Un nuevo estudio plantea que la formación de la Tierra no es fruto de la casualidad. Según se ha desvelado en el trabajo, en realidad, prácticamente se puede decir lo contrario: lo raro hubiera sido que no se hubiese formado un planeta como el nuestro, teniendo en cuenta lo que conocemos sobre el Sistema Solar.
La Tierra no es una anomalía incluso sin condiciones específicas
A lo largo de las últimas tres décadas, los modelos informáticos sobre la formación de sistemas planetarios han mejorado muchísimo. Han pasado de ser representaciones bastante rudimentarias a simulaciones muy sofisticadas, en las que se pueden utilizar miles de condiciones iniciales diferentes para observar qué sucede. Esto nos lleva a hablar de un estudio, presentado en la conferencia Origins 2026 en París, que presenta varias simulaciones muy vanguardistas sobre cómo podría haberse formado el Sistema Solar.

Lo más interesante es que lo consigue sin partir de suposiciones sobre la arquitectura que nos resulta tan familiar. En su trabajo, Nader Haghighipour, científico planetario de la Universidad de Hawái, plantea que sus modelos, a diferencia de los anteriores, incorporan muchos puntos de partida completamente al azar. Esto permite que sea la física la que determine la evolución final de las simulaciones. Como consecuencia, son más completos. Permiten que las propias leyes de la física sean las que dicten el resultado, sin depender de suposiciones específicas.
El propio Haghighipour explicaba que, tras 30 años estudiando la formación de planetas rocosos de una manera muy particular, se ha llegado a un punto en el que se ha entendido que los modelos que se han usado hasta ahora tienen demasiadas limitaciones. Por eso, hace falta un cambio de planteamiento para seguir avanzando. El primer paso es comprender qué tipo de modelo es el que nos puede acercar mejor a entender qué permitió que el Sistema Solar se formase. Así como que terminase con la configuración que conocemos (con un planeta habitable como el nuestro).
Un inicio aleatorio
El investigador explica que el entorno más plausible para la formación de planetas habitables es un disco protoplanetario con una distribución desigual de material sólido. Así, explica que, junto a sus compañeros, ha llevado a cabo más de 1000 simulaciones de las últimas etapas de la formación de planetas terrestres. Han utilizado diferentes distribuciones de planetesimales y embriones planetarios. A fin de cuentas, como explica, nadie sabe con precisión cuál fue el punto de partida ni cómo estaba distribuido el material en un principio.
Solo podemos deducir que el disco protoplanetario estaba compuesto por objetos de distintos tamaños. Así que, con todo esto en mente, decidieron comenzar desde cero, dejando que la física de la formación planetaria dictase la evolución de las simulaciones. Es decir, sin adaptar el modelo a lo que ya conocemos sobre nuestro sistema en el presente. Esto permitió que Haghighipour y sus colaboradores descubriesen que la formación de la Tierra, a una distancia de 1UA del Sol, surge de manera natural de la evolución del Sistema Solar.
Además, en el 28% de las simulaciones, también aparece un objeto con características similares a las de Venus. Curiosamente, con una órbita que está en ocasiones dentro de la zona habitable y otras veces ligeramente fuera. También aparece, en varias ocasiones, un objeto pequeño en las proximidades de la órbita actual de Marte. Después, los modelos de Haghighipour y su equipo simularon las interacciones entre esos planetas hipotéticos. Hasta hace no mucho tiempo, este tipo de simulaciones podía tardar entre seis y ocho meses en completarse.
El avance de la tecnología para entender que la Tierra no es una casualidad
Esas mismas simulaciones, ahora, pueden realizarse en entre seis y ocho semanas utilizando ordenadores portátiles modernos. Incluso los detalles más pequeños pueden marcar una diferencia enorme. Basta una pequeña variación en las condiciones iniciales para provocar un impacto enorme en el resultado final de un sistema. Después de que surgiese la vida, explica Haghighipour, desarrolló ramas y se bifurcó de manera que pudiese encontrar una forma de mantenerse sincronizada con la evolución que seguía nuestro planeta.

Teniendo en cuenta la abundancia de planetas del tamaño de la Tierra, incluidas pequeñas supertierras en las zonas habitables de estrellas similares al Sol, sería completamente lógico suponer que la vida como la terrestre podría ser común. Pero ¿podemos detectar vida en planetas de otros sistemas? Encontrar vida en otros planetas es algo muy complicado. Nuestra tecnología todavía no está a ese nivel, según explica Haghighipour. Este tipo de estudios permitirá comprender las características de un planeta como la Tierra.
Sin embargo, los procesos físicos que intervinieron en su formación y cómo llegó a convertirse en un mundo habitable son cuestiones que todavía están lejos de tener una respuesta satisfactoria. En cualquier caso, lo importante es que este tipo de simulaciones puede ayudarnos a entender, mejor, hasta qué punto es razonable pensar que el Sistema Solar pueda ser especial por el hecho de tener un planeta habitado. Con más simulaciones, más estudios y nuevos planteamientos, será posible tener una imagen mucho más completa…
Referencias: Phys