Llega la noche, y de repente en el cielo aparece una enigmática cortina de luz de color verde… (o rojo, o azul, etcétera). Las auroras polares son un evocador fenómeno natural que nos recuerda, de una manera majestuosa y visual, que nuestro planeta está conectado al Sol de una manera mucho más profunda que sólo la de la luz del Sol. Pero, ¿por qué se producen?

Antes de comenzar este artículo, quiero agradecer a Luca Bocci, Márketing Manager de la Oficina de Turismo de Noruega en Madrid, su ayuda para permitirme ilustrar este artículo con imágenes de las auroras boreales que se producen en este país escandinavo, que desde pequeño me ha resultado cautivador. 

Qué son las auroras polares

La Aurora Boreal sobre la montaña "Vågakallen" en Lofoten, Norte de Noruega.  Crédito: Stockshots - Visitnorway.com
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La Aurora Boreal sobre la montaña «Vågakallen» en Lofoten, Norte de Noruega.
Crédito: Stockshots – Visitnorway.com

El nombre de este fenómeno natural procede de la diosa romana del amanecer, Aurora. Curiosamente, no hay muchas referencias a las auroras boreales (son australes si se producen en el hemisferio sur) en la antigua mitología nórdica. La explicación es más simple de lo que pudiera parecer: a pesar de que es un fenómeno muy común hoy día en Escandinavia e Islandia; es posible que el Polo Norte magnético estuviese considerablemente más lejos de esta región durante aquella época. Hoy en día, la aurora boreal es visible en Islandia, Noruega, Suecia y Finlandia desde septiembre a abril. 

Las auroras boreales y australes son muy comunes en las latitudes más altas de ambos hemisferios, y su frecuencia va bajando a medida que nos acercamos al ecuador, donde son extremadamente raras, y sólo se presentan bajo circunstancias poco habituales. Suelen presentar un tono verdoso, pero pueden ser también de color rojo, azul, violeta, rosa o blanco. Estos colores aparecen en una sucesión constante de formas cambiantes. A veces, la aurora es tan tenue y está tan dispersa que se la puede confundir con nubes o con la propia Vía Lácea; en otras ocasiones, sin embargo, es tan brillante que se puede leer bajo su luz.

Cómo se forman

La aurora boreal sobre el Ersfjord, en la ciudad de Tromsø, Noruega  Crédito: Bjørn Jørgensen - Visitnorway.com
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La aurora boreal sobre el Ersfjord, en la ciudad de Tromsø, Noruega
Crédito: Bjørn Jørgensen – Visitnorway.com

Las auroras son el producto de colisiones entre los electrones y protones, procedentes del espacio, con el oxígeno y nitrógeno que está presente en las capas altas de la atmósfera. Los electrones transmiten su energía a los átomos y moléculas de oxígeno y nitrógeno, excitándolas (la excitación es, simplemente, un aumento en el nivel de energía del gas; es decir, si el nivel normal de energía del oxígeno es 1, y de repente pasa a 3, decimos que las moléculas de oxígeno han sido excitadas). Cuando estos gases vuelven a su estado normal, emiten fotones, pequeñas ráfagas de energía en forma de luz. Si la cantidad de electrones que bombardea la atmósfera es lo suficientemente alta, la cantidad de fotones liberados es tal que podemos ver la luz que emiten. La mayoría de auroras suceden en una franja de 100 a 400 kilómetros de altura por encima de la superficie.

La Aurora Boreal en Lofoten, Norte de Noruega  Crédito: Stockshots - Visitnorway.com
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La Aurora Boreal en Lofoten, Norte de Noruega
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El color de la aurora depende del tipo de gas (oxígeno o nitrógeno) que esté siendo excitado, y cuánta sea esa excitación. El color también depende de la velocidad de movimiento de los electrones, y de cuánta energía tenían en el momento del impacto con las moléculas de gas. Los electrones con una cantidad alta de energía provocan que el oxígeno emita una luz verde (que suele ser el color más típico de las auroras), mientras que los electrones con una cantidad baja provocan que la luz sea roja. En el caso del nitrógeno, la luz suele ser azul. La mezcla de estos colores produce el resto, que son tonos de púrpura, rosa y blanco.

