Un nuevo estudio plantea que las llamaradas estelares podrían permitir expandir el concepto de zona habitable. Algo que resulta muy interesante pensando en estrellas de menor masa, porque permite pintar un escenario diferente, en el que las condiciones en algunos planetas no serían tan duras como se esperaba…
Expandir la zona habitable en torno a ciertas estrellas
La búsqueda de vida lejos de la Tierra se ha centrado en exoplanetas que orbitan estrellas similares al Sol, que es una estrella de tipo G. Sin embargo, las estrellas de poca masa, de tipo K y M, popularmente conocidas como enanas naranjas y rojas, respectivamente, han sido siempre muy atractivas porque tienen vidas mucho más largas. El inconveniente de estos astros es que su zona habitable, la distancia a una estrella donde podría existir agua líquida, es mucho más pequeña que la de nuestro Sistema Solar. A esta zona habitable, la podemos llamar la zona habitable de agua líquida.

Pero hay otras zonas habitables que se pueden definir en base a diferentes aspectos. Una es la zona habitable por radiación ultravioleta. Lo que plantea esta idea es que la radiación ultravioleta de una estrella podría permitir condiciones favorables para la vida en un planeta. Los investigadores abrevian ambas ideas como LW-HZ (para la de agua líquida) y UV-HZ para esta última. En su trabajo, un grupo de investigadores de China explica que sus hallazgos podrían ayudar a entender mejor las condiciones para encontrar vida lejos de nuestro planeta.
El equipo ha utilizado una serie de modelos y cálculos para determinar si una mayor actividad de llamaradas estelares podría afectar a la distancia de una UV-HZ. El objetivo era entender la probabilidad de que se produjera la síntesis de los precursores del ARN. Es decir, los procesos químicos que permiten llegar a los bloques básicos del ARN. Además, evaluaron qué impacto tenía la actividad estelar de las estrellas de poca masa en la UV-HZ y cómo se comparaba con la distancia de la LW-HZ. Uno de los objetivos principales del estudio era entender si la UV-HZ y la LW-HZ podían llegar a solaparse.
Una idea muy intrigante, ¿pero qué resultados puede dar?
Los investigadores aplicaron su modelo a nueve exoplanetas que orbitan en torno a estrellas de tipo K y de tipo M: Kepler-1540 b, KOI-7703.01, Kepler-155 c y KOI-7706.01, de tipo K, así como KOI-8047.01, KOI-5879.01, Kepler-1512 b, Kepler-438 b y KOI-8012.01, de tipo M. Todos estos exoplanetas se cree que deberían ser rocosos, salvo Kepler-1540 b, del que se plantea que con toda probabilidad sea similar a Neptuno. Al final, los investigadores determinaron que tanto la UV-HZ como la LW-HZ pueden solaparse en estrellas de baja masa.
Sin embargo, solo tres de los nueve exoplanetas estudiados en el trabajo orbitan dentro de esta región superpuesta (KOI-8012.01, KOI-8047.01 y KOI-7703.01). Los autores del estudio explican que hacen falta más observaciones de Kepler-1540 b, Kepler-438 b y Kepler-155 c para confirmar que las temperaturas de sus superficies son compatibles con la habitabilidad. El estudio destaca que, aunque se han estudiado muchos exoplanetas de manera estadística, determinar la habitabilidad de planetas, de manera individual, en una zona habitable, sigue siendo todo un reto.
Tanto desde la perspectiva de la astrobiología como desde la observacional. Analizar la zonas habitables alrededor de estrellas, desde diferentes puntos de vista, ayuda a entender mejor la habitabilidad de exoplanetas. Al repasar el concepto de zona habitable y crear un catálogo exhaustivo, añaden, es posible deducir que los planetas rocosos en zonas habitables tanto de agua líquida como de radiación ultravioleta tienen más probabilidades de llegar a albergar vida. Las estrellas de tipo K y de tipo M son más pequeñas y frías que el Sol, con entre el 45 y el 80%, y entre el 8 y el 45% de masa, respectivamente.
Expandir la zona habitable es útil… pero hacen falta muchas cosas
Pese a esa gran diferencia con el Sol, el interés por encontrar exoplanetas en torno a estos tipos de estrellas no ha dejado de crecer, especialmente en el caso de las enanas rojas. No podemos olvidar que, aproximadamente, suponen el 70% de las estrellas de la Vía Láctea. Además, mientras que el Sol tiene una vida estimada de 10 000 millones de años, las enanas naranjas pueden vivir entre 15 y 70 mil millones de años y las enanas rojas entre 100 000 millones y 14 billones de años.

Uno de los sistemas más intrigantes, sin duda, es TRAPPIST-1, que tiene siete planetas rocosos. Todos orbitan muy cerca de su estrella, con periodos orbitales de entre 1 y 12 días. Tres están en la zona habitable. A pesar de ello, se cree que están en rotación síncrona (tardan tanto en rotar sobre sí mismos como en orbitar alrededor de la estrella, así que el mismo hemisferio apunta siempre hacia ella). Además, TRAPPIST-1 es conocida por una gran cantidad de actividad y radiación. Así que no está claro si alguno de los siete mundos podría llegar a tener condiciones habitables.
Por eso, este tipo de trabajos resulta muy interesante. Plantean que es posible que haya que tener en cuenta diferentes parámetros para determinar si, realmente, un planeta es habitable desde todas las vertientes. Porque, en el caso del Sol, no hay duda de que en su zona habitable líquida hay suficiente radiación ultravioleta. Pero en estrellas menos masivas, también está claro que este no tiene por qué ser siempre el caso. Así que, con más observaciones y mejores herramientas, tendremos una idea mucho más exacta en los próximos años…
Estudio
El estudio es G. Dong-Yang, L. Hui-Gen, Y. Ming et al; «Flare-driven habitability: Expanding life’s potential around low-mass stars». Publicado en la revista The Innovation el 6 de abril de 2026. Puede consultarse en este enlace.
Referencias: Universe Today