Los planes de SpaceX y una compañía llamada Reflect Orbital amenazan con dejarnos un cielo permanentemente contaminado. Nos dejaría una escena que parece casi sacada de la ciencia ficción pero que, de convertirse en realidad, sería un absoluto desastre: un cielo con más estrellas artificiales que reales…
Un cielo permanentemente contaminado por luces artificiales
La Royal Astronomical Society ha expresado su preocupación por la amenaza para la astronomía que suponen las propuestas presentadas por SpaceX, la compañía de Elon Musk, y Reflect Orbital. SpaceX ha solicitado el permiso para lanzar un millón de satélites que actúen como centros de datos (o datacenters, por su nombre en inglés), para la inteligencia artificial. Las estimaciones de brillo no podrían ser más desalentadoras, porque algunas previsiones apuntan a que podría haber miles de satélites que sean visibles a simple vista.

Si fuese así, serían muchos más que las estrellas que podemos ver a simple vista. Esto, además, afectará de manera muy seria a los observatorios profesionales, indispensables para que la astronomía pueda avanzar. La Royal Astronomical Society hace un análisis que resulta muy deprimente. Cada imagen que toma el Telescopio Muy Grande, del Observatorio Europeo Austral (ESO) perdería un 10% de sus datos por las estelas de satélites que capturaría. Puede parecer una cantidad pequeña de información, pero son datos que no se pueden recuperar de otra manera.
Lo peor de todo es que, pensando en la situación actual, es difícil imaginar que no pueda llegar a convertirse en una realidad. El crecimiento de la IA es imparable, con cada vez más empresas subidas al carro de un sector del que muchos anuncian una posible burbuja que no termina de llegar. Si nada lo impide, llegará un momento en el que ese lanzamiento de un millón de satélites será inevitable. Simplemente porque será una buena manera de ofrecer servicio a las necesidades de una industria que, ahora mismo, nadie tiene claro dónde tiene su techo.
El disparate de Reflect Orbital
Pero en el caso de SpaceX, más allá del drama que supondría un cielo permanentemente contaminado por luces artificiales, podemos razonar que al menos es una petición que tiene una lógica. En cuanto a que, al margen de que estemos de acuerdo o no, es entendible que busca proporcionar un servicio o cubrir una necesidad. Algo que, ni mucho menos, hace que sea un argumento suficiente para justificar perder los cielos oscuros que todavía perduran en algunos de los lugares más recónditos de la Tierra. Reflect Orbital, sin embargo, plantea algo más difícil de defender.
Su objetivo es crear una constelación de espejos espaciales para reflejar la luz del Sol hacia la Tierra durante la noche. Cada haz sería cuatro veces más brillante que la luna llena y contaminaría también las zonas fuera del propio haz. Su objetivo es lanzar 50 000 espejos, que provocarían que el cielo nocturno fuese entre tres y cuatro veces más brillante. El impacto en las observaciones astronómicas sería terrorífico. Pero es que, además, hay que sumar el impacto en el cielo nocturno desde otra perspectiva: el colapso de los ecosistemas nocturnos y su efecto incluso en el ser humano.
Lo más delirante es que Reflect Orbital asegura que la intención de estos espejos es, principalmente, vender iluminación solar dirigida después del anochecer. A largo plazo, buscan ampliar la producción solar y hacer que sea utilizable de noche. Prometen poder ofrecer iluminación localizada nocturna para diferentes actividades como tareas de rescate. En cierto modo, podríamos decir que buscan «vender el Sol bajo demanda». Es una solución absurdamente compleja para un problema que no está muy claro que realmente exista…
La esperanza de que se rechace
Tanto SpaceX como Reflect Orbital han presentado sus propuestas ante la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC). En respuesta, la Royal Astronomical Society y el Observatorio Europeo Austral han presentado sus propios comentarios oponiéndose a los planes de ambas compañías. También apoyan las presentaciones que lleguen a la FCC por parte de otras organizaciones astronómicas. Robert Massey, el director ejecutivo adjunto de la Royal Astronomical Society explica que estas propuestas son muy delicadas.

No solo por su impacto en la astronomía, también porque «obstaculizarían el derecho de todo el mundo en la Tierra a disfrutar del cielo nocturno. Eso es inaceptable.» Algo a lo que es muy difícil quitarle la razón. El cielo nocturno ha sido, desde siempre, una de las grandes joyas de nuestro planeta, una fuente inagotable de inspiración que, por desgracia, poco a poco se está perdiendo. La contaminación lumínica hace que ya haya millones de personas que vivan en zonas muy alejadas del cielo libre de contaminación lumínica. Solo conocen un firmamento con un puñado de estrellas.
Como dice Massey, «las estrellas sobre nuestras cabezas son una parte valiosa del patrimonio humano: desplegar más de un millón de satélites excepcionalmente brillantes destruiría por completo esto y dejaría cicatrices permanentes en el paisaje natural. Esperamos que la FCC rechace estos planes». La pregunta, ahora, es si realmente la FCC valorará el impacto en el firmamento, el perjuicio para los observatorios astronómicos y lo que supondría para el ser humano perder uno de sus grandes legados. Esperemos que nunca lleguemos a ver más luces artificiales que estrellas en el cielo…
Referencias: Phys