Venga, seguro que alguna vez has oído alguna de las distintas explicaciones que circulan por ahí sobre por qué el hombre nunca llegó a la Luna. Desde que, simplemente, era imposible con la tecnología del momento (porque claro, hoy en día no salimos de la órbita baja de la Tierra), hasta que fue un rodaje en el desierto llevado a cabo por Stanley Kubrick. Aunque algunas de las teorías son bastante descabelladas… ¿cómo podemos saber que la NASA no nos está dando gato por liebre?

La Tierra asoma por el horizonte lunar poco antes del aterrizaje del módulo lunar del Apolo 16
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La Tierra asoma por el horizonte lunar poco antes del aterrizaje del módulo lunar del Apolo 16

Según la versión oficial, unos tales Neil Armstrong y Buzz Aldrin aterrizaron en suelo lunar el 20 de julio de 1969, y pusieron pie en la superficie 6 horas después. Según la propia NASA, hubo otras 5 misiones adicionales que también llegaron a la Luna y un total de 12 personas que caminaron sobre ella. Es más, según la NASA, se gastaron 24.000 millones de dólares en el programa Apolo (que hoy en día serían equivalentes a 150.000 millones), en el que, supuestamente, trabajaban unas 400.000 personas y contaron con el apoyo de más de 20.000 empresas e instituciones de investigación. Supuestamente, claro, siempre que nos guíemos por la versión más popular de la conspiración, que es que todo esto en realidad sucedió en un estudio… (y cualquiera se fía de los yankis, ¿no?).

Entre las «evidencias» para desmentir que de verdad llegásemos a la luna, suelen aparecer menciones de que las sombras en la superficie lunar son incorrectas, que no se ven estrellas en el cielo, que la bandera estaba arrugada (por el viento, claro, ¿por qué otra cosa si no?) y un largo etcétera. En realidad, todo se puede explicar con ayuda de la ciencia, pero es cierto que algunos de los aspectos pueden resultar poco evidentes o algo más enrevesados de lo que uno podría esperar.

Un secreto monumental

Imagen del Lunar Reconnaisance Orbiter de la superficie de la Luna, y la zona de aterrizaje del Apolo 11
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Imagen del Lunar Reconnaisance Orbiter de la superficie de la Luna, y la zona de aterrizaje del Apolo 11

El principal pilar de cualquier conspiración requiere que un pequeño grupo de gente guarde un secreto muy, muy grande. Y desde luego que eso puede pasar, el problema es que, en este caso en particular, el grupo necesario para crear naves en las que pudiesen viajar humanos hasta nuestro satélite, y hacerlos volver, es de unas 400.000 personas (que además, todas y cada una de ellas, sin excepciones, hubieran mantenido todo en secreto durante 46 años)… Pequeño, lo que se dice pequeño, no es que lo sea…

Cuando pasa algo grande, o especial (como el meteorito de Cheliábinsk), vemos evidencias por todas partes (bueno, especialmente en los salpicaderos de coches rusos, pero eso es tema aparte). En el caso del aterrizaje en la Luna, la NASA sugiere que recurramos al mismo método. Hay astrónomos independientes que siguieron el lanzamiento de los cohetes y su escape de la gravedad terrestre. Los rusos (todavía más importantes en este caso, ya que estaban en una encarnizada lucha con los americanos por llegar allí primero) también los siguieron con bastante decepción. Y podéis estar seguros de que si hubiera sido un montaje, hubieran sido los primeros en denunciarlo. Máxime en aquella época.

Es más, la NASA sigue publicando material que demuestra que sí estuvimos en la Luna. Hace poco, publicaron imágenes de alta resolución de la superficie de la luna hechas por su Lunar Reconnaissance Orbiter, en el que se pueden ver todos los sitios de aterrizaje de las misiones Apolo, las banderas (excepto la de Apolo 11, que salió volando debido a los gases del tubo de escape del motor de ascenso. Es más, los astronautas colocaron retrorreflectores durante las misiones 11, 14 y 15 que podemos utilizar para calcular la distancia a nuestro satélite con un 1 centímetro de margen de error.

Las «pruebas» de la conspiración

La bandera en movimiento

La bandera que Neil Armstrong enterró en la superficie lunar durante la misión Apolo 11 parece ondear en el aire. Si en la Luna todo es vacío, debería estar impoluta. ¿No?. Pues no, para nada. Una cosa es que haya vacío, y otra cosa es que el material se vuelva rígido como el cemento. Se puede manipular.

En realidad, la bandera parece estar en movimiento porque el astronauta acaba de plantarla en el suelo, y la inercia de ese movimiento (al soltarla) se esparce por toda la superficie de la bandera. Es más, aunque de manera accidental, los astronautas doblaron en varias ocasiones las varas horizontales que sujetaban la bandera, creando una sensación de ondeaje.

La foto de Neil Armstrong

En esta foto de Buzz Aldrin, algunos quieren ver una conspiración. Sabemos que sólo Armstrong y Aldrin caminaron sobre la superficie de la Luna al mismo tiempo. Y sin embargo, en esta foto, en el reflejo del visor de Aldrin se ve a los dos astronautas y ninguno parece sostener una cámara. ¿Dónde estaba?

Las cámaras estaban pegadas al pecho de los astronautas. Es más, si os fijáis en Armstrong (que aparece al lado del módulo lunar Eagle) tiene sus manos a la altura del pecho, donde se encontraba la cámara.

La falta de estrellas en el cielo

En todas las imágenes, en ningún momento se ve ninguna estrella en el cielo. Si estamos en el espacio, donde la noche es casi perpetua, deberíamos poder ver las estrellas con facilidad. ¿No?

