¿Y si el polvo lunar contuviese señales de viejas civilizaciones extraterrestres? Es decir, civilizaciones que aparecieron mucho antes de que la nuestra tuviese la capacidad de poder captar sus señales de radio. Es una idea que resulta muy interesante porque nos invita a observar estas preguntas desde una perspectiva diferente.
El polvo lunar como pista para viejas civilizaciones
La mayor parte del trabajo en la búsqueda de vida extraterrestre inteligente (SETI, por sus siglas en inglés) se ha centrado en las señales de radio emitidas por especies alienígenas. Tanto si se emitieron de manera intencionada como accidental, obliga a pensar en que hace falta que haya sincronía. Es decir, esa civilización debe estar emitiendo en el mismo momento en el que podamos detectarlo. Pero, ¿y si ahora mismo no hay ninguna civilización emitiendo señales de radio, pero sí la hubo hace 1000 millones de años? La Vía Láctea tiene unos 13 000 millones de años…

Esperar que existamos al mismo tiempo que una civilización alienígena que, además, esté intentando comunicarse es como esperar un golpe de suerte gigantesco. Sin embargo, un nuevo estudio plantea que podríamos adoptar un enfoque muy diferente: buscar pruebas de la existencia de viejas civilizaciones extraterrestres en el suelo de la Luna. La idea no es tan disparatada como podría parecer. En realidad, no quiere decir que alguna vez hubiese extraterrestres en la Luna, ni en el resto del Sistema Solar. Pero nuestro satélite es un recolector de basura muy bueno.
La propuesta del estudio es que, en lugar de buscar ondas de radio, deberíamos buscar artefactos físicos que solo pudiesen haber creado alienígenas inteligentes, y la Luna es un lugar fantástico. ¿Qué significa artefactos en este contexto? El estudio plantea dos tipos diferentes de partículas. Uno es la partícula de Arkhipov, llamada así por el astrónomo ucraniano Alexei Arkhipov. Planteó que podría haber pequeños fragmentos de residuos industriales producidos de manera accidental. Si una civilización alienígena construyese un enjambre de Dyson, parte de la estructura se destruiría con el tiempo.
Restos artificiales interestelares
Esos fragmentos podrían salir despedidos de su sistema natal y, con el tiempo, llegar hasta el Sistema Solar. No es una idea absurda, porque el Sol tarda unos 230 millones de años en orbitar alrededor de la Vía Láctea. La galaxia en sí tiene unos 13 000 millones de años. Así que el Sistema Solar ha atravesado muchas veces buena parte de la galaxia. El segundo tipo de partícula se conoce como partícula de Bracewell, por el físico Ronald Bracewell. Estas sí serían enviadas intencionadamente a otros sistemas estelares y funcionarían como «polvo inteligente».
Es posible que algunas hayan terminado en la Luna en algún momento de su historia. ¿Por qué la Luna y no la Tierra? Aunque nuestro planeta es mucho más grande, la ausencia de atmósfera en la Luna la hace mucho más adecuada. Además, tampoco tiene tectónica de placas ni ciclo del agua. Por lo que las partículas pueden pasar muchísimo tiempo en su superficie. Además, pasa por un proceso llamado jardinería de impacto. Los fragmentos de micrometeoroides que golpean la superficie renuevan la capa superior del suelo.
Esto provoca que pueda haber fragmentos microscópicos de tecnología enterrados bajo varios metros de regolito, protegidos de los rayos cósmicos que podrían destruirlos. El estudio plantea que los granos compuestos por ciertos compuestos podrían resistir ese bombardeo durante entre 100 millones y 1000 millones de años. Incluso si sobreviven, tendrían que sobrevivir a la entrada en el propio Sistema Solar y sobrevivir al impacto contra la superficie. Por lo que no todas las partículas que puedan llegar aquí tendrían por qué resistir.
El polvo lunar ofrece una posibilidad pequeña de encontrar restos de viejas civilizaciones
No está claro qué forma tendrían esos fragmentos. Podrían ser granos de solo micrómetros, o podrían quedar atrapados en pequeñas formaciones. Sin importar cuál sea su aspecto, encontrar esos restos es extremadamente difícil. Sería más fácil encontrar una aguja en un pajar. Los autores explican que analizar 1m³ de regolito lunar implicaría analizar más de un billón de granos de tamaño microscópico. No hay forma alguna de hacer que ese proceso pueda ser eficiente. Así que, como solución, plantean recurrir a la inteligencia artificial.

La idea es que un modelo artificial estudie esos granos. Así, cualquier partícula anómala podría marcarse automáticamente para estudiarla con más detalle. Además, si estos experimentos no encontrasen nada, seguirían aportando algo. Porque, según los cálculos, si no encontramos ninguna señal de tecnología en 1m³ de suelo lunar, se podrían descartar escenarios en los que las estrellas similares al Sol hubiesen dispersado más de 0,1 masas terrestres de polvo artificial durante toda la historia de la galaxia. Dicho así, puede ser difícil de poner en perspectiva.
Pero, si pensamos en posibles civilizaciones de tipo II en la escala de Kardashov, el 10% de la masa de la Tierra es solo una pequeña fracción de la cantidad de recursos que podrían utilizar en sus actividades. Además, hay otra lectura: ninguna civilización habría estado enviando intencionadamente sondas, al Sistema Solar, a una tasa de más de 400 gramos por cada 1000 millones de años. O, dicho de otro modo, aunque no son cifras concretas, permitiría establecer límites sobre cómo de abundantes podrían ser las civilizaciones en la galaxia…
Estudio
El estudio es L. Pinault, B. Lacki, I. Crawford et al.; «Micron-Scale Technosignatures: How a Cubic Metre of Lunar Regolith May Begin to Constrain the Number of Past Technological Civilisations in the Galaxy». Publicado en arXiv, puede consultarse en este enlace.
Referencias: Universe Today