¿Qué posibilidad tenemos de encontrar agua en Marte? Para una misión tripulada, sería increíblemente importante encontrar una región donde sepamos, sin género de duda, que debajo habrá un depósito de agua, que permita establecer una base y tener acceso a todo lo necesario…

Las regiones que ofrecen la mejor posibilidad de encontrar agua en Marte

Hemos mencionado en diferentes ocasiones la importancia de encontrar agua en Marte. El hielo extraído del interior del planeta no solo sirve como agua potable: también es una fuente de oxígeno y proporciona la materia prima para fabricar combustible para cohetes (para el viaje de vuelta). Así que no haría falta transportar ninguna de las tres cosas desde la Tierra y, con ello, la masa que hace falta transportar es muchísimo menor. Esto es lo que, además, conocemos como el uso de recursos in situ (ISRU, por sus siglas en inglés).

¿Cuál es la posibilidad de encontrar agua en Marte?
El cráter Jezero, observado por el róver Perseverance. Crédito: NASA

Es imprescindible para que una misión tripulada pueda convertirse en una realidad, en lugar de mantenerse como un objetivo difuso que debería tener lugar en algún momento de un futuro que nunca está demasiado definido (por ejemplo, ahora se habla de la década de 2040 pero, hace no tantos años, se hablaba de la década de 2030). Si nos limitamos a los depósitos de agua (en forma de hielo), en la superficie, las cosas no son especialmente favorables. Marte conserva su hielo en los polos, donde el Sol se mantiene bajo sobre el horizonte y los paneles solares pueden recoger muy poca energía.

El ecuador es, por supuesto, la opción más atractiva. Sin embargo, el hielo desapareció de esa región hace mucho tiempo. La atmósfera de Marte es tan fina que el hielo en superficie, simplemente, se sublima. La misión Phoenix, de la NASA, excavó hielo enterrado en latitudes altas y llegó a fotografiar cómo desaparecía. Cuanto más nos acercamos al ecuador, más profundo tenemos que excavar para encontrar hielo. Así que por eso, no resulta sorprendente que la atención se esté centrando en las latitudes medias… pero los mapas no son tan robustos.

La necesidad de disponer de mejor información

En dos estudios publicados recientemente, se analiza el problema desde enfoques diferentes. Ambos se basan en el proyecto SWIM, que permite detectar indirectamente el hielo enterrado observando cómo se calienta y enfría el terreno. La arena que se encuentra sobre hielo retiene el calor de una forma diferente a la arena situada sobre polvo. Los instrumentos térmicos en órbita, a bordo de las sondas Mars Global Surveyor y Mars Reconnaissance Orbiter, llevan años registrando esos ciclos a lo largo de los días y las estaciones marcianas.

En uno de los estudios, los investigadores han recurrido a mediciones de diferentes instrumentos y los datos de distintos modelos. Han observado que una atmósfera con más o menos polvo puede alterar los resultados. Así que han comparado tres mapas elaborados de manera independiente y han analizado en qué lugares coincidían. Las regiones donde hay una coincidencia grande entre los modelos invitan al optimismo. Curiosamente, las discrepancias pueden ser incluso más útiles, porque señalan las regiones de la superficie que no están tan bien entendidas.

Cualquier zona menos explorada (o peor entendida) es, por supuesto, un lugar maravilloso para enviar una misión robótica. Permitirá conocer mucho mejor cómo es esa región y perfeccionar la imagen que tenemos de Marte. Sin embargo, aunque es algo muy atractivo para una misión robótica, es mucho más problemático para una misión tripulada, porque los seres humanos necesitan certezas. Una tripulación no puede llegar a un lugar de Marte, poco explorado, y descubrir que en la región seleccionada no hay hielo o, como mínimo, es demasiado difícil de conseguir.

La probabilidad de encontrar agua en Marte todavía es baja…

El otro estudio hace algo diferente, pero partiendo de una base similar. Convierte el grado de confianza sobre la posibilidad de encontrar agua en una región de Marte en particular en una probabilidad. Es decir, si dos técnicas diferentes muestran que en un lugar en particular hay hielo, y otra no, también podemos darle la vuelta y convertirlo en un dato sobre Marte. Hay un 66% de posibilidades de que haya hielo en esta zona. Es algo más útil desde el punto de vista de la planificación de una misión, pero no es una solución perfecta.

Esta imagen de la atmósfera de Marte fue tomada por la sonda Viking 1 en junio de 1976. Crédito: NASA/Viking 1

A fin de cuentas, lo que necesitará una tripulación es una seguridad del 100%. Además, hay que pensar en las propias limitaciones de la tecnología. Todo lo mencionado hasta ahora tiene que ver con el primer metro del subsuelo. Un radar puede analizar el terreno a profundidades superiores a 5 metros. Sin embargo, para una tripulación que tenga que excavar ese hielo de manera realista, es mucho más interesante el intervalo entre 1 y 5 metros. ¿El problema? No hay ningún instrumento, ahora mismo, que sea capaz de estudiar esa franja.

Para ello, habría que enviar un radar de alta frecuencia, algo que todavía no se ha enviado en ninguna misión. Así que habrá que esperar a que alguna misión al planeta rojo lleve consigo este instrumento. Una vez suceda, dispondremos de una herramienta mucho mejor para poder estudiar cómo es el subsuelo al que una tripulación podría acceder. El hielo en Marte no solo es importante para ese tipo de misiones. Entender cómo está distribuido también será de ayuda para entender mejor cómo se ha desarrollado su historia hasta el presente.

Estudios

Los estudios son:

H. Sizemore, A. Pathare, C. Dundas et al.; «Thermal Detectability of Subsurface Water Ice on Mars: A Comparative Analysis for the Subsurface Water Ice Mapping (SWIM) Project». Publicado en la revista The Planetary Science Journal el 17 de julio de 2026, puede consultarse en este enlace.

S. Courville, N. Putzig, G. Morgan et al.; «Subsurface Water Ice Mapping on Mars: A Probabilistic Approach». Publicado en la revista The Planetary Science Journal el 31 de julio de 2026. Puede consultarse en este enlace.

Referencias: Planetary Science Institute