El proyecto Mars One sigue con sus intenciones de enviar seres humanos a Marte (en un viaje solo de ida) en 2026. Aunque hay mucho escepticismo en general (en el que me incluyo) parece que la organización del emprendedor holandés Bas Lansdorp no ha dejado de trabajar con ese objetivo en mente…

Sobreviviendo en el planeta rojo

Concepto artístico de las naves y astronautas del proyecto Mars One, que pretende habitar Marte en 2.026. Crédito: Bryan Versteeg/Mars One
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Concepto artístico de las naves y astronautas del proyecto Mars One, que pretende habitar Marte en 2.026.
Crédito: Bryan Versteeg/Mars One

Marte no es un lugar especialmente hospitalario para los humanos, y hay muchos desafíos que superar para poder pensar en mandar astronautas allí. Recientemente, desde el proyecto han hablado de sus avances en una de las áreas más delicadas a la hora de establecer una colonia permanente, la alimentación, y han compartidos los resultados de sus intentos de hacer crecer diferentes tipos de semillas, en una simulación del suelo marciano, para poder determinar cuáles pueden crecer allí.

En la población holandesa de Nergena, Mars One tiene una enorme casa de vidrio en la que han estado realizando diferentes experimentos. Los que nos ocupan en este artículo tuvieron lugar entre los años 2013 y 2015. Con la ayuda de simuladores de suelo marciano y suelo lunar proporcionados por la NASA, y utilizando el suelo de la Tierra como grupo de control, un grupo de ecologistas y agrónomos del Centro de Investigación y la Universidad de Wageningen ha probado diferentes semillas para ver cuáles pueden crecer en un entorno lunar y en un entorno marciano. Entre las semillas se incluía centeno, rábanos, berro hortelano y semillas de guisantes. A principios de este año, también se han añadido tomates y patatas.

Durante el primer año, en 2013, se dedicaron a investigar si era posible hacer crecer plantas en los simuladores de Marte y la Luna, partiendo de la base de que las plantas serán cultivadas en un entorno cerrado en ambos casos, ya que las condiciones exteriores son incompatibles con la vida de la Tierra. En ese primer experimento, sólo se utilizaron algunas semillas y, principalmente, plantas salvajes y tréboles (para enlazar el nitrógeno de la atmósfera y fertilizar el suelo).

El primer experimento con las semillas

Marte, fotografiado por el telescopio Hubble en 2003. Crédito: NASA, ESA, and The Hubble Heritage Team (STScI/AURA)
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Marte, fotografiado por el telescopio Hubble en 2003.
Crédito: NASA, ESA, and The Hubble Heritage Team (STScI/AURA)

Después de confirmar que las semillas germinarían en el suelo simulado después del primer año, los investigadores examinaron si las semillas recogidas de la cosecha serían capaces de volver a germinar en el mismo suelo, dando lugar a un nuevo cultivo. El resultado fue esperanzador; en los cuatros casos, las semillas volvieron a germinar sin grandes dificultades tanto en el suelo marciano como el suelo lunar.

Es interesante saber que, según ellos, las plantas crecieron muy bien en la simulación del suelo marciano, incluso mejor que en una muestra de control formada por tierra de nuestro planeta, pero pobre en nutrientes. Aun así, no todo fue un paseo triunfal, hubo dificultades durante las pruebas, siendo la más destacable el conseguir mantener el suelo húmedo y el hecho de que, aunque hubo crecimiento en el suelo simulado de Marte, no fue demasiado bueno; es decir, se formó muy poca cantidad de biomasa.

Las plantas no crecieron tan bien como las que estaban en el grupo de control (en este caso, suelo de la Tierra, rica en nutrientes), pero consiguieron reproducirse continuamente. Es una parte importante en el proceso, porque les permitió garantizar que cualquier cosecha cultivada en Marte será capaz de pasar por todo el ciclo vital. Tener la capacidad de realizar cultivos, cosecharlos, volver a plantar las semillas obtenidas y hacer crecer otras nuevas, sería suficiente para eliminar la necesidad de llevar nuevas semillas para cada ciclo de recolección, permitiendo que los colonos de Marte puedan ser autosuficientes en cuestiones alimenticias.

El segundo experimento con las semillas

Imagen de uno de los experimentos. Las semillas son, de izquierda a derecha, centeno, berro hortelano, guisante y rábano. Crédito: Mars One
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Imagen de uno de los experimentos. Las semillas son, de izquierda a derecha, centeno, berro hortelano, guisante y rábano.
Crédito: Mars One

En 2015, los investigadores llevaron a cabo su segundo experimento. En esta ocasión, tras plantar las semillas en el suelo simulado, añadieron materia orgánica para simular la incorporación de desechos orgánicos de una cosecha anterior. Cada viernes, mientras los experimentos estaban en ejecución añadieron una solución de nutrientes para imitar los obtenidos de la materia fecal y de la orina.

