación de estrellas.

Estrellas, planetas y quizá, vestigios de galaxias

El cúmulo globular M10 se encuentra a unos 150.000 años luz de la Tierra. Crédito: ESA/Hubble & NASA
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El cúmulo globular M10 se encuentra a unos 150.000 años luz de la Tierra.
Crédito: ESA/Hubble & NASA

Aunque ya hemos dicho que los cúmulos globulares se componen de decenas de miles (y hasta decenas de millones) de estrellas antiguas, también vale la pena decir que están libres de gas y polvo (por eso no son zonas activas de creación de estrellas) porque presumiblemente todo ese material fue convertido en estrellas hace mucho tiempo. No todos los cúmulos globulares son igual de densos, en algunos casos, en un pársec cúbico (un pársec son 3,26 años-luz) podemos encontrar una media de 0,4 estrellas, mientras que en otros esa densidad sube a 100 o 1.000 estrellas en ese mismo espacio. La distancia más habitual entre estrellas está en alrededor de 1 año-luz (o dicho de otro modo, algo menos de la cuarta parte de la distancia que separa al Sol de Próxima Centauri), pero no es atípico que en algunos cúmlos, la distancia entre estrellas en el núcleo sea muy aproximada a la distancia que hay entre el Sol y Plutón.

Los cúmulos globulares (o por lo menos sus núcleos) no son nada favorables para la existencia (y supervivencia) de sistemas planetarios. Como las estrellas están tan cerca entre sí, las órbitas de los planetas terminan siendo inestables por las perturbaciones de los astros cercanos, de tal modo que, según algunos cálculos, un planeta que orbitase una estrella a la misma distancia que la Tierra del Sol, dentro del núcleo de un cúmulo globular, sólo sobreviviría durante unos cien millones de años (muy lejos de los 4.500 millones de años de los planetas del Sistema Solar).

En esta imagen puedes ver dónde se encuentra el pulsar B1620-26. Crédito: NASA
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En esta imagen puedes ver dónde se encuentra el pulsar B1620-26.
Crédito: NASA

Pero como en todo, hay excepciones. Hay un sistema planetario (cual poblado de irreductibles galos) orbitando un pulsar (el pulsar PSR B1620-26) que pertenece al cúmulo globular M4, pero todo parece indicar que el sistema planetario se formó después de que apareciese el pulsar. 

Algunos de los cúmulos globulares son increíblemente masivos, con una masa equivalente a varios millones de masas solares y una enorme población de estrelas. Es posible que sean indicios de que estos cúmulos globulares supermasivos sean, en realidad, núcleos de galaxias enanas que son consumidas por las galaxias mucho más grandes. De ser así, es posible que la cuarta parte de los cúmulos globulares de la Vía Láctea tengan su origen en una extinga galaxia enana que haya sido absorbida por la nuestra…

El cielo visto desde el interior de un cúmulo globular

Para terminar este artículo, quiero volver a la misma frase que utilicé al principio. ¿Cómo sería el cielo si lo viésemos desde un cúmulo globular? Pues sería muy espectacular. Si usásemos la Tierra como analogía, incluso en el centro del cúmulo, las estrellas más cercanas estarían a una distancia similar a la de la Nube de Oort, así que, a menos que las estrellas más cercanas fuesen gigantes rojas, ninguna sería lo suficientemente grande como para que pudiésemos verlas a simple vista como algo excepto puntos de luz. A lo largo de todo el cielo, los habitantes de esa hipotética Tierra verían 10.000 estrellas con una magnitud superior a 1 (en nuestro cielo nocturno hay 29), y más de un millar serían más brillantes que la estrella más brillante de nuestro firmamento: Sirio.

El cielo visto desde un hipotético planeta cerca del núcleo de cúmulo globular. Crédito: William Harris y Jeremy Webb
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El cielo visto desde un hipotético planeta cerca del núcleo de cúmulo globular.
Crédito: William Harris y Jeremy Webb

Las estrellas más brillantes del cúmulo llegarían a proyectar sombras en nuestro planeta, ya que tendrían un brillo unas cien veces superior al de Venus (y la luz que refleja nuestro planeta vecino es, de hecho, lo suficientemente intensa como para llegar a proyectar sombras en la superficie de la Tierra, es más, ¡quizá hasta te hayas dado cuenta alguna vez!).

Referencias: Wikipedia, ScienceDaily, Astrosociety y Io9