Las condiciones en un exoplaneta en rotación síncrona parecen muy duras para la vida, pero ¿y si fuese posible que, incluso así, pudiesen llegar a aparecer microorganismos? Esto es lo que explora un estudio publicado recientemente, que intenta responder a una pregunta muy importante para entender mejor si la vida podría ser abundante en el universo…
Un exoplaneta en rotación síncrona y la dificultad para la vida
LHS 3844b es un exoplaneta algo más grande que la Tierra, que orbita en torno a LHS 3844, una enana roja. Está a 48,5 años luz del Sistema Solar y es muy interesante. Está en rotación síncrona, es decir, tarda tanto en girar sobre sí mismo como en orbitar alrededor de la estrella. De tal manera que una cara de LHS 3844b está siempre iluminada y tiene una temperatura muy elevada. Del mismo modo, la otra cara está envuelta en una oscuridad interminable. La temperatura es tan baja, en ese hemisferio, que se acerca mucho al cero absoluto.

Por ello, dos investigadores han querido entender si un entorno tan extremo podría llegar a albergar vida. Los propios autores explican que, si solo nos quedásemos con las temperaturas de ambos hemisferios, sería fácil pensar que es imposible, porque uno es demasiado cálido y el otro es demasiado frío. Sin embargo, podría haber regiones donde las condiciones sean lo suficientemente benignas. Así que, siguiendo ese hilo de pensamiento, los investigadores explican que este tipo de exoplanetas podrían ser más capaces de albergar vida de lo que se pensaba.
La rotación síncrona, añaden, puede ayudar a mantener regiones a temperaturas adecuadas, por el flujo de calor entre ambos hemisferios. También hay un motivo importante para llevar a cabo este estudio: los exoplanetas en rotación síncrona son mucho más comunes que los mundos como el nuestro. Hay multitud de satélites y planetas que están en rotación síncrona (es lo mismo que sucede con la Luna, sin ir más lejos).
La abundancia de la rotación síncrona
La rotación síncrona somete a un planeta a una diferencia extrema, y permanente, de temperatura. Los investigadores buscaban entender qué sucede bajo la superficie y, más concretamente, cómo afecta este desequilibrio térmico al manto, esa enorme capa rocosa situada entre la corteza y el núcleo de un planeta. Para descubrirlo, recurrieron a un tanque rectangular del tamaño de una mesa, lleno de un fluido viscoso, glicerol, y con cristales líquidos termocrómicos, que son partículas de colores que cambian de color con la temperatura.
Este experimento, aunque puede parecer muy sencillo, permite estudiar cómo los gradientes de temperatura y la geometría influyen en la convección de sistemas lentos y estratificados. Es algo que permite estudiar cosas como la corteza terrestre o los mantos de posibles mundos extraterrestres. A diferencia de los sistemas atmosféricos u oceánicos, donde dominan las fuerzas de Coriolis y la atracción vertical de la gravedad, la convección del manto está impulsada principalmente por las diferencias de temperatura y densidad, especialmente en el interior de los planetas rocosos.
Así que, para reproducir esas condiciones, los investigadores colocaron cuatro termostatos que controlaban el calentamiento y el enfriamiento en los bordes del tanque, creando gradientes que imitaban aproximadamente las regiones subestelar y antiestelar del exoplaneta (es decir, la región directamente bajo la estrella y el equivalente en el hemisferio opuesto), así como su superficie y su interior a gran profundidad. Con todo esto, los investigadores han descubierto que el flujo del manto se convierte en un circuito constante y permite que haya condiciones más favorables.
Un latido planetario para que la vida pueda aparecer en un exoplaneta con rotación síncrona
Ese material caliente asciende en el lado diurno, se desplaza por la parte superior, se enfría y vuelve a descender en el lado nocturno antes de regresar por la parte inferior. Es algo muy lento y predecible, pero, en ocasiones, surgen corrientes ascendentes con forma de hongo, que se elevan desde la base caliente del tanque. Lo más interesante es que estos penachos se formaban siempre en el mismo lugar, y el transporte de calor en un exoplaneta así parece que es bastante similar al que se produce en la Tierra.

Crédito: NASA/JPL-Caltech/R. Hurt (IPAC)
Así que algunos exoplanetas podrían mantener condiciones adecuadas para la aparición de los ingredientes para la vida, especialmente en las latitudes medias, donde las temperaturas serían más moderadas. Las implicaciones podrían ser todavía más profundas, dicen los investigadores, porque este flujo del manto entre los dos hemisferios podría afectar al núcleo líquido del planeta y, quizá, generar campos magnéticos. Aunque es algo que solo podrán comprobar en un futuro experimento, porque también sería muy interesante descubrir si es así.
En cualquier caso, lo más atractivo de este trabajo es que abre la puerta a la posibilidad de que, en ciertas regiones de un planeta en rotación síncrona, se den las condiciones adecuadas para que pueda llegar a aparecer la vida. Esto no quiere decir que debamos imaginar civilizaciones extraterrestres en mundos donde su estrella nunca llega a ponerse bajo el horizonte, pero quizá sí sean condiciones más que adecuadas para la vida microbiana. Si esto fuese cierto, la vida podría estar presente en muchos más lugares de la Vía Láctea de los que imaginábamos.
Estudio
El estudio es D. Noto, T. Miyagoshi, T. Terada et al.; «Convective dynamics in mantle of tidally-locked exoplanets». Publicado en la revista Nature Communications el 25 de julio de 2025. Puede consultarse en este enlace.
Referencias: Phys