Un grupo de investigadores ha publicado un estudio en el que hablan de la detección de lo que parecen nubes de minerales en un planeta de lava. Algo que resulta muy sorprendente porque se pensaba que este tipo de entornos era demasiado extremo como para tener atmósfera. Es un ejemplo más de lo sorprendente que es la Vía Láctea y, por supuesto, el conjunto del universo.
Nubes de minerales en un planeta extremo
Un grupo de investigadores ha descubierto que TOI-561 b, un exoplaneta cubierto de lava, tiene una atmósfera con una capa de nubes muy reflectantes. Todo apunta a que está formada por minerales de silicato vaporizados, la misma familia a la que pertenecen materiales como el cuarzo o la arena. Algo sorprendente porque este mundo parecía demasiado extremo para llegar a tener nubes. La detección ha sido posible gracias al telescopio James Webb (JWST, por sus siglas en inglés) que observó TOI-561 b durante 37 horas.

Crédito: NASA/JPL-Caltech/R. Hurt (Caltech-IPAC)
Esto permitió seguir casi cuatro órbitas completas del planeta alrededor de su estrella. Así, los investigadores explican que han podido medir cómo cambiaban el brillo y el calor emitido por TOI-561 b a lo largo de su órbita. Esta técnica, que explican que es conocida como curva de fase, mostró que refleja una cantidad importante de la luz de su estrella y que el calor se redistribuye por todo el planeta. Esto es una pista importante, porque lo esperable, sin atmósfera, sería que ese calor permanezca en el hemisferio iluminado.
Así que los resultados apuntan, claramente, a la presencia de una atmósfera en este mundo tan extremo. En un estudio anterior, ya se había descubierto que el hemisferio diurno estaba mucho más frío de lo que cabría esperar si estuviésemos observando una superficie rocosa oscura y sin atmósfera. Algo lógico por la cercanía del exoplaneta al astro. Así que, ¿qué estaba sucediendo con ese calor que parecía faltar? Podía haber dos explicaciones: o bien se transportaba hacia el hemisferio nocturno o bien una parte importante de la radiación de la estrella se reflejaba de vuelta al espacio…
La implicación de una atmósfera
Esta segunda opción era la más interesante, porque implica que la radiación no llegaba a ser absorbida por el planeta. Al observar una órbita completa, el equipo consiguió estudiar el hemisferio nocturno, que siempre está orientado en dirección opuesta a la estrella porque el planeta está en rotación síncrona (es decir, tarda tanto en orbitar alrededor de la estrella como en girar sobre sí mismo). Así, descubrieron que no estaba lo suficientemente caliente como para explicar la diferencia. No parecía haber suficiente transporte de calor entre hemisferios para explicar la diferencia.
Así que TOI-561 b debe reflejar, aproximadamente, tres cuartas partes de la luz que recibe. Es una proporción comparable a la de Venus. ¿Cómo se puede explicar esa reflectividad tan elevada? El equipo de investigadores comparó las observaciones con una simulación por ordenador del clima del planeta. Los resultados sugieren que podrían formarse nubes de minerales de silicato en el hemisferio diurno, incluyendo dióxido de silicio y silicato de magnesio. Estas nubes actuarían como una especie de protector solar.
Al reflejar la luz de la estrella y mantener el planeta más frío, las nubes estarían actuando como agente indispensable para contribuir a que conservase una atmósfera que, de otro modo, seguramente hubiera terminado perdiendo. Los resultados refuerzan las pruebas anteriores que apuntaban a que TOI-561 b tiene una atmósfera espesa. Una atmósfera que, por cierto, seguramente se repone gracias a un suministro constante de gases procedentes del interior, liberados desde la región fundida del planeta.
Las nubes de minerales no aclaran todas las dudas
A pesar de este hallazgo tan interesante, sigue habiendo una gran pregunta que todavía no tiene respuesta. ¿Cuál es la composición de la atmósfera? Hay diferentes opciones y ninguna encaja por completo. Podría tratarse de una atmósfera densa de dióxido de carbono, similar a la de Venus, pero a temperaturas mucho más altas. Otra posibilidad es que sea rica en dióxido de azufre, un gas que también podemos encontrar en Ío, uno de los satélites más grandes de Júpiter y que también está en condiciones extremas.

Crédito: NASA Goddard Space Flight Center
TOI-561 b tiene un océano de roca fundida que cubre su superficie. Así que ese océano podría comportarse como un gigantesco volcán que abarca todo el planeta y alimenta constantemente su atmósfera. Son solo algunas opciones que pueden explicar lo que se observa. Pero eso es, precisamente, la próxima pregunta que quieren intentar responder. ¿La atmósfera de TOI-561 b se parece a la de Venus o es una versión extrema de la de Ío? Para ello, habrá que observar el exoplaneta con el telescopio James Webb.
Será necesario hacerlo en longitudes de onda más largas, en el espectro infrarrojo, para conseguir más información y entender cómo es posible que un planeta a una temperatura tan alta haya conseguido conservar una atmósfera durante miles de millones de años. En cualquier caso, estamos ante un ejemplo fantástico de cómo podemos encontrar exoplanetas, en otros lugares de la galaxia, que están en condiciones tan extremas que dejan en ridículo a mundos tan infernales como Venus…
Estudio
El estudio es S. Boucher, L. Dang, A. McGinty et al.; «A Highly Reflective Atmosphere on the Lava World TOI-561b Revealed by JWST/NIRSpec Phase Curves». Publicado en la revista The Astronomical Journal el 29 de septiembre de 2026. Puede consultarse en este enlace.
Referencias: Phys