Dónde son visibles

En este mapa de la NOAA se puede apreciar las zonas de visibilidad de la Aurora Boreal en función de la intensidad de la actividad geomagnética (cuanto más grande sea el número, más intenso).
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En este mapa de la NOAA se puede apreciar las zonas de visibilidad de la Aurora Boreal en función de la intensidad de la actividad geomagnética (cuanto más grande sea el número, más intenso).

Las auroras suelen ocurrir en una zona circular, de unos 4,000 kilómetros de diámetro, alrededor de los polos magnéticos de la Tierra, a los que llamamos óvalos aurorales. En el caso del óvalo del norte, llega hasta el centro de Alaska y Canadá, Groenlandia, el norte de Escandinavia y Rusia. En el hemisferio sur, el óvalo rodea la Antártida, aunque a veces puede llegar a las costas de Nueva Zelanda, Chile y Australia.

Quizá hayas pensado alguna vez que el mejor lugar para ver una aurora es lo más cerca posible del polo. Si es así, debes saber que te equivocas. Las auroras son más bien raras en los polos geográficos y magnéticos. De hecho, si fueses al polo norte, tendrías que mirar hacia el sur para poder ver una en el cielo. El tamaño de los óvalos cambia según la actividad, a veces cubren un diámetro mayor (cubriendo gran parte de Norteamérica y Europa) y otras veces más pequeño, del mismo modo, ambos óvalos son idénticos en los dos polos del planeta.

Cuándo son visibles

La Aurora Boreal sobre Sørøya en Finnmark, Norte de Noruega  Crédito: Bård Løken - Visitnorway.com
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La Aurora Boreal sobre Sørøya en Finnmark, Norte de Noruega
Crédito: Bård Løken – Visitnorway.com

Aunque sólo son visibles de noche (porque la luz de una aurora es un millón de veces más tenue que la del Sol), las auroras ocurren constantemente a lo largo del día. La contaminación lúminica hace que sea difícil verlas, excepto en zonas rurales, o durante un vuelo cercano a los polos, aunque si la aurora es muy brillante, será visible desde las ciudades, e incluso a través de nubes finas. El mejor momento para observarlas es hacia la medianoche.

Cuanto más al sur, más raro es el fenómeno, pero no sólo depende de nuestra localización geográfica (en España, directamente, no suceden), si no que también dependen de la actividad del Sol. Es mucho más frecuente que haya auroras cuando la cantidad de manchas solares es alta, es decir, durante el pico del ciclo de actividad solar de 11 años. En esas condiciones, se puede llegar a ver una aurora mucho más al sur (llegando incluso al norte de Francia y el sur de Reino Unido). En casos extremos (como uno del que hablaré ahora más adelante) las auroras pueden llegar a ser vistas mucho más cerca del ecuador.

La Tierra no es el único lugar en el que suceden

Una Aurora polar sobre Júpiter. Crédito: John T. Clarke (University of Michigan, NASA)
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Una Aurora polar sobre Júpiter.
Crédito: John T. Clarke (University of Michigan), ESA, NASA

En nuestro propio Sistema Solar hemos visto auroras en Júpiter, Saturno y Urano. Cualquier planeta que tenga un campo magnético y una atmósfera probablemente tengan auroras (Marte y Venus no tienen una magnetosfera como la de la Tierra, y Mercurio apenas tiene atmósfera). Como este fenómeno indica la presencia de una atmósfera, puede que en algún momento seamos capaces de usarlas como pista para encontrar planetas, más allá de nuestro sistema solar, que puedan albergar vida.

Además, como quizá hayas presupuesto ya, las auroras no se corresponden con los polos geográficos del planeta, si no con los polos magnéticos. O lo que es lo mismo, cuando el campo magnético de la Tierra se invierta, habrá momentos en los que los polos magnéticos estarán cerca del ecuador terrestre, y por tanto, es posible que podamos ver auroras en estas latitudes (bueno, nosotros no, nuestros descendientes lejanos).

