Esta semana, en Crónicas bajo la bóveda celeste 1×21, hablamos de cómo se determinó que la galaxia de Andrómeda era un objeto muy lejano, y una galaxia en sí misma, en lugar de una nebulosa de la Vía Láctea. Además, también hablamos de un estudio que analiza el impacto que pudo tener Júpiter en que apareciese vida en la Tierra.

Crónicas bajo la bóveda celeste 1×21: Cuando Andrómeda dejó de ser una nebulosa

Una de las grandes preguntas, en las primeras décadas del siglo XX, tenía que ver con la naturaleza de lo que entonces se conocía como nebulosas espirales. En aquel entonces, había muchas dudas sobre qué eran aquellos objetos. Algunos planteaban que eran nebulosas que formaban parte de la Vía Láctea. Otros, sin embargo, planteaban que se trataba de sistemas estelares, como nuestra propia galaxia. Por lo que, en consecuencia, debían estar mucho más lejos. Todo esto nos dejó algunos momentos que resultan muy curiosos.

Júpiter y la vida y Crónicas bajo la bóveda celeste 1x21
La galaxia de Andrómeda. Crédito: Adam Evans

En 1920, por ejemplo, hubo un debate entre Harlow Shapley y Heber Doust Curtis, donde cada uno planteaba posturas diferentes (con sus aciertos y errores). En 1923, Edwin Hubble descubrió una variable cefeida en la galaxia de Andrómeda y eso abrió la puerta a que se pudiese medir a qué distancia estaba de la Tierra. El avance fue posible gracias a la llegada de tecnología que, solo unas décadas antes, hubiera sido inimaginable, así como al exhaustivo y laborioso trabajo de figuras como Henrietta Swan Leavitt, cuyo trabajo fue indispensable.

Las estrellas variables resultaron ser una herramienta fantástica para medir distancias en el universo. De hecho, es uno de los primeros peldaños de lo que conocemos como la escala de distancias astronómicas. En realidad, determinar que Andrómeda era una galaxia fue solo el primer paso hacia una serie de preguntas, y oportunidades para entender el universo, que hasta ese momento hubieran sido imposibles de plantear. Puedes escuchar Crónicas bajo la bóveda celeste 1×21 en la aplicación de iVoox en iOS y Android; en la web, en este enlace; o aquí mismo:

YouTube: El papel de Júpiter en la vida en la Tierra

Por otro lado, en YouTube, hablamos de un estudio que ha analizado cómo se comportó el flujo de elementos clave para la vida hace miles de millones de años. Concretamente, los autores han querido entender qué sucedió con los elementos clave para la vida (como el fósforo y el nitrógeno). Así, han determinado que, durante los primeros millones de años de formación del Sistema Solar, ambos elementos fluían hacia el Sistema Solar exterior, donde se incorporaban a los objetos que habitarían en la región de los planetas gigantes.

Júpiter visto por la sonda Cassini. Crédito: NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Southwest Research Institute – National Aeronautics and Space Administration

Sin embargo, apenas 2-3 millones de años después, cuando comenzó a formarse la segunda generación de planetesimales, esa tendencia se invirtió. El Sistema Solar interior comenzó a acumular más fósforo y nitrógeno que las regiones más alejadas. ¿El motivo? La formación de Júpiter, que, con su enorme influencia gravitacional, se convirtió en una pieza fundamental para provocar que la región de los planetas rocosos tuviese una mayor disponibilidad de esos elementos. De forma que la Tierra adquirió el material necesario durante su propia formación.

Este proceso es interesante porque va en contra de las suposiciones que planteaban que debió llegar desde las regiones exteriores. Esto obliga a preguntarse otras cosas que no son fáciles de responder, pero también resultan muy intrigantes: ¿Y si fuese necesario que, en un sistema planetario, exista un planeta como Júpiter, que cumpla con una función similar, para que pueda aparecer la vida? De esto, y más, hablamos en el vídeo de esta semana, que puedes ver en el canal de YouTube, en este enlace, o al principio del artículo.