Un grupo de investigadores apunta a que, durante las primeras etapas de su historia, la Vía Láctea absorbió una pequeña galaxia llamada Loki. Para ello, se basan en el estudio de un grupo de estrellas que, por sus características, apuntan a que debieron proceder de un lugar diferente…
Loki fue una antigua galaxia… ¿o no?
La Vía Láctea creció hasta llegar a su forma actual con la ayuda de galaxias más pequeñas, con las que se ha fusionado a lo largo del tiempo. Es posible identificar qué estrellas de la Vía Láctea proceden de otras galaxias al analizar ciertas características, como las excentricidades de sus órbitas galácticas o la abundancia de elementos pesados. Si se encuentran grupos de estrellas con características similares, es posible determinar las características de las galaxias originales que se terminaron incorporando a la nuestra. Ahora, un grupo de investigadores se ha fijado en veinte estrellas.

Creen que se formaron en una galaxia enana a la que llaman Loki, que se fusionó con la Vía Láctea durante las primeras etapas de su vida. En el estudio, se explica que estas estrellas son pobres en metales, pero son diferentes de otras estrellas similares en el halo de la Vía Láctea. Las primeras estrellas que se formaron en el universo estaban compuestas únicamente por hidrógeno y helio. En su interior formaron elementos más pesados, que, posteriormente, darían lugar a la aparición de las siguientes generaciones de estrellas.
A su vez, esas generaciones posteriores fusionaron elementos todavía más pesados, y así sucesivamente hasta llegar a las estrellas modernas. Las estrellas con cantidades pequeñas de elementos más pesados, como el hierro, son pobres en metales (o, si lo preferimos, podemos decir que tienen una metalicidad baja). Las galaxias que estaban compuestas por estas estrellas de metalicidad baja hicieron las veces de bloques de construcción en las primeras etapas del universo. Se fusionaron entre sí, como explican los investigadores, dispersando su material.
Una protogalaxia que heredó sus elementos
Ese contenido estelar, gaseoso y de materia oscura se incorporó a la protogalaxia que estaba en pleno proceso de formación. Por lo tanto, es lógico suponer que las estrellas más pobres en metales, procedentes de las galaxias enanas que dieron lugar a la formación de la Vía Láctea, pueblan las regiones interiores. Por otro lado, las estrellas pobres en metales, de galaxias que se fusionaron más tarde, deberían estar en el halo, mucho más lejos. Hasta ahora, las encuestas astronómicas han encontrado multitud de estrellas pobres en metales.
Sin embargo, la inmensa mayoría están en el halo, en lugar de en el plano de la galaxia. Algunas pruebas sugieren que las estrellas retrógradas (es decir, en sentido opuesto a la rotación de la Vía Láctea), en el plano de la galaxia, solo pueden proceder de la infancia de la Vía Láctea. Las estrellas con órbitas prógradas (en la misma dirección) proceden de galaxias que fueron absorbidas en etapas posteriores. En su trabajo, los autores analizaron las propiedades de veinte estrellas pobres en metales que están en el plano de la galaxia. Había tanto estrellas prógradas como retrógradas, todas con órbitas muy elípticas.
La abundancia de metales de estos astros se comparó con la de otras estrellas del halo, estrellas de galaxias enanas y poblaciones simuladas por ordenador. Así, llegan a la conclusión de que hay señales de supernovas, hipernovas, estrellas masivas y fusiones de estrellas de neutrones, pero no de enanas blancas. Es decir, su origen debía estar en una galaxia enana que tuvo una vida breve. Algo que además era común tanto a las estrellas prógradas como a las retrógradas, por lo que su origen debía ser el mismo. Además, su origen sí es diferente al de las estrellas del halo.
No es fácil demostrar que la galaxia Loki llegase a existir
Sin embargo, hay que tener en cuenta varios factores. Los investigadores explican que las propiedades de estas estrellas encajan muy bien con un único lugar de procedencia, en lugar de haberse formado en dos regiones diferentes. También se plantearon si las estrellas prógradas podrían haber procedido de un sistema diferente, pero llegan a la conclusión de que es poco probable. La masa de estrellas y gas, de los modelos que han utilizado, apunta a que todo procedía de un mismo sistema, con una masa que sería muy similar a la de una galaxia enana (es decir, Loki).

Si hubiesen procedido de dos sistemas diferentes, los modelos indican que debería haber más masa. ¿El problema? Los propios autores lo destacan: la muestra utilizada es pequeña. Veinte estrellas es una cantidad muy limitada para llegar a grandes conclusiones sobre el pasado lejano de nuestra galaxia. Por ello, esperan que, en próximas encuestas astronómicas, mucho más grandes, como WEAVE y 4MOST, permitan entender mejor el origen de las estrellas pobres en metales que se encuentran en el plano de nuestra galaxia.
En cualquier caso, es un ejemplo fantástico de cómo un puñado de estrellas puede permitir entender mejor incluso el pasado lejano de nuestra propia galaxia. Solo podemos ver la Vía Láctea tal y como es en el presente, más de 10 000 millones de años después de que se formase. Eso no quiere decir, sin embargo, que sea imposible reconstruir su historia. Basta con disponer de suficientes datos y conocimiento para encontrar discrepancias, como ha sucedido en este trabajo. ¿Qué otras sorpresas descubriremos en las próximas décadas?
Estudio
El estudio es F. Sestito, E. Fernández-Alvar, R. Brooks et al.; «An ancient system hidden in the Galactic plane?». Publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society el 23 de marzo de 2026. Puede consultarse en este enlace.
Referencias: Phys