Los resultados volvieron a ser esperanzadores. Las cosechas crecieron y la incorporación de la materia orgánica mejoró la capacidad de retener agua del suelo. Fueron capaces de recoger de muchas de las diez siembras que habían utilizado en el experimento, obteniendo rábanos, tomates y guisantes. La única siembra que no funcionó bien fue la de semillas de espinacas, que no crecieron apropiadamente.

El experimento en 2016

Imagen de la película Marte (The Martian) en la que Mark Watney intenta cultivar vegetales en el planeta rojo. Crédito: Twentieth Century Fox Film Corporation
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Imagen de la película Marte (The Martian) en la que Mark Watney intenta cultivar vegetales en el planeta rojo.
Crédito: Twentieth Century Fox Film Corporation

Ya en este año, los experimentos del equipo se han centrado en la seguridad de la comida. Como quizá sepas, las plantas absorben los minerales del entorno que las rodea de manera natural. Las pruebas sobre la tierra, obtenida de la Luna y Marte, muestran concentraciones muy elevadas de metales pesados y toxinas, como arsénico, cadmio, cobre, plomo y hierro (que es lo que da ese color rojizo a Marte).

En este caso, se volvieron a utilizar diez siembras, pero con algunas diferencias respecto a 2015, al incluir judías verdes y patatas. Repitieron la incorporación de materia orgánica, para imitar la inclusión de las partes de plantas no comidas de anteriores cosechas, y también la incorporación de estiércol líquido para imitar la inclusión de heces humanas. Las simulaciones del suelo de Marte y la Luna contienen metales pesados como plomo, cobre, mercurio y cromo, no son un problema para las plantas, pero pueden transmitirlos a los seres humanos al comerlas, provocando envenenamiento.

Los resultados, de nuevo, parecen bastante esperanzadores. En todos los casos, las cosechas mostraron que las concentraciones de metales absorbidas estaban dentro de lo tolerable por el cuerpo humano y, por tanto, seguro para su digestión. En algunos casos (aunque no se especifican cuáles), las concentraciones de metal fueron incluso más bajas que las que encontramos en los alimentos que han crecido en suelo fertilizado.

Un estudio todavía en progreso

Concepto artístico de un astronauta en los alrededores del hábitat de Mars One. Crédiot: Bryan Versteeg/Mars One
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Concepto artístico de un astronauta en los alrededores del hábitat de Mars One.
Crédiot: Bryan Versteeg/Mars One

Los análisis continuarán. De momento sólo se han analizado cuatro de las especies, y queda mucho por delante, ya que es necesario analizar las frutas y vegetales en estado fresco, mientras estas pruebas han sido realizadas sobre material seco. Los investigadores también revisarán la cantidad de moléculas grandes, como vitaminas, flavonoides (para el sabor) y alcaloides (por los componentes tóxicos).

La esperanza del equipo es probar los diez cultivos que han crecido para poder garantizar que todo lo que crezca en suelo marciano será seguro para su consumición. Con ese fin, han creado una campaña de financiación con la intención de recibir los fondos necesarios para seguir con los experimentos y poder demostrar que, en el futuro, las generaciones que habiten Marte serán completamente auto-suficientes en la alimentación, y no tendrán que preocuparse por posibles envenenamientos por plomo o arsénico.

Las cosas no terminan aquí. Los investigadores esperan experimentar con cultivos que no dependan de un ciclo de sembrado y recogida y no sean cosechados anualmente. Entre ellos se incluyen árboles frutales para ver si es posible cultivar manzanas, cerezas y fresas en suelo marciano. También se quiere probar a cultivar semillas de altramuz (también conocido como frijol de lupino) como reemplazo de la carne en la dieta marciana.

La NASA y los Andes

Concepto artístico (de 1.989) de una misión a Marte. Crédito: Les Bossinas of NASA Lewis Research Center
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Concepto artístico (de 1989) de una misión a Marte.
Crédito: Les Bossinas of NASA Lewis Research Center

No son los únicos que están intentando determinar qué puede cultivarse en Marte y otros planetas. La NASA, desde hace años, ha estado llevando a cabo sus propios experimentos para determinar lo mismo. Con la ayuda del Centro Internacional de la Papa (en Lima, Perú), en su último experimento han cultivado patatas utilizando muestras del suelo peruviano. Durante cientos de años, los habitantes de los Andes han estado cultivando patatas en la región. Es una zona con unas condiciones áridas, así que la agencia americana cree que le servirá como un buen símil de Marte.

Estos experimentos no sólo buscan dar respuesta a los desafíos planteados por un proyecto como Mars One, si no que son parte de un esfuerzo colectivo mucho mayor, que intenta encontrar respuesta a las dificultades planteadas por la nueva era de exploración espacial en la que estamos embarcándonos. Con varias agencias espaciales y compañías privadas centradas en ponernos rumbo a la Luna y Marte, y pensando en establecer bases permanentes más allá de la Tierra, e incluso en la zona exterior del Sistema Solar, saber a qué tendrán que enfrentarse las futuras generaciones de colonos y exploradores para poder sobrevivir es algo inevitable.

Referencias: Universe Today, Mars One