Un grupo de investigadores ha determinado que el exoplaneta GJ 523b es un planeta rocoso… pero tiene una masa muy alta. Es un caso de estudio muy interesante porque ayudará a entender mejor cómo pueden ser los mundos rocosos mucho más masivos que nuestro planeta…
El exoplaneta GJ 523b es tremendamente masivo
El exoplaneta GJ 523b tiene unos 170 millones de años y un diámetro 2,5 veces más grande que el de la Tierra. Ahora, en un nuevo estudio, un grupo de investigadores explica que GJ 523b es un exoplaneta rocoso que debería ser clasificado como una megatierra por su gigantesco tamaño. Los propios investigadores explican por qué estamos ante un mundo que es, en muchos sentidos, un misterio. El término megatierra se utiliza desde hace, aproximadamente, una década. Sin embargo, nunca se había llegado a establecer con exactitud qué se supone que es un mundo así.

Crédito: NASA
El exoplaneta GJ 523b permite establecer una definición mucho más precisa de lo que es una megatierra. Los autores explican que, en realidad, es algo que los astrónomos no pueden hacer por su propia cuenta. Hace falta contar con geólogos que entiendan cómo se comportan el hierro y las rocas a presiones que no se pueden reproducir en un laboratorio. Además, también hace falta contar con la opinión de científicos expertos en atmósferas, que sean capaces de determinar qué parte de un exoplaneta es atmósfera y qué parte no.
Los investigadores llevan un tiempo buscando mundos hicéanos. Es un tipo de exoplaneta que tendría un gran océano y una atmósfera templada. Un tipo de planeta rocoso masivo que, en teoría, debería tener la capacidad de albergar vida. No es la primera vez que se identifican posibles mundos de esta naturaleza, pero todavía no hay una detección plenamente satisfactoria. El satélite TESS, lanzado en 2018, está permitiendo descubrir multitud de exoplanetas, ampliando el catálogo de mundos conocidos más allá del Sistema Solar.
TESS ha descubierto miles de posibles exoplanetas
Por ahora, TESS ya ha descubierto más de 8000 candidatos a exoplaneta, pero todavía solo se han confirmado menos de la cuarta parte. Uno de esos candidatos era GJ 523b, que el equipo estudió con la ayuda de un telescopio terrestre. Según explican, seleccionaron este candidato basándose en lo que creían sobre su tamaño y su temperatura. Lo sorprendente, en realidad, estaba en lo que mostraban los datos al observar con diferentes instrumentos, como el telescopio James Webb. Lo primero que quedó claro es que el exoplaneta GJ 523b no es un mundo hicéano.
Los datos indican que está compuesto principalmente por roca densa y que tiene un núcleo gigante. Su masa es 23 veces la de nuestro planeta y su tamaño está en torno al 60% del de Neptuno. Es un planeta muy atípico y podría aportar información nueva sobre los procesos que provocan la formación de planetas. Los investigadores explican que es una gran sorpresa, porque los planetas densos como este son poco frecuentes. Generalmente, son mundos rocosos pequeños similares a la Tierra o Mercurio. Este, sin embargo, es mucho más grande.
Normalmente, el ensamblaje de un planeta comienza con la formación de un núcleo compuesto de material rocoso y metales, sobre el que se acumula una atmósfera gaseosa rica en hidrógeno. Los planetas más grandes del Sistema Solar, como Júpiter y Saturno, consiguieron sus atmósferas gigantes cuando alcanzaron unas 20 veces la masa de la Tierra. ¿Cómo es posible que este mundo no se haya convertido en un gigante gaseoso? Los investigadores plantean diferentes teorías para explicar qué es lo que ha podido suceder en este caso.
¿Es el exoplaneta GJ 523b una anomalía?
Entre los mecanismos que plantean, contemplan cosas como que el planeta perdiese parte de su atmósfera cuando orbitaba demasiado cerca de su estrella o que, en realidad, comenzase siendo dos planetas que chocaron entre sí y perdieron su atmósfera debido al calor de la colisión. En un escenario así, parte de esa atmósfera sale despedida con más facilidad, al estar a una temperatura muy elevada. Lo que permitiría terminar con un mundo con una gran masa en forma de roca y una atmósfera mucho más pequeña.

Por eso, los investigadores esperan que, a medida que se analicen nuevos planetas y se descubran más mundos atípicos como éste, se podrá tener una imagen mucho más precisa de sus particularidades. A finales de agosto, se espera que la NASA lance el telescopio Nancy Grace Roman, que será el próximo gran observatorio de la agencia espacial estadounidense. Algunas estimaciones apuntan a que descubrirá decenas de miles de exoplanetas. Por lo que proporcionará un catálogo inmenso que permitirá tener una imagen mucho más completa.
En realidad, no hace falta una cifra muy grande de mundos de este tipo. Según explican, con descubrir 20 o 30 similares, sería suficiente para empezar a identificar tendencias que permitan explicar qué sucede. Puede que los planetas rocosos más masivos compartan, por ejemplo, encontrarse en órbitas muy cercanas a sus respectivas estrellas. O que quizá sean los únicos planetas en esos sistemas. Por ahora, hay muchas preguntas sobre la mesa, pero es cuestión de tiempo que se puedan contestar, a medida que se recabe más información.
Estudio
El estudio es M. Kroft, T. Beatty, J. Salzer et al.; «GJ 523b is a Massive, 170 Myr-old Mega-Earth, Likely on a Polar Orbit». Puede consultarse en arXiv, en este enlace.
Referencias: Phys