Una idea que se ha planteado en diferentes ocasiones, en los últimos años, es que el Sistema Solar podría haber perdido un planeta. Es algo que permitiría explicar algunas de las particularidades de nuestro sistema, al comparar su aspecto con el de otros que se han descubierto en la Vía Láctea…
Un planeta perdido para explicar el Sistema Solar
El Sistema Solar tiene dos gigantes helados, Urano y Neptuno, pero se ha planteado, en diferentes ocasiones, que pudo tener un tercero en el pasado. Esto es lo que plantea un nuevo estudio. Este planeta adicional podría haber provocado una violenta reorganización de planetas hace miles de millones de años. Ese episodio pudo afectar a algunos de los satélites de Júpiter y Urano, y quizá, incluso provocar la formación de otros. Para entenderlo, tenemos que remontarnos a la infancia del Sistema Solar y sus primeras etapas.

Poco después de que los planetas se formaran, hace entre 4000 y 4500 millones de años, el Sistema Solar exterior pasó por un período de caos enorme. Es algo que se conoce como la inestabilidad del modelo de Niza (que busca explicar por qué el Sistema Solar tiene la configuración de planetas que podemos ver ahora). En aquella época, las órbitas de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno cambiaron de manera muy pronunciada. Sus órbitas se volvieron muy inestables. Los encuentros cercanos entre mundos eran frecuentes. Los planetas gigantes se acercaban entre sí.
Se atraían mutuamente con su enorme influencia gravitacional. Ese movimiento tan caótico provocó que los planetas terminasen asentándose en las regiones en las que están en el presente. Sin embargo, una pregunta para la que no hay una respuesta fácil es cómo sobrevivieron sus satélites regulares a todo ese proceso. Los satélites regulares, hay que recordar, son aquellos que se formaron con el propio planeta. Generalmente tienen órbitas en torno al ecuador (con ligeras inclinaciones) y en sentido prógrado (es decir, en la misma dirección que su rotación).
El misterio de Júpiter y sus satélites
Para entender mejor qué sucedió con un escenario tan complejo como el de los satélites de Júpiter y el de Urano, los investigadores analizaron 122 simulaciones por ordenador del Sistema Solar en su infancia. Las eligieron, entre miles de opciones, porque reproducían características importantes del Sistema Solar exterior en el presente (el Sistema Solar exterior es la región de los planetas gigantes). Los científicos utilizaron un software que estudiaba las interacciones gravitacionales entre los planetas, los satélites, el Sol y los asteroides que pasaban cerca, durante millones de años.
En esas simulaciones, probaron escenarios que comenzaban con cinco o seis planetas gigantes. El motivo es que la versión más actual del modelo de Niza plantea escenarios con uno o dos planetas gigantes adicionales que fueron expulsados del Sistema Solar en algún momento posterior. Lo más curioso es que las simulaciones por ordenador han sido muy útiles para entender mejor cómo sobrevivieron los sistemas de satélites de Júpiter y Urano. Las simulaciones mostraban que la tasa de supervivencia de ambos sistemas era muy baja.
En su trabajo, explican que la probabilidad de supervivencia de los satélites de Urano y Júpiter es, en los dos casos, inferior al 15%. De todos los escenarios que analizaron, solo uno era capaz de mostrar los satélites sobreviviendo junto a sus planetas. Cuando los planetas se acercaban demasiado a Urano, la gravedad casi garantizaba que sus satélites fuesen destruidos. En lugar de salir despedidos al espacio, chocaban entre sí a gran velocidad. Esto provocaba que se formase un gigantesco campo de escombros de hielo que, con el tiempo, volvía a agruparse.
La necesidad de pensar en un planeta perdido
Los investigadores creen que esto podría explicar cómo se formó Miranda, un satélite de Urano. Pero no fue el único escenario en el que las simulaciones mostraban un pasado violento para los satélites del gigante helado. Según explican, las simulaciones mostraban que los satélites del planeta debieron verse perturbados, hasta el punto de sufrir colisiones, al menos dos veces. Por un lado, como consecuencia del impacto que inclinó el eje de rotación del planeta. Por otro, la propia inestabilidad de las órbitas que tenía cada planeta gigante.

El estudio trabaja bajo la idea de que, hace miles de millones de años, el Sistema Solar tuvo un planeta gigante más, ahora perdido, que podría haber sido el causante de esa violenta reorganización. El proceso debió perturbar a algunos satélites de Júpiter y de Urano, llevando quizá incluso a la formación de otros. Es una forma de explicar por qué el Sistema Solar muestra la configuración que vemos en el presente. En cuanto al destino de ese planeta, los investigadores no mencionan nada. Aunque una idea que se ha repetido mucho es que fuese expulsado.
Algunas simulaciones muestran que, si el Sistema Solar hubiese tenido tres gigantes helados, hay dos escenarios que resultan muy plausibles (y probables). Ese planeta pudo precipitarse contra el Sol o, en su lugar, pudo ser expulsado y convertirse en un planeta errante. Es decir, un mundo que ahora orbitaría alrededor del centro de la galaxia. Hay multitud de planetas errantes, por lo que el Sistema Solar, en ese sentido, no sería un lugar extraño. Lo que sí está claro es que queda mucho por estudiar y entender, y esa es su intención…
Estudio
El estudio es M. Clement, N. Kaib, A. Izidoro y R. Deienno; «The fragility of the Uranian moons during the giant planet instability». Publicado en la revista Icarus el 21 de marzo de 2026. Puede consultarse en este enlace.
Referencias: Phys