Venus es un planeta muy extraño porque rota sobre sí mismo en dirección opuesta a su movimiento (y la rotación de la mayoría de planetas), y el origen podría estar en un gran impacto. Así lo plantea un nuevo estudio, que intenta determinar por qué el segundo planeta más cercano al Sol terminó en una configuración tan atípica.
Un impacto en Venus para entender su rotación
Venus destaca por dos cosas: su rotación es en dirección opuesta a su movimiento alrededor del Sol y, además, tarda más en rotar sobre sí mismo que en completar una órbita. Es una configuración que resulta de lo más extraña si lo comparamos con el comportamiento del resto de planetas. Ahora, un estudio intenta responder a esta cuestión, y lo hace de una manera que resulta tan predecible como interesante. Plantean que un impacto en Venus, de un objeto del tamaño de la Luna, que chocó a gran velocidad y en un ángulo muy pronunciado, podría explicar sus características.

Además, también ponen fecha a cuándo debió suceder esa colisión. Plantean que tuvo lugar en los primeros 50 millones de años tras su formación. Venus y la Tierra son, en muchos sentidos, planetas gemelos. Sin embargo, el primero es un mundo mucho más extremo, con una temperatura en superficie de unos 470ºC y una presión atmosférica que es 92 veces superior a la de nuestro planeta. El objetivo de los investigadores es determinar cuáles fueron las condiciones iniciales para que, con el tiempo, la rotación de Venus evolucionase hasta lo que observamos hoy en día.
Los investigadores explican que la idea era sencilla: explorar qué sucede cuando un objeto grande choca contra otro, cómo se deforma el planeta y determinar sus propiedades internas. Así, descubrieron que un objeto, con alrededor de la décima parte de la masa de Venus, que chocase con el planeta con un ángulo elevado, podría haber frenado enormemente su velocidad de rotación. De hecho, en algunos casos, los investigadores explican que encontraron configuraciones donde Venus podría tener una rotación retrógrada desde el principio y que, en aquel entonces, fuese todavía más rápida.
Una evolución muy profunda
Esas simulaciones también muestran que, como podríamos imaginar, los impactos gigantescos crean océanos de magma en la superficie. Su profundidad varía en función de cómo se desarrollase el impacto. En algunos escenarios se crea una capa superficial de material fundido, con unos 100km de espesor. En otros, hasta el manto se funde por completo. Si la superficie puede emitir calor al espacio de manera eficiente, el océano de magma se enfría en poco tiempo. Con todo esto en mente, los escenarios pintan un escenario muy concreto para explicar por qué Venus es así.
Creen que el objeto que debió chocar con Venus fue capaz de fundir el 99% de su manto (que se extiende desde la corteza hasta el núcleo). El calor generado por ese impacto se disipó con bastante rapidez y, tras solo unos cientos de millones de años, explican que la evolución de Venus es la misma que si no se hubiese producido ningún impacto. Sin embargo, sigue habiendo una pregunta sobre otro aspecto del planeta. ¿Qué papel pudo tener el impacto respecto al hecho de que, a diferencia de la Tierra, en Venus no hay tectónica de placas?
Se sabe que, seguramente, la ausencia de un mecanismo de reciclaje de carbono a gran escala fue, probablemente, un factor importante para producir el efecto invernadero desbocado en el que está el planeta hoy en día. Los investigadores añaden que la rotación tiene un impacto importante en la evolución y la sostenibilidad de las condiciones habitables. A fin de cuentas, afecta enormemente a los mecanismos mediante los que un planeta redistribuye su energía. Hay que sumar otro aspecto: la rotación de un planeta también puede tener un efecto enorme en la formación de nubes.
¿El impacto en Venus pudo acabar con su habitabilidad?
Es posible, también, que la velocidad de rotación actual, y la transformación por la que ha pasado el planeta con el paso del tiempo, sea una parte importante para explicar por qué, hoy en día, no es un mundo habitable. Es posible, incluso, que llegase a tener condiciones habitables en el pasado, pero fuese su propia evolución la que acabase con esas condiciones. En cualquier caso, incluso si la historia hubiese sido diferente, no podemos olvidar que Venus está en el borde interior de la zona habitable. El Sol aumenta su brillo un 10% cada mil millones de años.

Así que, desde el principio, la ventana de habitabilidad del planeta era más pequeña que la de la Tierra. En cualquier caso, saber si llegó a tener condiciones habitables resulta interesante por otro motivo. Es evidente que la superficie no es compatible con la vida tal y como la conocemos. Pero, ¿podemos decir lo mismo del interior? ¿Cabe la posibilidad de que Venus pueda conservar agua en alguna región de su corteza? Es una pregunta que, por ahora, no tiene respuesta, pero plantea un escenario que ayudaría a entender mejor cómo fue su evolución.
Si el interior de Venus también estuviese seco, sería una señal de que el planeta perdió toda el agua que contenía en algún momento de su pasado. Quizá fuese algo relacionado con aquel mismo impacto o fuese consecuencia de su evolución posterior. Pero, en cualquier caso, lo que muestra este trabajo es que hay escenarios para explicar no solo la rotación retrógrada de Venus, sino también su evolución hacia lo que observamos en el presente. Lo que también está fuera de toda duda es que, en cualquier caso, queda mucho por entender…
Estudio
El estudio es C. Gillmann, P. Tackley, M. Bussmann; «Giant impacts on Venus: lasting consequences on interior dynamics and volcanism, or the lack thereof». Publicado en la EGU General Assembly 2026 en Austria entre el 3 y el 8 de mayo de 2026. Puede consultarse en este enlace.
Referencias: Universe Today