¿Alguna vez has observado el cielo y has visto un anillo alrededor de la Luna o el Sol? No es un fenómeno que pase con mucha frecuencia, pero es relativamente sencillo observarlo de cuando en cuando. Si es así, es posible que te hayas preguntado… ¿qué lo provoca?

En cualquier momento del año

Una corona lunar, fotografíada en Londres el 24 de diciembre de 2015. Crédito: Lorenzo Wood/Wikipedia
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Una corona lunar, fotografíada en Londres el 24 de diciembre de 2015.
Crédito: Lorenzo Wood/Wikipedia

El efecto de ver un halo (también conocido como corona) alrededor del Sol o la Luna no es más que el efecto de la luz reflejada en millones de cristales de hielo en las partes altas de la atmósfera (a una altura de entre 5 y 10 kilómetros). Podrías pensar que es más probable verlos en invierno, pero hay que recordar que la temperatura en esa zona de la atmósfera está bajo cero durante todo el año, así que puede suceder en cualquier momento, incluso en los días más calurosos.

Normalmente, la corona suele ser visible cuando hay cirros en la atmósfera; son esas nubes finas y estiradas, que se pueden ver en las capas más altas. Si hacemos caso al refranero popular la presencia de una corona lunar es señal de que se aproxima una tormenta. Es una afirmación que no va muy desencaminada porque los cirros suelen preceder a sistemas tormentosos y suelen ser un aviso de la llegada de mal tiempo.

Cristales en el aire

En esta imagen aparecen diferentes tipos de cirros. Crédito: PiccoloNamek/Wikipedia
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En esta imagen aparecen diferentes tipos de cirros.
Crédito: PiccoloNamek/Wikipedia

Esos cristales tienen una forma hexagonal, por lo que la luz que pasa a través de ellos siempre será refractada (o inclinada) en el mismo ángulo. Es decir, la luz de la Luna (o el Sol) pasa a través de una cara del cristal de hielo y sale refractado en un ángulo de 22 grados. Precisamente, ese es el radio que tendrá la corona, y es similar al tamaño de tu mano abierta si la observas a la distancia de tu brazo estirado.

Cuando un cirro pasa sobre tu cabeza, hay millones de cristales de hielo en la atmósfera que reflejan la luz que reciben en todas direcciones. En algún momento, puede suceder que la cantidad suficiente se encuentre en la posición correcta para enviar hacia tus ojos. Sólo puedes ver la luz refractada de esos cristales, pero no la del resto, así que, en realidad, cada persona ve su propia versión privada de la corona alrededor de la Luna o el Sol (y, dicho sea de paso, sucede exactamente lo mismo con los arcoiris, cada uno ve su propia versión).

Parhelio, paraselene y columnas de luz

Un pilar de luz fotografíado en el Antártico. Crédito: Hannes Grobe/AWI
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Un pilar de luz fotografíado en el Antártico.
Crédito: Hannes Grobe/AWI

Hay una variación de la corona que es aun más llamativa y rara. Produce un efecto óptico muy llamativo. A veces, parece que el Sol tenga un compañero a no mucha distancia (como si hubiera dos soles), y siempre en horizontal, a uno u otro lado, o incluso en ambos. Es solo otro efecto más de la refracción de la luz del Sol, y es más fácil de observar cuando está cerca del horizonte. Lo llamamos parhelio. Si el fenómeno sucede con la luz de la Luna, entonces recibe el nombre de paraselene (y el reflejo no parece una falsa luna).

En ciertas condiciones, además, (especialmente en regiones del Ártico y la Antártida, donde los cristales pueden estar más cerca de la superficie), este fenómeno puede ser aun más llamativo. Por un lado, pueden aparecer columnas de luz (que refractan la luz no sólo del Sol y la Luna, si no incluso de la iluminación artificial de los pueblos y ciudades), y por otro lado, puede aparecer un círculo parhélico, que recorre el cielo a la misma altura que el Sol y en horizontal…