Un nuevo estudio plantea que hay un sorprendente parecido entre las auroras que vemos en la Tierra y las que se producen en Ganímedes, el satélite más grande de Júpiter (y del Sistema Solar). El hallazgo ha sido posible gracias a los datos aportados por misiones como la sonda Juno…
Las auroras de Ganímedes y la Tierra tienen mucho en común
No es la primera vez que se observan auroras lejos de la Tierra, ni mucho menos. En este nuevo estudio, los resultados indican que, pese a ser dos entornos muy diferentes, los procesos físicos que generan las auroras son los mismos. Así que parece que se aplican en general a diferentes objetos celestes, y no solo a los planetas. El equipo de investigadores ha logrado observar, por primera vez, las particularidades de las auroras en Ganímedes, el satélite más grande del Sistema Solar y el único que tiene su propio campo magnético.

Es decir, es un aspecto que comparte con nuestro planeta. La observación de auroras es una de las bases del estudio del clima espacial. Permite obtener una visión muy detallada de las características y efectos de las partículas espaciales que se adentran en las atmósferas de los objetos celestes. Para el ser humano, las auroras no son ni mucho menos nuevas, las conocemos desde hace siglos. A lo largo de la historia, nuestra civilización ha visto un brillo tenue que, a veces, ilumina el cielo nocturno con luces de diferentes colores: rojo, verde, morado, azul…
Las auroras suelen tener lugar en latitudes polares, aunque en estos momentos estamos pasando por el máximo del ciclo solar. Algo que nos ha dejado episodios de observación de auroras muy lejos de las latitudes habituales (incluyendo regiones tan al sur como las Islas Canarias). En nuestro planeta, las auroras se deben a que el viento solar choca con el campo magnético de la Tierra y genera una potente interacción electromagnética. Esto hace que las partículas procedentes del espacio se precipiten hacia la atmósfera.
La actividad en el Sistema Solar
En la atmósfera, esas partículas excitan el oxígeno y el nitrógeno produciendo luz que podemos observar a simple vista. Pero, además de aquí, también se han detectado auroras en otros planetas. En Venus, Marte, Júpiter, Saturno y Urano. En la última década, la exploración del sistema joviano (así se llama el entorno de Júpiter y sus satélites) ha progresado de forma muy destacable gracias a la sonda Juno, que llegó a la región en 2016 y está a punto de cumplir diez años en funcionamiento. El objetivo principal de la misión es Júpiter, pero el 7 de julio de 2021, Juno sobrevoló Ganímedes.
Los investigadores explican que en Ganímedes también se pueden ver auroras y están causadas por la precipitación de electrones en la fina atmósfera de oxígeno que tiene. Antes de la llegada de Juno, ya se habían captado auroras en Ganímedes, pero esas observaciones estaban limitadas por la resolución de los observatorios terrestres. No eran capaces de resolver las estructuras a pequeña escala que son típicas de las auroras planetarias. Juno ha cambiado este panorama al obtener datos con una resolución de solo unos pocos kilómetros.
Gracias a esto, han descubierto que las auroras de Ganímedes están fragmentadas en una cadena de manchas. En las auroras de la Tierra y en Júpiter se han observado estructuras parecidas. En ambos casos, están relacionadas con grandes reorganizaciones de la magnetosfera, que liberan cantidades de energía gigantescas y producen una actividad muy intensa. Ganímedes interactúa con el entorno espacial de Júpiter de forma similar a como la Tierra lo hace con el viento solar. Por eso resulta un descubrimiento tan interesante, ya que las condiciones son parecidas.
Las auroras de Ganímedes y la Tierra apuntan a algo más general
El descubrimiento de manchas aurorales en Ganímedes, parecidas a las de nuestro planeta, sugiere que los procesos físicos fundamentales podrían tener lugar en muchos contextos. Siempre que se produzca un acoplamiento entre el objeto celeste, su magnetosfera y las fuerzas externas presentes en el sistema. Lo más interesante es que las observaciones de Juno de Ganímedes apenas duraron 15 minutos. No hay planes de que la nave vuelva a sobrevolar el satélite de Júpiter, así que esta es toda la información a nuestro alcance.

Esto es un inconveniente porque no es posible saber hasta qué punto son frecuentes esas manchas ni cómo evolucionan con el tiempo. Las buenas noticias son que la misión Juice (Jupiter Icy Moons Explorer) de la Agencia Espacial Europea está ya de camino a Júpiter. Llegará a su destino en 2031 y observará Ganímedes de forma dedicada. La nave está equipada con un espectrógrafo ultravioleta similar al de Juno. Así que será posible recopilar observaciones durante periodos más largos, seguir la evolución de sus auroras y, quizá, descubrir nuevos misterios.
Lo más interesante es que también es un ejemplo fantástico de cómo nuestro planeta sirve como laboratorio para entender lo que sucede en otros lugares. Del mismo modo, también para entender lo que se observa en otros entornos y ver si aquí, donde podemos estudiar todo con mucho más detalle, sucede algo similar. Ganímedes seguirá siendo un gran protagonista en los próximos años, gracias a la llegada de Juice y, también, Europa Clipper, de la NASA. Aunque el objetivo principal, en el caso de esta última, no será Ganímedes, también aportará mucha información…
Referencias: Phys