Seguro que sabes lo que es un agujero negro. Esas bestias cósmicas con una influencia gravitacional tan inmensa que ni siquiera la luz puede escapar de sus garras. No sabemos qué pasa en el interior de un agujero negro (está más allá de algo que llamamos el horizonte de sucesos) y sólo podemos elaborar teorías al respecto. Una de las más interesantes reza lo siguiente: es posible que, en realidad, cada día estemos viviendo lo que sucede dentro de un agujero negro…

Todo esto es elucubración

Antes de comenzar, quiero enfatizar que todo esto es mera teoría. No tenemos ninguna prueba de que aquello de lo que se habla en este artículo sea realidad porque, al menos de momento, no tenemos forma de verificarlo. Lo que sí podemos decir es que estas teorías se basan en el funcionamiento de la física tal y como la conocemos, así como en el funcionamiento del Universo en sí. Es más, hasta podríamos decir que, en cierto modo, nos da una respuesta bastante elegante (quizá demasiado, por otro lado) para preguntas a las que ahora mismo no podemos responder de ninguna de las maneras.

Comencemos por el inicio

Esto es una simulación de un agujero negro frente a la Gran Nube de Magallanes. Crédito: Usuario "Alain r" de Wikipedia.
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Esto es una simulación de un agujero negro frente a la Gran Nube de Magallanes.
Crédito: Usuario “Alain r” de Wikipedia.

Retrocedamos en el tiempo, viajemos a hace 13.800 millones de años (más o menos). Es decir, viajemos a un momento en el que no había ni humanos, ni Tierra, ni Sol, ni Sistema Solar, ni Vía Láctea (ni galaxias, de hecho), ni siquiera luz. Viajemos al momento del Big Bang. Con mayor o menor detalle, todos sabemos qué es lo que sucedió a partir de ese momento. Pero… ¿qué sucedió antes?

Los astrónomos (y físicos) te dirán que no hay un antes del Big Bang. El tiempo comenzó a andar en el momento en el que se produjo esa gigantesca explosión con la que echó a andar nuestro universo. Si nos basamos en ese principio, podríamos concluir que intentar averiguar qué pasaba (o qué había) antes de ese momento no es una pregunta que la ciencia pueda responder (y podemos decir, con toda certeza, que la ciencia actual es incapaz de hacerlo).

Siendo honestos, es muy probable que nunca lleguemos a entender cómo era la realidad antes del Big Bang, o de qué se componía o por qué explotó para crear el universo. Quizá incluso sean conceptos que escapen a la comprensión humana (del mismo modo que conceptos como el de las 10 o 11 dimensiones sobre las que algunos físicos teorizan).

Recreación artística de un agujero negro supermasivo. Crédito: NASA/JPL-Caltech
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Recreación artística de un agujero negro supermasivo.
Crédito: NASA/JPL-Caltech

Pero (qué gracia tendría este artículo sin un pero, o le pongo un pero o lo termino aquí…) hay cierto poblado de irreductibles galos grupo de científicos que creen que sí podemos hacernos una idea sobre qué había antes del Big Bang. Como seguramente sabrás, momentos antes de esa explosión, toda la materia y energía del universo estaban comprimidos en un pequeño punto de una densidad inmensa (inmensa, pero finita). Esa semilla (por darle algún nombre) podría haber sido inimaginablemente pequeña. Por inimaginablemente pequeña me refiero a un billón de veces (sí, con b) más pequeña que la partícula más pequeña que el ser humano ha conseguido observar hasta ahora. Pero es una semilla que puede permitir la creación de todas las partículas, galaxias, sistemas solares, planetas y seres vivos…

¿De dónde saldría esa hipotética semilla? Pues una de las ideas del físico teórico Nikodem Poplawski (si no has oído hablar de él, que no te sorprenda, porque no aparece en los libros de histora… ¡tiene 40 años!) es que esa minúscula partícula proviene del lugar más infernal que conocemos en la naturaleza: el interior de un agujero negro.

Los multiversos

Quizá el multiverso sea algo así como un gigantesco campo de canicas...
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Quizá el multiverso sea algo así como un gigantesco campo de canicas…

Pero antes de meternos en el agujero negro, repasemos una de las teorías más populares en las últimas décadas, que dice que nuestro universo no es único. En su lugar, somos parte de un multiverso. Algo así como una gigantesca colección de universos separados (algo parecido a los supercúmulos del universo observable, como Laniakea). No tenemos ni idea de cómo podría estar conectado un universo con otro (ni si lo están, evidentemente), pero hace falta recurrir a los multiversos para poder entender esta interesante idea de que esa pequeña partícula, que provoca un Big Bang, puede ser algo así como la semilla de una planta: una pequeña parte del material necesario, comprimido enormemente, y recubierto de una capa protectora.

