David Kipping, un conocido investigador en el mundo de la búsqueda de vida extraterrestre inteligente, ha publicado un nuevo trabajo en el que plantea que la vida extraterrestre inteligente podría ser muy escasa. El panorama que pinta es poco esperanzador… y lo peor de todo es que está bien fundamentado. En esta serie de dos artículos, repasamos su razonamiento y planteamiento. Esta es la primera parte.

La vida extraterrestre inteligente puede ser escasa

Entre mediados de los años 70 y principios de los 80, dos físicos, Michael Hart y Frank Tipler, publicaron una serie de artículos en los que defendían que la vida extraterrestre inteligente no existía, con una acogida muy controvertida. Según explicaban, las civilizaciones extraterrestres deberían haber tenido tiempo suficiente para desarrollar computación avanzada, vuelos espaciales y máquinas autorreplicantes. Un concepto que conocemos como sondas de von Neumann. Así que, suponían, es lógico imaginar que esas civilizaciones deberían haber colonizado toda la Vía Láctea hace tiempo.

La vida extraterrestre inteligente podría ser muy escasa
El centro de la galaxia observado por el instrumento HAWK-I del Telescopio Muy Grande. Crédito: ESO/Lara-Nogueras et al.  

En consecuencia, deberían haber llegado a la Tierra hace mucho tiempo. Al no encontrar pruebas que apoyasen esta idea, concluyeron que esas civilizaciones no debían existir y que la humanidad estaba sola. Con el tiempo, esta postura llegó a convertirse en la conjetura de Hart-Tipler (H-TC, por sus siglas en inglés). Es un ejemplo más de la popular paradoja de Fermi. Desde entonces, ha habido multitud de trabajos intentando resolver este misterio. Ahora, David Kipping ha presentado su propia versión de esta hipótesis.

Lo ha presentado como la conjetura cosmológica de Hart-Tipler (CH-TC). Este nuevo modelo utiliza una ecuación que incluye la aparición, la propagación y el tiempo, y tiene en cuenta la expansión cósmica, con implicaciones que dejan pocas lecturas (y no especialmente positivas). Desde que se plantease en 1950, la paradoja de Fermi ha dado lugar a todo tipo de respuestas. El propio Fermi, junto a sus compañeros, concluyó que, si los viajes interestelares fuesen posibles, los extraterrestres ya deberían haber visitado nuestro planeta en diferentes ocasiones.

Una idea que ha dejado muchas posibles respuestas

Desde entonces, ha habido muchos trabajos alternativos. En 1983, Carl Sagan y William Newman publicaron su propio trabajo, criticando los cálculos utilizados por Hart y Tipler, incluyendo diferentes cálculos y suposiciones. Entre ellas estaba la hipótesis de que las civilizaciones extraterrestres buscarían expandirse sin límites y que sus colonias durarían millones o incluso miles de millones de años. Sin embargo, como argumenta Kipping, la conjetura de Hart-Tipler parece haber experimentado un resurgimiento gracias a avances como la impresión 3D, la inteligencia artificial y los vuelos espaciales comerciales.

Estos avances han llevado a algunos investigadores a sugerir que el tipo de sondas imaginado por von Neumann, a las que llamó constructores universales, es inevitable e incluso inminente. Además, las soluciones a la paradoja de Fermi que no defienden que la vida extraterrestre inteligente sea escasa, necesitan explicaciones para justificar por qué el ser humano todavía no ha sabido nada de ellas. Entre estas ideas está la teoría de que las civilizaciones extraterrestres son muy poco comunes. Algo conocido como la hipótesis de la Tierra rara o del Gran Filtro.

Otros ejemplos son que evitan ser detectadas (la hipótesis del zoológico o la del bosque oscuro) y que los viajes y asentamientos interestelares son muy difíciles (la hipótesis de la percolación). El problema de estos planteamientos es que generalmente suponen que todas las civilizaciones siguen patrones similares de desarrollo y comportamiento. Además, suelen apoyarse en la idea de que la exploración se realizará mediante sondas autorreplicantes. Por todo esto, David Kipping decidió optar por un enfoque diferente, alejándose de esas sondas.

Una visión diferente de la vida extraterrestre inteligente que apunta a que puede ser escasa

En su lugar, explica, habla de algo que define como infección artificial. Podría ser un programa de colonización que parece sacado de la ciencia ficción, algún tipo de patógeno biológico interestelar, máquinas autorreplicantes impulsadas por inteligencia artificial o algo que ni siquiera hayamos llegado a imaginar. Para responder a la pregunta de si esta idea es plausible, Kipping presenta un modelo muy básico de infecciones artificiales, como las sondas de von Neumann o cualquier otro medio de expansión por el espacio, a escala cosmológica y teniendo en cuenta la expansión cósmica.

Concepto artístico del exoplaneta WASP-107b. Crédito: Roberto Molar Candanosa/Johns Hopkins University

Es decir, en una escala espacial muy superior a la de la Vía Láctea y una escala temporal comparable a la vida del universo. El modelo solo tiene tres parámetros: una tasa espontánea de aparición de vida inteligente (λ), una velocidad de propagación (u) y un momento inicial para el cálculo (t). La expansión del universo es un aspecto fundamental. Todas las soluciones propuestas hasta ahora, incluyendo la conjetura de Hart-Tipler, se centran solo en la Vía Láctea.

Sin embargo, Kipping explica que, si se toma en serio la propuesta de Hart y Tipler de que las sondas podrían atravesar la Vía Láctea en un periodo breve a escala cósmica, entre 300 000 y 20 millones de años, se deduce que también podrían «infectar» otras galaxias. Además, teniendo en cuenta la aceleración de la expansión del universo, habría que considerar qué sucede con naves que solo pueden viajar mucho más lentamente. Hart y Tipler, en su momento, plantearon velocidades de entre el 1% y el 10% de la velocidad de la luz. ¿Lo más sorprendente? Que incluso esas velocidades son demasiado rápidas…

Pero eso lo exploramos en la segunda parte del artículo, que se publicará este martes, 16 de junio.

Referencias: Universe Today