La NASA ha anunciado que ha apagado un instrumento de la sonda Voyager 1. Una decisión motivada por la cantidad cada vez menor de energía disponible en la sonda. Sin embargo, cabe una posibilidad, a largo plazo, de que la situación pueda mejorar para esta veterana misión de la agencia espacial estadounidense…

Otro instrumento de Voyager 1 que se apaga

El Experimento de Partículas Cargadas de baja energía (LECP, por sus siglas en inglés) ha estado funcionando casi sin interrupción desde que Voyager 1 se lanzase en 1977, hace casi 50 años. Este instrumento se encarga de medir partículas cargadas de baja energía, incluyendo iones, electrones y rayos cósmicos procedentes tanto del Sistema Solar como del resto de la Vía Láctea. El LECP ha proporcionado datos clave para entender mejor la estructura del medio interestelar. Las dos sondas Voyager son las únicas naves espaciales que están lo suficientemente lejos como para proporcionar esta información.

La NASA apaga un instrumento de Voyager 1
En este concepto artístico, la sonda Voyager 1 observa el Sistema Solar a vista de pájaro. Los círculos representan las órbitas de los planetas gigantes. Crédito: NASA, ESA, y J. Zachary y S. Redfield (Wesleyan University); Crédito de la ilustración artística: NASA, ESA, y G. Bacon (STScI).

Al igual que Voyager 2, Voyager 1 depende de un generador termoeléctrico de radioisótopos. Es un dispositivo que convierte en electricidad el calor producido por la desintegración del plutonio. Ambas sondas pierden unos 4 vatios de potencia cada año. Tras casi medio siglo en el espacio, los márgenes de energía son tremendamente pequeños, por lo que el equipo necesita conservar energía apagando calentadores e instrumentos. Por otro lado, deben asegurarse de que las naves no se enfríen tanto como para que sus conductos de combustible se congelen.

Durante una maniobra rutinaria, el pasado 27 de febrero, los niveles de energía de Voyager 1 cayeron de forma inesperada. Los ingenieros de la misión sabían que cualquier caída de potencia podría activar el sistema de protección de la nave. Un mecanismo que apagaría componentes por sí solo para proteger la sonda. Si sucediese, esto requeriría que el equipo de vuelo tuviese que recuperar la nave. Es un proceso largo que ni siquiera está libre de riesgos. Naturalmente, apagar el LECP no era la solución deseada, pero sí la mejor disponible.

Naves con cada vez menos energía

Lo explicaba el propio equipo, explicando que Voyager 1 todavía tiene dos instrumentos operativos: uno que escucha ondas de plasma y otro que mide campos magnéticos. Los dos siguen funcionando bien y enviando datos de una región del espacio que ninguna otra nave ha explorado. Por ello, el objetivo del equipo es conseguir que ambas sondas Voyager se mantengan en funcionamiento durante tanto tiempo como sea posible. ¿Por qué se decidió apagar el LECP? Es algo que se estableció hace ya unos años.

Los equipos de ciencia e ingeniería de Voyager determinaron el orden en el que apagar diferentes partes de la nave, garantizando que la misión pueda seguir adelante. De los 10 conjuntos idénticos de instrumentos que lleva cada nave, se han apagado siete por ahora. En el caso de Voyager 1, el LECP era el siguiente de esa lista. En el caso de Voyager 2, se apagó en marzo de 2025. Como Voyager 1 está a más de 25 000 millones de kilómetros de la Tierra, la secuencia de comandos para apagar el instrumento tardó 23 horas en llegar a la nave.

El proceso de apagado tardó unas tres horas y 15 minutos en completarse, y no fue completo. Un pequeño motor del LECP, que hace girar el sensor en círculo para escanear en todas las direcciones, se mantendrá en marcha. Consume poca energía, apenas medio vatio, y mantenerlo en funcionamiento da la oportunidad de volver a encender el instrumento. Para ello, es necesario encontrar, de alguna manera, más energía disponible. Es una situación muy complicada que, curiosamente, podría tener una salida muy interesante.

El Big Bang de las sondas Voyager

Los ingenieros confían en que apagar el LECP le dará a Voyager 1 alrededor de un año de respiro. Ese tiempo se va a aprovechar para rematar una solución de ahorro de energía que es muy ambiciosa. Algo que se aplicaría en ambas sondas y a lo que el equipo llama Big Bang. El objetivo es mantener las naves operativas durante más tiempo e, incluso, quizá ampliar su capacidad. Pero es una maniobra tremendamente delicada, porque hay que cambiar un grupo de dispositivos eléctricos, apagándolos y reemplazándolos por alternativas de menor consumo.

Concepto artístico de la sonda Voyager 1 en el espacio interestelar. Crédito: Don Davis

El objetivo es mantener la nave lo suficientemente caliente como para seguir recopilando datos científicos. Como la maniobra es muy delicada, el equipo la va a utilizar primero en la sonda Voyager 2, por dos motivos. El primero es que tiene un poco más de energía y está más cerca de la Tierra. Por eso, es un conejillo de indias más seguro que Voyager 1. El equipo tiene previsto llevar a cabo pruebas en mayo y junio de 2026. Si todo sale bien, después intentarán aplicar esa misma solución en la sonda Voyager 1, pero no será antes de julio.

Lo más interesante es que existe la posibilidad de que, si ese plan sale bien, el LECP de Voyager 1 vuelva a funcionar. De momento, la agencia espacial estadounidense no ha compartido mucha información sobre los beneficios de esta maniobra. ¿Hasta qué punto podría permitir alargar la misión? ¿Será posible recuperar otros instrumentos, o el único sería el LECP de Voyager 1? Incluso aunque fuese solo LECP y la misión se alargase seis meses, seguiría siendo tremendamente valioso por la oportunidad de estudiar una región tan lejana del Sistema Solar…