Un grupo de investigadores plantea, en un nuevo estudio, que las minilunas primordiales podrían ser la fuente de los meteoritos más comunes que encontramos en la Tierra. Se trata de las condritas, un tipo de meteorito que, ahora, se plantea que podría ayudar a entender todavía mejor la infancia del Sistema Solar…

Las minilunas primordiales ofrecen una posible explicación

En su trabajo, los investigadores plantean una solución para un viejo misterio de la ciencia planetaria… En los meteoritos más comunes, conocidos como condritas, podemos observar pequeños granos minerales esféricos. ¿Cómo se ensamblaron, concentraron y conservaron durante tanto tiempo? Esto nos lleva directamente a los asteroides condríticos, que son viejos objetos en órbita alrededor del Sol. Una condrita es, por tanto, un fragmento rocoso que entra en la atmósfera de nuestro planeta y sobrevive a su descenso hasta la superficie de la Tierra.

Las minilunas primordiales y los meteoritos más comunes
Fobos. Crédito: NASA / JPL-Caltech / University of Arizona

Las condritas están formadas, principalmente, por cóndrulos, pequeñas gotas de roca que en otra época estuvieron fundidas, incrustadas en una matriz de grano fino. Los investigadores explican que hay varios mecanismos que pudieron crear los cóndrulos. Pero siempre ha habido dudas sobre por qué los asteroides condríticos parecen tan homogéneos. Así que buscaban un proceso que permitiese que estas pequeñas gotas se acumulasen en objetos del tamaño de asteroides. Ahora, el trabajo apunta a que esto podría suceder en las últimas etapas de la formación de los planetas rocosos.

En ese momento, los embriones planetarios, que tenían tamaños entre el de la Luna y Marte, colisionaban a menudo. Por medio de simulaciones numéricas, el equipo investigó diferentes escenarios de colisiones gigantes entre embriones planetarios que generaban láminas de eyecta, tanto fundida como sólida. La eyecta es, simplemente, el nombre que recibe el material expulsado de la superficie de un objeto en una colisión. Parte de ese material seguía ligado gravitacionalmente y terminaba estableciéndose en un disco de escombros denso y en rotación alrededor del embrión impactado.

Un disco que permite explicar muchas cosas

A este disco, los investigadores lo denominan circunembrionario porque rodea al embrión protoplanetario. Ese embrión sigue en crecimiento, acumulando más material y dando lugar a objetos más grandes, hasta que llega la formación de satélites del tamaño de asteroides. Este proceso permite entender cómo se desarrolló la formación de los satélites de Marte, Fobos y Deimos. Los satélites del tamaño de asteroides, que resultan de este proceso, están compuestos casi por completo de material procedente del impacto original.

Se parecen, tanto en tamaño como en composición, a los asteroides condríticos. Lo más importante es que el estudio explica que algunos de estos satélites pueden escapar de sus órbitas alrededor del embrión planetario. De tal manera que, en su lugar, terminan en órbitas independientes alrededor del Sol. Esos satélites escapados se convierten, después, en los cuerpos progenitores de los asteroides condríticos, la fuente de las condritas que llegan hasta la Tierra. Es decir, todo el proceso está relacionado y se remonta a hace miles de millones de años.

El modelo conecta la producción de cóndrulos y la formación de condritas, en lugar de tratarlas como problemas por separado. La dinámica de la formación de planetas permite entender cómo se desarrolla todo el proceso. Es más fácil de imaginar de lo que pudiésemos pensar, porque, en un impacto gigante, se genera mucho material. Después, los discos alrededor de esos embriones protoplanetarios concentran el material y lo confinan, de manera que se forman satélites. Por último, esos pequeños satélites escapan de sus órbitas y pasan a orbitar el Sol.

Las minilunas primordiales, en cierto modo, habrían sobrevivido hasta ahora

Esos pequeños satélites son lo que podríamos entender como minilunas primordiales. Eran objetos más pequeños que los propios embriones protoplanetarios y estaban en su órbita. Pero eran objetos muy alejados de la escala de cuerpos como la Luna, Titán o Ganímedes. Al desprenderse de sus órbitas originales, esas minilunas primordiales terminaron convirtiéndose en los asteroides productores de condritas que conocemos. A fin de cuentas, si lo pensamos, el proceso es lógico: algunos objetos permanecieron en torno a aquellos embriones, convirtiéndose (por ejemplo) en Fobos y Deimos.

Concepto artístico de un cinturón de asteroides alrededor de la estrella Vega. Crédito: NASA/JPL-Caltech

Muchos otros, sin embargo, se convirtieron en objetos que orbitan alrededor del Sol y dejaron de ser satélites para convertirse, en su lugar, en uno de los muchos asteroides conocidos. Lo más interesante es que esto redefine la imagen que se tenía de los asteroides condríticos. Una hipótesis popular planteaba que podían ser el material sobrante de la nebulosa solar. Esa nebulosa es, simplemente, el nombre que recibe la nube de gas y polvo donde se formó nuestra estrella y su sistema planetario. En su lugar, su origen es algo más enrevesado.

Son objetos que, originalmente, eran satélites en formación que escaparon del lugar donde se encontraban. En su interior, explican los investigadores, contienen un registro detallado de aquellos procesos violentos que dieron lugar a la formación de los planetas rocosos. El estudio, por tanto, no solo da una explicación al tipo de meteoritos más comunes, también plantea que, con su estudio, podríamos tener una mejor idea de cómo se desarrolló la formación de planetas. Un proceso que solo podemos deducir de manera indirecta porque sucedió hace más de 4500 millones de años…

Estudio

El estudio es H. Levison, R. Deienno, K. Walsh et al.; «Chondrite parent bodies as escaped satellites of proto-planetary embryos». Publicado en la revista Science Advances el 8 de julio de 2026. Puede consultarse en este enlace.

Referencias: Phys