Uno de los grandes retos de la ciencia moderna es descubrir si estamos solos. Normalmente buscamos la vida como la de la Tierra. Pero… ¿hay otros tipos de vida? ¿Deberíamos buscar vida que, por ejemplo, use metano en lugar de agua? No es una pregunta menor…

Por qué se busca vida como la de la Tierra

Podría parecer que lo lógico, y deseable, es buscar vida de todos los tipos. Nuestra comprensión de la física dice que la vida podría tener una base diferente a la de la Tierra. Es algo que, sin ir más lejos, se ha planteado que podría suceder incluso aquí, en el Sistema Solar. Porque Titán, el satélite más grande de Saturno, un mundo frío y muy diferente al nuestro, podría tener las condiciones necesarias para albergar vida. Una vida que se desarrollaría en unas condiciones muy diferentes a las que conocemos. Pero, al mismo tiempo, familiares.

¿Hay otros tipos de vida en el universo?
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El Mar Jónico, fotografiado desde Lefkada, en Grecia. Crédito: Wikimedia Commons/Alf van Beem

Porque Titán es el único objeto celeste del Sistema Solar, junto a la Tierra, donde podemos encontrar un ciclo como el del agua. El ciclo hidrológico es bien conocido por todos. El agua de los océanos se evapora, se condensa en forma de nubes, se precipita en la superficie en forma de lluvia (o nieve) y regresa al océano a través de las filtraciones en la Tierra. Es un ciclo que lleva el agua desde el océano a la atmósfera y al propio suelo. En Titán podemos observar ese mismo ciclo, pero en su lugar sucede con metano, que es líquido a esas temperaturas.

En Titán, literalmente, llueve metano. Los lagos y océanos están formados por este elemento, en lugar de agua. Y, sin embargo, lo que se busca es la vida similar a la de la Tierra. No otros tipos de vida. ¿Por qué? Una de las respuestas más sencillas, y obvias, es que simplemente se busca lo que ya sabemos que funciona. Los recursos económicos no son infinitos, así que a la hora de plantear una misión, parece más lógico apuntar hacia la fórmula que ya se sabe que funciona. Porque la de Titán, aunque parece posible, solo es eso, una oportunidad de que haya vida.

Otros tipos de vida… incluso con una base de agua

Incluso la vida que utilice agua puede desarrollarse de una forma muy diferente a la nuestra. En un lugar tan extraño y, aparentemente, inhóspito y hostil como Encélado o Europa. Bajo la capa de hielo de estos pequeños mundos, muy alejados de la zona habitable del Sol, se ocultan océanos de agua que podrían ofrecer las condiciones necesarias para que se desarrollen formas de vida. Unas formas de vida que, de existir, guardan mucho más parecido con las criaturas que habitan en el fondo de nuestros océanos que con las más cercanas a su superficie.

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Encélado visto por la sonda Cassini. Crédito: NASA/JPL/Space Science Institute

Porque bajo esa capa de hielo la oscuridad es absoluta. Esas criaturas, muy probablemente, se parecerían a las criaturas abisales del fondo marino, donde todavía quedan muchas especies por descubrir en nuestro propio planeta. El problema es que, de nuevo, nos enfrentamos a otra posibilidad. Una promesa de algo que podría funcionar, pero que no sabemos si funciona. Estas consideraciones nos llevan a tener que enfrentarnos, incluso, a preguntas que nos llevan a reflexionar sobre qué deberíamos definir como zona habitable.

Irónicamente, podríamos decir que la Tierra está en el centro de toda esa búsqueda de vida. Los exoplanetas potencialmente habitables son considerados tales por sus similitudes con el Sistema Solar y nuestro propio planeta. Está claro que hacen falta ciertos ingredientes. A saber: un entorno protector, una fuente de energía… Es decir, no podemos esperar encontrar vida en la superficie de un planeta que carezca de atmósfera. Pero… ¿es necesario que esa atmósfera contenga una cantidad específica de nitrógeno y oxígeno?

Redefinir la zona habitable… o seguir en la misma dirección

Si lo que buscamos es vida como la de la Tierra, sin duda, sí, porque sabemos que en nuestro planeta hay vida en este momento y en esas condiciones. Pero incluso el propio pasado de nuestro planeta nos abre una puerta a una Tierra diferente. Con una composición atmosférica diferente y que, sin embargo, era igualmente compatible con la vida. Con otros organismos, pero con vida al fin y al cabo. En los últimos años, el concepto de zona habitable ha ido cambiando. Se ha visto que es posible disponer de un concepto más amplio, más manejable.

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La erupción del volcán Tavurvur, en Papúa Nueva Guinea. Crédito: Taro Taylor edit by Richard Bartz

Valga el ejemplo de la zona habitable volcánica. Un planeta que no recibe la suficiente energía de su estrella, para tener agua líquida en su superficie, pero lo logra gracias a la contribución de sus propios volcanes. O el propio caso de Encélado y Europa. Suponiendo que estuviesen habitados, quizá habría que preguntarse si tiene sentido definir una zona habitable, alrededor de un planeta gigante, si sus satélites son pequeños y compuestos principalmente por hielo. O una zona habitable tomando como requisito que el metano esté en estado líquido.

De repente, el abanico de oportunidades parece expandirse enormemente. Casi podría decirse que se vuelve infinito. ¿Una zona habitable galáctica? No es un concepto ni mucho menos nuevo, ese término define la región de una galaxia donde las condiciones podrían ser propicias para que los sistemas planetarios puedan ver el florecimiento de la vida. Pero, ante tantas oportunidades, ¿a dónde apuntar con esos recursos limitados? ¿Cuál de todas esas opciones es la mejor? Puede haber otros tipos de vida, pero no está claro que sea así.

Otros tipos de vida son una esperanza… y una complicación

Todo hace pensar que, tarde o temprano, encontraremos vida en otros lugares. La paradoja de Fermi podría estar basada, perfectamente, en nuestro propio desconocimiento. Lo que hemos visto indica que la vida debería tener amplias oportunidades para aparecer. Al menos desde el punto de vista químico, porque estamos formados por algunos de los elementos más abundantes del universo. Hay miles de millones de estrellas, solo en la Vía Láctea, con unas características muy similares al Sol. Y miles de millones de planetas similares a la Tierra.

Dragonfly buscará otros tipos de vida en Titán.
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Concepto artístico de la nave Dragonfly en Titán. Crédito: NASA/JHU-APL

Pero mientras sigan siendo promesas, y no certezas, probablemente sea razonable esperar que la posibilidad de encontrar otros tipos de vida sea visto como algo mucho más secundario. El telescopio James Webb, entre otros, centrarán sus objetivos en exoplanetas potencialmente habitables. Mundos con atmósferas que, quizá, serán similares a las de la Tierra. En algunos casos, los planetas estudiados girarán en torno a estrellas mucho más pequeñas, las enanas rojas. Más frías que el Sol, pero más abundantes y longevas que nuestra estrella.

Si los mundos de esos astros pueden albergar vida, nos planteará la posibilidad de que la vida pueda ser abundante en el universo. Si es lo contrario, querría decir que podría ser mucho más escasa de lo que nos gustaría pensar. De momento, parece que el punto de mira está en la vida más parecida a la de la Tierra. Pero en el horizonte está Dragonfly, que buscará respuestas en Titán. Quién sabe, quizá la primera noticia que tengamos de que hay vida más allá de la Tierra es porque existen otros tipos de vida en nuestro mismo Sistema Solar…