Las auroras boreales también han sido visibles en España…

Aunque es muy poco frecuente, en España ha habido también casos de auroras boreales. Hay dos en particular muy conocidos, y para el primero del que vamos a hablar, es posible que alguno de vuestros mayores os pueda contar incluso su propia experiencia en primera persona, porque sucedió en 1938…

La aurora boreal de 1938

Esta Aurora Boreal, en  Kautokeino, Finnmark, Noruega, muestra más variaciones de color, llegando al blanco y el azul.  Crédito: Terje Rakke/Nordic Life - Visitnorway.com
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Esta Aurora Boreal, en Kautokeino, Finnmark, Noruega, muestra más variaciones de color, llegando al blanco y el azul.
Crédito: Terje Rakke/Nordic Life – Visitnorway.com

En plena guerra civil, el 25 de enero de 1938, se produjo una intensa aurora boreal que fue visible desde toda la Península Ibérica, y quedó plasmada en los diversos medios de la época, recogiendo testimonios de personas en Madrid, Barcelona y Alicante. El fenómeno fue de un marcado color rojizo (no sólo en España, si no en gran parte de Europa), llevando a muchos a creer que se trataba de un incendio en las cercanías.

Por la información que conservamos, el fenómeno tuvo una duración de 7 horas (de 20 de la tarde a 3 de la mañana). Si hubiese sucedido hoy en día, por el color rojizo que tuvo, es muy probable que no la hubiésemos llegado a ver en nuestras grandes ciudades, salvo que hubiese sido muy intensa.

El evento Carrington

Es muy posible que las auroras boreales que se llegaron a ver en la Península tuvieran un aspecto similar a ésta. Crédito: Tobias Billings / NASA
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Es muy posible que las auroras boreales que se llegaron a ver en la Península tuvieran un aspecto similar a ésta.
Crédito: Tobias Billings / NASA

El evento Carrington es el nombre que recibe la tormenta solar más potente registrada hasta el momento. Sucedió entre el 1 y 2 de septiembre de 1859. En aquella época, el daño tecnológico fue mínimo, la incipiente red de comunicaciones (cables de telégrafo) se vio fuertemente afectada, provocando incendios en Europa y en Norteamérica (aunque trataremos este evento en particular, y el riesgo de las tormentas solares, en un artículo futuro).

En el aspecto que nos ocupa, las auroras boreales fueron tan intensas, que llegaron a ser observadas en Cuba (por la parte de Norteamérica) y en Sevilla (por Europa), de nuevo, por lo que ha quedado escrito, de un color rojizo. En el caso de las regiones más al norte, los textos indican que la aurora llegó a ser tan intensa que se pudo leer bajo su luz en plena noche. No fue la única que iluminó el cielo de la Península Ibérica en el siglo XIX. Once años atrás, en 1848, otra tormenta solar provocó una aurora boreal que llegó a ser observada en Madrid.

La Aurora Boreal sobre Ersfjorden, en Kvaløya, Noruega.   Crédito: Gaute Bruvik - visitnorway.com
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La Aurora Boreal sobre Ersfjorden, en Kvaløya, Noruega.
Crédito: Gaute Bruvik – visitnorway.com

Aunque hoy en día son un fenómeno que asociamos casi exclusivamente con las zonas más cercanas a los polos del planeta, no hay ningún motivo para que, en las próximas décadas, podamos ver con nuestros propios ojos un fenómeno tan espectacular. Eso sí, es muy probable que, de ser así, no nos parezca tan fascinante, porque probablemente será producto de una tormenta solar tan fuerte que pondrá en juego nuestra tecnología.

Hasta que llegue esa tormenta (que llegará tarde o temprano), siempre nos quedará Noruega para ver las cautivadoras luces del norte…

Referencias: NASA, El Mundo y Wikipedia