El estudio de los árboles y sus anillos ha permitido descubrir la existencia de una gran tormenta solar medieval. Algo que proporciona una oportunidad fascinante de entender cómo era el comportamiento del Sol hace cientos de años. La historia que han descubierto los investigadores es de lo más interesante.
Las pistas de una gran tormenta solar medieval
En la Edad Media, algunas auroras boreales llegaron a extenderse hasta Japón. Eso ha llevado a un grupo de investigadores a buscar las pruebas de la gran tormenta solar que debió producirlas. En aquel entonces, parece que el ciclo solar era varios años más corto y el Sol estaba atravesando una fase sorprendentemente activa a comienzos del siglo XIII. O, por lo menos, esa es la historia que cuentan las pruebas que han quedado en los anillos de los árboles y los registros históricos, que sugieren que hubo llamaradas y eyecciones de masa coronal muy robustas que afectaron a nuestro planeta entre los años 1200 y 1204.

Más concretamente, un grupo de investigadores ha encontrado restos de una gran tormenta solar, en los anillos de árboles de hace 825 años. Específicamente, hablan de un evento de protones solares (SPE, por sus siglas en inglés). Se trata de un bombardeo de protones que son acelerados a velocidades cercanas a la de la luz por llamaradas solares y eyecciones de masa coronal. Los SPE pueden ser extremadamente peligrosos, porque suponen un peligro para astronautas y naves espaciales. En ocasiones, pueden incluso llegar a nuestra atmósfera.
Generalmente, el campo magnético de la Tierra mantiene fuera a la mayoría de los protones. A veces, algunos atraviesan el escudo magnético terrestre y descienden a la atmósfera, donde chocan con sus gases y crean átomos de un tipo de carbono, el carbono-14. Esos átomos se desplazan por el planeta y se incorporan a organismos vivos, incluidos los árboles. El proceso es bien conocido, pero lo sorprendente es cómo ha llegado el equipo a la pista de este episodio en la historia del Sol: fue gracias al diario de un poeta japonés…
Un diario que cuenta una historia muy intrigante
El equipo utilizó el Meigetsuki, el diario de Fujiwara no Teika (poeta y cortesano), que vivió entre 1162 y 1241, como punto de partida en su búsqueda de SPE históricos. El diario dice que, en febrero de 1204, el poeta vio “luces rojas en el cielo septentrional sobre Kioto”. Kioto está a 35 grados norte, una latitud bastante baja para ver una aurora. Normalmente las luces aurorales están confinadas a las regiones más cercanas a los polos. Pero cuanto más fuerte es la tormenta solar, más lejos se pueden llegar a ver esas luces. Para Fujiwara no Teika, debió ser algo muy extraño, porque no debió saber qué estaba viendo.
Los astrónomos chinos también observaron una aurora roja en torno al mismo período. Aunque los SPE no son responsables directos de la creación de las auroras, están conectados con las eyecciones de masa coronal que sí las provocan. Por lo tanto, una aurora muy intensa es un buen punto de partida en la búsqueda de SPE históricos. En los restos de árboles asunaro enterrados en el norte de Japón, de comienzos del siglo XIII, el equipo encontró carbono-14 contenido en anillos de árboles que datan del período entre el invierno de 1200 y la primavera de 1201.
Estos anillos son la prueba decisiva de un SPE que los investigadores definen como «subextremo». Los propios autores explican que su estudio proporciona una base para detectar SPE subextremos. Estos SPE son más comunes y tienen una energía entre el 10% al 30% de los SPE más extremos, pero siguen siendo peligrosos. Aunque son más difíciles de detectar, el método permite identificarlos y comprender mejor las condiciones bajo las que es más probable que ocurran. Los investigadores aplican algo que se conoce como dendroclimatología.
Una gran tormenta solar medieval… pero no la única
La dendroclimatología es el estudio de cómo la separación entre los anillos de los árboles registra cambios climáticos. Así, los investigadores han podido deducir que el Sol debió de estar muy activo durante ese período. Los datos de alta precisión no solo permitieron datar con exactitud eventos de protones solares subextremos. También permiten reconstruir los ciclos solares de la época. Lo más interesante es que explican que la actividad del Sol, hoy en día, fluctúa en ciclos de once años, pero en aquel entonces duraba solo entre siete y ocho años, lo que indica un Sol muy activo.

El SPE que han datado se produjo en el pico de uno de esos ciclos. Curiosamente, la aurora registrada por observadores japoneses y chinos se produjo cuando el ciclo solar estaba descendiendo hacia su mínimo periódico. Esto es contrario a lo que sería esperable, que es que las condiciones fuesen peores cuando el Sol estaba más activo y expulsando más eyecciones de masa coronal. Así que los investigadores quieren estudiar a fondo qué condiciones pudieron provocarlo. ¿Cómo se puede saber la duración del ciclo solar?
Los isótopos de carbono-14 y berilio-10, contenidos en núcleos de hielo, fósiles de árboles y sedimentos, muestran que el ciclo solar ha variado en duración y actividad durante los últimos 11 000 años. Descubrir que el ciclo era más corto en la primera parte del siglo XIII no es, por tanto, una sorpresa. Sin embargo, desde alrededor de 1940, se creía que estábamos en el período más activo del Sol en 9000 años. Ahora parece que no fue así. Es un ejemplo más de que, pese a lo que podamos creer, todavía queda mucho por entender sobre el Sol y su pasado…
Estudio
El estudio es H. Miyahara, R. Kataoka, K. Yamamoto et al.; «Extremely active Sun from 1190 to 1220 in the Medieval Period: Intercomparison of historical records and tree-ring carbon-14». Publicado en la revista Proceedings of the Japan Academy, Series B el 10 de abril de 2026. Puede consultarse en este enlace.
Referencias: Space