La compañía Reflect Orbital ha conseguido la aprobación para lanzar su primer satélite a la órbita baja de la Tierra. Lejos de ser una anécdota, es un movimiento que está generando mucha preocupación porque el impacto que pueden tener estos satélites en el firmamento nocturno es enorme…
Reflect Orbital ya tiene luz verde para probar su primer satélite
Reflect Orbital, desde hace ya un tiempo, está siendo protagonista de la actualidad por su ambicioso plan. La compañía quiere poner satélites en órbita alrededor de la Tierra para proyectar haces de luz hacia la superficie. Ahora, la Comisión Federal de Comunicaciones de EE. UU. (FCC, por sus siglas en inglés) ha aprobado el lanzamiento. Así, la compañía Reflect Orbital podrá lanzar su primer satélite, Eärendil-1. Una vez desplegado, contará con un reflector de 18×18m y pondrá a prueba su capacidad para reflejar luz del Sol hacia la Tierra.

La compañía quiere tener más de 50 000 reflectores rodeando la Tierra, en la órbita baja terrestre, para 2035. Por ello, no sorprende que haya muchas voces en la comunidad astronómica que han expresado su preocupación por el impacto que podría tener este proyecto. La FCC, en su aprobación, se ha limitado a asignar el espectro de radiofrecuencia que utilizará el satélite. No ha analizado qué impacto tendrá. La compañía quiere lanzar tres reflectores desplegables de prueba, espaciados entre sí por períodos de tres meses, comenzando con Eärendil-1 este mismo año.
Ben Nowack, director ejecutivo de Reflect Orbital, asegura que los tres primeros satélites también se usarán para generar ingresos para la compañía. La aprobación de la FCC menciona que el primer lanzamiento estará una órbita casi polar, con una inclinación de 88 grados, a 625km sobre la superficie de la Tierra. Por ello, lo más probable es que el despegue se produzca desde Vandenberg y que la compañía responsable sea SpaceX. En cualquier caso, es importante destacar que la idea de poner espejos en el espacio no es ni mucho menos nueva.
Siguiendo los pasos de Rusia
Es, en realidad, una idea muy antigua que se remonta a la guerra de Vietnam y a los primeros años de la era espacial. Rusia desplegó en 1992 un espejo espacial de 20m llamado Znamya-2. Tras ser desplegado desde la antigua estación espacial Mir, Znamya-2 iluminó una región de 5km, tan brillante como la Luna llena, que atravesó Europa durante la madrugada del 4 de febrero de 1993. Así que, en cierto modo, podríamos decir que Reflect Orbital busca seguir los pasos de Rusia pero, ahora, en una escala mucho más grande.
El nombre de la misión, Eärendil, procede de un personaje de El Señor de los Anillos que llevaba en la frente la luz de la estrella del alba. Para poner en perspectiva su tamaño, podemos destacar que el satélite de comunicaciones Echo-1, desplegado por la NASA en 1960, contaba con un globo de 30m de diámetro, casi el doble de la envergadura de Eärendil-1. El plan de Reflect Orbital consiste en proporcionar energía solar bajo demanda para aplicaciones que van desde prolongar las horas de trabajo hasta la ayuda en desastres y la agricultura.
También parece lógico suponer que el Departamento de Defensa de EE. UU. podría ser un cliente importante. La posibilidad de generar y vender energía solar durante los momentos de máxima demanda promete ser muy beneficiosa para la compañía. Por supuesto, la oposición al proyecto no se limita solo a la comunidad astronómica. Reflect Orbital explica que Eärendil-1 pretende demostrar la capacidad de proyectar un brillo equivalente al de la Luna llena, con una magnitud de −12,6, sobre una región de unos 5km de diámetro.
El enorme impacto en la contaminación lumínica de Reflect Orbital
Todo ese brillo estaría concentrado en una fuente concreta, en lugar de repartirse por un disco de medio grado de ancho (como el tamaño aparente de la Luna en el cielo). Además, el objetivo de generar energía solar a partir de esa fuente sugiere que Reflect Orbital quiere conseguir que el brillo sea superior. Lo peor de todo es que el cielo nocturno se ha visto sometido a una presión cada vez mayor a lo largo de la última década, algo explicado por la irrupción de Starlink, de SpaceX, y las constelaciones Qianfan, BlueWalker y BlueBird.

Todos estos satélites son reflectores involuntarios (no buscan dirigir la luz del Sol al planeta) que aparecen en las imágenes del cielo tomadas durante el crepúsculo. Lo que plantea Reflect Orbital, en cambio, es algo mucho más preocupante porque es una acción deliberada. La compañía asegura que trabajará con la comunidad astronómica para proporcionar un servicio muy localizado, anunciando con antelación cuándo y dónde se desplegarán los haces de luz. No bastará con eso para que el despliegue de la constelación no sea un problema.
Será necesario crear zonas de exclusión alrededor de reservas de cielo oscuro y grandes observatorios. Por desgracia, el impacto de estos satélites podría ser tan grande como para afectar incluso a los cielos oscuros en lugares muy alejados de las poblaciones. Además, supone todo un problema para observatorios como Vera Rubin que, después de décadas de planificación, ahora pueden verse amenazados por un factor externo que no pueden controlar. Veremos qué sucede, pero en solo unos meses sabremos cómo podrían cambiar las cosas con esos satélites…
Referencias: Universe Today