No sólo es una analogía entre las plantas y el Big Bang, es que esa explicación también describe de manera muy precisa qué sucede en el interior de un agujero negro. Como ya sabrás, los agujeros negros son el remanente de las estrellas más masivas de nuestro universo. Cuando una de estas estrellas supergigantes se queda sin combustible, su núcleo colapsa sobre sí mismo a causa de la gravedad. Esa gravedad atrae todo con una fuerza descomunal. La temperatura en su interior aumenta a miles de millones de grados. Se destruyen átomos, electrones… y se comprime todavía más.

Eventualmente, la estrella se convierte en un agujero negro, con una atracción gravitacional tan gigantesca que ni siquiera la luz puede escapar de su influencia. Esa línea imaginaria que separaría el interior del agujero negro del exterior es lo que llamamos el horizonte de sucesos (y viene a decir, básicamente, que un observador a este lado de un agujero negro es incapaz de ver qué sucede al otro lado, y viceversa). En el centro de casi todas las galaxias hay agujeros negros supermasivos (con masas equivalentes a miles de millones de veces la masa de nuestro Sol).

Rompiendo la relatividad de Einstein

Los agujeros negros no sólo son misteriosos por sus efectos en todo lo que les rodea, si no, además, porque son el único lugar en el que la relatividad de Einstein deja de funcionar. Si utilizamos su teoría para determinar qué sucede en los más profundo de un agujero negro, veremos que el resultado es que tenemos un punto infinitamente denso e infinitamente pequeño (un concepto hipotético al que llamamos singularidad). Sólo tiene un inconveniente. Normalmente no nos encontramos con infinidades en la naturaleza (por mucho que a veces la usemos en sentido figurado).

Además de en el interior de los agujeros negros, hay otro punto en el que las teorías de Einstein (que funcionan maravillosamente bien en todo lo demás) tampoco sirven… el nacimiento de nuestro universo. Siguiendo los razonamientos del Poplawski (el físico teórico del que hablaba al principio), lo que sucedería es lo siguiente: la materia en el interior de un agujero negro termina alcanzando un punto en el que ya no puede ser comprimida.

Cuando llegamos a ese punto, a esa semilla, tenemos algo increíblemente pequeño, con la masa de miles de millones de soles, pero, a diferencia de la singularidad, tenemos algo real. Algo físico, algo que existe. Según Poplawski, cuando llegamos a ese límite, el proceso de contracción se detiene porque los agujeros negros giran (todos los objetos en el universo tienen algún tipo de rotación, y los agujeros negros no son diferentes). De hecho, giran a una velocidad muy alta, probablemente, a una velocidad muy cercana a la de la luz.

Ese giro hace que esa semilla se vea sometida a fuerzas de torsión. Es decir, no sólo está comprimida hasta niveles inimaginables, además está siendo sometida a una torsión igualmente inimaginable. Toda esa presión por las diferentes fuerzas que actúan sobre ella pueden provocar que la semilla de repente… reviente. Y cuando revienta una de estas semillas lo hace a lo bestia. Tan a lo bestia que lo podríamos llamar… un Big Bang.

Quizá sean portales de una sola dirección

¿Eres capaz de ver la galaxia de Andrómeda?
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En esta imagen puedes ver la galaxia de Andrómeda… Y sí, allí también hay agujeros negros.

En resumen, es posible (insisto, sólo es una teoría, no tenemos ninguna forma de comprobar que todo esto sea cierto), que un agujero negro sea como una especie de túnel, de un sólo sentido, entre dos universos. Dicho de otro modo, si de alguna manera te las arreglases para caer en el agujero negro que hay en el centro de la Vía Láctea, no es descartable que terminases en otro universo. De hecho, aunque eso será materia para otro artículo, sí, estarías en otro universo enterito (o enterita) y de una sola pieza, aunque los que nos quedásemos a este lado del agujero negro tendríamos una versión de los hechos un tanto diferente…

Ese hipotético universo no está dentro del nuestro. No imagines que el universo existe dentro de un agujero negro o algo similar), si no que es un universo separado, y que simplemente comparte (quizá sólo durante un tiempo limitado) un enlace que permite ir de uno a otro. Si todas estas ideas resultasen ser ciertas, podríamos abordar de nuevo la pregunta sobre qué había antes del Big Bang…

Al menos por ahora (y “por ahora” probablemente sea los próximos siglos) no tenemos ninguna forma de verificar si esto es cierto. Dicho de otro modo, la tecnología y nuestro conocimiento de la ciencia no es el suficiente como para poder comprobarlo, pero lo que sí sabemos, es que si esto resultase ser cierto, entonces significaría que nuestro universo es el producto de un universo aun más antiguo, que quizá apareció cuando la materia en el interior de un agujero negro de ese antiguo universo terminó explotando hace 13.800 millones de años…

Referencia: National Geographic