Esta semana, en Crónicas bajo la bóveda celeste 1×23, hablamos del nacimiento de la radioastronomía, los primeros pasos y su uso en la actualidad. En YouTube, además, hablamos del descubrimiento de una galaxia espiral barrada muy lejana, observada cuando el universo tenía poco más de 1000 millones de años.
Crónicas bajo la bóveda celeste 1×23: El nacimiento de la radioastronomía
A principios del siglo XX, la astronomía descubrió que había otra forma de estudiar el universo, lejos del espectro visible. La radioastronomía es una potente herramienta para estudiar el cosmos, que no ha dejado de ganar protagonismo con el paso del tiempo, dando lugar a grandes descubrimientos, como la primera imagen de un agujero negro supermasivo (el de la galaxia Messier 87), que fue captada por el Telescopio del Horizonte de Sucesos (EHT, por sus siglas en inglés). Pero sus comienzos fueron mucho más humildes.

Crédito: NASA/WMAP Science Team
Todo comenzó gracias al trabajo por conseguir mejorar la calidad de las comunicaciones por radio entre América y Europa. Había multitud de interferencias que era necesario identificar y entender. Entre ellas, se encontró una muy tenue, que solo aparecía en determinados momentos y que, además, estaba lejos de nuestro planeta. En realidad, era la emisión en el espectro de radio procedente de la región central de nuestra propia galaxia. Aquello solo fue el descubrimiento de lo potente que era el estudio de otras regiones del espectro electromagnético.
Solo unas décadas después, por pura casualidad, Penzias y Wilson descubrieron una insistente interferencia que procedía de todas las direcciones del firmamento, en todo momento. Resultó ser lo que hoy en día conocemos como la radiación de fondo de microondas. La luz más antigua del universo, emitida cuando tenía unos 377 000 años. Como siempre, puedes escuchar Crónicas bajo la bóveda celeste 1×23 en iVoox, en este enlace; en la aplicación de iVoox en iOS o Android; o también, si lo prefieres, lo puedes encontrar aquí mismo:
YouTube: Un ancestro de la Vía Láctea
Además, en YouTube, hablamos del descubrimiento de una lejana galaxia espiral barrada, observada tal y como era cuando el universo tenía unos 1300 millones de años. Es un hallazgo muy sorprendente porque es la galaxia espiral barrada más lejana que se ha descubierto. El telescopio James Webb ha permitido observar una galaxia que, a pesar de tener algunas similitudes con la Vía Láctea, también es extremadamente diferente en muchos aspectos. Uno de los más llamativos, sin duda, es el hecho de que está formando estrellas a un ritmo muy alto.

Es una galaxia muchísimo más activa que la Vía Láctea y, también, mucho más pequeña. Sorprende observar una galaxia tan avanzada en un momento tan temprano de la historia del universo. Así que será una oportunidad fantástica para refinar nuestro conocimiento sobre la evolución del universo, la formación y evolución de galaxias y mucho más. A fin de cuentas, una creencia que se había mantenido, durante mucho tiempo, era la de que las barras aparecen en galaxias espirales más maduras, pero esta, naturalmente, no cumple con esa definición.
El telescopio James Webb está siendo una herramienta fantástica para entender mejor las primeras etapas del universo. Desde su entrada en funcionamiento, ha permitido descubrir multitud de sorpresas. Desde galaxias muy jóvenes que son más maduras de lo que se esperaba, hasta formaciones mucho más misteriosas, cuya naturaleza todavía se está estudiando, como los Pequeños Puntos Rojos (LRD, por sus siglas en inglés). De esto, y mucho más, hablamos en el vídeo de esta semana, que puedes ver al principio de este artículo o en este enlace.