La agencia espacial japonesa, JAXA, ya está pensando en una de sus misiones más ambiciosas de los últimos tiempos, con el objetivo de traer muestras de un cometa. Tras el éxito de campañas como Hayabusa o Hayabusa2, está pensando en repetir esa experiencia con una nueva misión…
Traer muestras de un cometa diferente
JAXA lleva décadas logrando grandes éxitos en misiones de exploración de objetos pequeños. Hizo historia tanto con las misiones Hayabusa como Hayabusa2. Próximamente visitará los satélites de Marte con la misión Martian Moons eXploration (MMX). Pero después de eso apunta a algo mucho más primordial y, también, más difícil: un cometa. JAXA ha planteado la misión Next Generation Small-Body Return (NGSR), que se ha descrito en un artículo presentado en la Lunar and Planetary Science Conference (LPSC), y se está considerando que sea una de las grandes misiones de la década de 2030.

Su objetivo principal sería el cometa 289P/Blanpain, un cometa que tiene una historia muy interesante. Fue descubierto en 1819, pero después se dio por perdido durante dos siglos, hasta que fue redescubierto en 2003. Es algo que ha sucedido en diferentes ocasiones. Al principio, se creyó erróneamente que era un asteroide cercano a la Tierra, porque mostraba un nivel de actividad muy bajo. Después, se confirmó que era un cometa al observar un aumento inesperado de actividad en 2013. Es un cometa sorprendentemente pequeño, con un diámetro de 320 metros.
Pero lo más importante es que tiene un ritmo relativamente bajo de producción de gas y polvo. Eso hace que sea un entorno mucho más seguro para una misión como NGSR en comparación con un cometa más grande y activo. Pero, ¿por qué elegir un cometa? JAXA ya ha enviado misiones a asteroides, como Ryugu, del que Hayabusa2 trajo muestras. Pero los asteroides han sido castigados durante miles de millones de años por impactos, radiación solar… En realidad, ni siquiera la superficie de los cometas está perfectamente intacta.
Las ventajas de un cometa
A fin de cuentas, su superficie está afectada por el calentamiento del Sol y por su propia desgasificación. Lo interesante está bajo su superficie. Los cometas podrían conservar muestras de hielo y polvo primordiales de cuando el sistema solar era joven. NGSR pretende excavar y tomar muestras de ese material. El concepto puede dividirse en dos grandes objetivos. El primero es entender qué tipo de estrellas forjaron el material que terminó convirtiéndose en nuestro Sol y en los planetas. Algo en lo que los asteroides no resultan útiles.
Porque, como los asteroides han experimentado calentamiento y alteración constantes, el material presolar que contienen se ha visto alterado. Los cometas, en cambio, pasan la mayor parte del tiempo muy lejos del Sol, así que funcionan como pequeñas cápsulas del tiempo congeladas casi permanentemente. Por eso, se espera que conserven esos materiales primordiales en su estado original, permitiendo analizar cuál era la composición del Sistema Solar en su infancia. Algunas de las cosas más interesantes que se podrían detectar son los bloques de la vida.
Algunos meteoritos carbonáceos contienen materia orgánica, como los aminoácidos. Si NGSR encontrase materiales orgánicos presolares ocultos bajo la superficie de un cometa, proporcionaría una prueba directa de que los precursores químicos de la vida procedieron de las propias estrellas. Es decir, ayudaría a entender mejor cuál fue el origen del material que permitió la aparición de seres vivos en nuestro planeta. El segundo objetivo de la misión está centrado en la formación de planetas. Hoy en día, no está bien entendido un mecanismo clave…
Las muestras de un cometa ayudarán a entender el origen de los planetas
Es el que permitió que granos microscópicos de polvo fuesen capaces de agruparse en planetesimales, que medían varios kilómetros. Como los asteroides eran, originalmente, parte de un objeto mayor, apenas hay pistas del material original. La misión NGSR desplegará sismómetros y utilizará un radar para estudiar la estructura interna del cometa. Buscará huecos en su interior que puedan contener pistas sobre cómo comenzó la formación de planetas. En estos momentos, el lanzamiento de la misión está previsto para 2034.

Desde el despegue hasta el retorno de muestras pasarán 14 años. La nave tendrá dos componentes principales: un vehículo de viaje espacial, encargado de la fase de crucero entre la Tierra y el cometa, y un módulo de aterrizaje dedicado para posarse en su superficie. Una vez llegue a 289P/Blanpain en 2041, pasará un año y medio realizando operaciones de proximidad. Durante ese tiempo usará una cámara de navegación óptica, un altímetro láser y una cámara térmica infrarroja para estudiar las propiedades de la superficie del cometa.
Tras esa evaluación inicial, la nave abrirá un pequeño cráter en el cometa para recoger muestras y traerlas de vuelta a la Tierra. La fase de retorno de muestras será más delicada que en Hayabusa2, por lo que el módulo tendrá un espectrómetro para analizar el material directamente in situ. Una vez recogidas, las muestras serán almacenadas y enviadas de vuelta a la Tierra para aterrizar en 2048. Aunque de aquí a 2034 queda un largo camino por delante, así que veremos si JAXA termina materializando esta misión o se queda, simplemente, en una idea muy atractiva.
Estudio
El artículo es N. Sakatani, H. Kurokawa, Y. Shimaki et al.; «Next generation small-body sample return (NGSR): A concept study for a future Japanese mission to a comet». Puede consultarse en este enlace.
Referencias: Universe Today