Para nada… la superficie de la luna refleja la luz del Sol, y ese brillo hace que las estrellas sean difíciles de ver. Además, todas las fotos están tomadas con valores de exposición muy bajos (un cuarto de segundo), que no es tiempo suficiente como para que las estrellas lleguen a quedar registradas allí.

El aterrizaje no levantó polvo lunar

El módulo lunar parece estar posado sobre una superficie muy quieta. Según los defensores de la conspiración, el descenso del módulo lunar debería haber provocado una enorme nube de polvo y con el descenso se hubiera creado un cráter fácilmente visible.

En realidad, los motores del módulo fueron apagados poco antes del aterrizaje, y no planeó el tiempo suficiente ni para crear un cráter por la fuerza del empuje del motor, ni para levantar mucho polvo lunar. En muchas películas de ciencia ficción se representan los aterrizajes con una especie de chorro gigantesco de fuego que sale de los motores para frenar la nave, pero en realidad no hace falta algo así para posar la nave.

La iluminación es extraña

En esta imagen podemos ver a Aldrin en la sombra del módulo lunar, y sin embargo, está claramente iluminado. Para los que apoyan la conspiración, estas sombras son inexplicables (así como otras que no son paralelas entre sí) y demostraría que la luz vendría de diferentes fuentes, exactamente como sucedería en un estudio.

No se equivocan, ¡claro que la luz venía de diferentes fuentes! Desde la luz reflejada por la Tierra (igual que la Luna refleja la luz del sol), la luz reflejada por el módulo lunar, los trajes solares y por la propia superficie lunar. Además, la superficie lunar no es plana, ni mucho menos, así que las irregularidades provocan que las sombras sean diferentes a las de otros objetos en la zona.

Huellas en el suelo

En esta imagen se puede ver la huella de una de las botas de Buzz Aldrin, al levantar el pie para tomar una imagen del suelo lunar y estudiar sus propiedades. Las imágenes de las misiones Apolo muestran montones de huellas de las botas de los astronautas a medida que estos se desplazaban por la superficie. Para los defensores de la conspiración, las huellas son demasiado claras para haber sido hechas en un mundo completamente seco, y encajarían mucho mejor con la arena mojada.

Sin embargo, el polvo lunar es increíblemente fino. Visto en un telescopio, parece ceniza volcánica, así que cuando lo pisas, se comprime fácilmente y toma la forma de lo que lo haya pisado. Como en la Luna no hay aire, esas huellas pueden permanecer intactas durante muchísimo tiempo.

No se pueden ver los objetos que supuestamente dejaron allí

Antes de que Armstrong y Aldrin abandonasen la Luna, dejaron tras de sí parte del módulo lunar Eagle, la bandera de Estados Unidos (que fue arrancada del suelo poco después, al despegar la nave para realizar el ascenso) y otros instrumentos y recuerdos, como el seismómetro que acompaña este párrafo. Para los defensores de la conspiración, la prueba de que no llegamos a la Luna está en que no podemos ver estos objetos en la superficie de la Luna a pesar de tener potentes telescopios que pueden observar galaxias a miles de millones de kilómetros.

La verdad es que, simplemente, no tenemos un telescopio que tenga tanta resolución. Como mucho, podríamos ver algo que fuese más grande que una casa. Esto puede ser un tanto lioso, así que lo desarrollaré un poco más: Una galaxia, aunque mucho más lejana, tiene miles de años luz de superficie (pongamos 50.000 años luz). Por tanto, aun estando infinitamente más lejos de nosotros que una bandera en la Luna, es también inmensamente más grande, así que es mucho más fácil verla.

Luces extrañas

En la parte superior izquierda de la imagen puedes ver dos formas de luz bastante extrañas. Es más, son tan extrañas que parecen luces de estudio en un set de producción (al menos eso es lo que creen algunos defensores de la conspiración).

Pero seamos realistas, y derrotemos este punto con sus propios argumentos. La NASA se gasta millones en crear un falso estudio de rodaje para simular un aterrizaje en la Luna… ¿y se olvidan de ocultar los focos en esta foto? ¿En serio? Evidentemente, no son más que destellos en la lente de la cámara.

Los retrorreflectores

Como ya he dicho antes, en las misiones 11, 14 y 15 del progama Apolo, los astronautas dejaron retrorreflectores en la superficie lunar para permitirnos realizar mediciones de la distancia a la Luna. En el vídeo que acompaña el artículo podréis ver (en esplendorosa calidad de patata y perfecto inglés) el experimento de los conocidos Mythbusters para demostrar que los retrorreflectores están allí. La versión abreviada es la siguiente: si podemos apuntar un láser lo suficientemente potente a la superficie de la Luna, y en concreto a la zona donde está cualquiera de esos retrorreflectores, entonces podremos medir cuantos fotones vuelven. No vale un puntero laser cualquiera, evidentemente, así que recurren al de un observatorio (que emplea 1  gigavatio de potencia) para llevar a cabo el experimento.

 

 

 

Y como bonus definitivo, la misión del Apolo 16…

El rover lunar

En las misiones de los Apolo 15, 16 y 17, a los de la NASA se les fue tanto la olla (o les sobró presupuesto del montaje que hicieron con Kubrick, vaya usted a saber) que directamente decidieron que, ya que habían ido unas cuantas veces a la Luna, tocaba hacerlo a lo grande. Decidieron llevarse un rover a la superficie lunar para realizar diversas mediciones y experimentos, y, para suerte nuestra, grabaron varios vídeos, durante las misiones Apolo conduciéndolo allí arriba. Este es uno de ellos, de la misión Apolo 16: