Un nuevo estudio plantea que la fertilización (y fertilidad) humana podría verse afectada por los viajes espaciales tripulados. Algo que ayuda a entender mejor cómo se ve afectado el cuerpo humano por la exposición a la microgravedad y por posibles viajes a otros lugares del Sistema Solar.

El impacto en la fertilización humana es algo que todavía está por entender

Los viajes espaciales han permitido aprender lecciones muy valiosas sobre cómo vivir y trabajar en el espacio, especialmente en todo lo relacionado con la microgravedad. Está ayudando a entender cómo se comporta el cuerpo humano en vuelos espaciales de corta y larga duración. Entre los efectos conocidos están la disminución de masa muscular y ósea, el desplazamiento de fluidos, una reducción del ritmo cardíaco, posibles problemas de salud mental, así como un debilitamiento del sistema inmune y los efectos por la exposición a la radiación.

Una cápsula Soyuz (izquierda) y una cápsula Progress (derecha), acopladas la Estación Espacial Internacional. Crédito: NASA

Hemos llegado a un momento en el que agencias como la NASA esperan construir una base lunar y establecer una presencia a largo plazo en la Luna y, posteriormente, en Marte. ¿Cómo podría afectar el viaje espacial a la posibilidad de tener bebés en el espacio? Eso es lo que ha buscado responder un grupo de investigadores. Es una pregunta que poco a poco está empezando a cobrar importancia. Por ello, llevaron a cabo una serie de experimentos diseñados para simular la microgravedad y ver cómo afecta a la fecundación por esperma.

En su trabajo, utilizaron muestras de esperma de un ser humano, un cerdo y un ratón durante un período de cuatro horas. Los investigadores se centraron en cómo afecta la microgravedad tanto a la manera en que el esperma nada por un canal como a la forma en que se encuentra con un óvulo. Normalmente, el esperma utiliza diferentes mecanismos para localizar y fecundar un óvulo, incluyendo cosas como nadar contra el flujo del fluido y seguir señales químicas. El estudio nace de la falta de conocimiento sobre cómo se ve afectada la reproducción por los viajes espaciales.

Un conocimiento importante

Los investigadores explican que entender este proceso será clave para las misiones espaciales de larga duración y los futuros asentamientos lejos de nuestro planeta. Al final, el equipo observó que la navegación del esperma humano se veía alterada, pero su capacidad para nadar no. Lo primero se trató con progesterona, que actúa como una señal química para guiar al esperma hacia el óvulo. En los ratones, se observó una disminución del 30% en los óvulos fecundados con éxito, y también se observó una disminución en la fecundación del esperma de cerdo.

Los investigadores explican que cada vez hay más interés en entender los efectos de la microgravedad en aspectos como las primeras etapas de la fertilización. Entre otras cosas, por la posibilidad de establecer una fuente de alimentación viable (gracias a la reproducción animal). También para poder mantener asentamientos espaciales sin la necesidad de repoblar continuamente desde la Tierra. En realidad, el estudio se basa en investigaciones que se remontan a la década de 1980 y que han explorado cómo afecta la microgravedad al esperma.

En la década de 1980 hubo diferentes misiones espaciales soviéticas que exploraron el apareamiento y la gestación de animales en el espacio. También ha habido experimentos en la Estación Espacial Internacional que han estudiado la función del esperma humano. Sin embargo, este estudio podría ser el primero que logra identificar los mecanismos de navegación que se ven influidos por la microgravedad, así como la manera de corregirlos. El trabajo llega en un momento en que la NASA ha anunciado planes para construir una base cerca del polo sur de la Luna.

El impacto en la fertilización es algo que se podrá regular

Uno de los grandes objetivos del Programa Artemisa es establecer una presencia humana permanente en la Luna. Algo que permitirá desarrollar y probar nuevas tecnologías que, después, puedan usar en misiones tripuladas a Marte. Hace solo unas semanas, Artemisa II logró enviar con éxito a cuatro seres humanos alrededor de la Luna por primera vez desde 1972. Y Artemisa III está prevista para 2027 para probar la capacidad de acoplamiento de la cápsula Orión con el vehículo que se encargará de llevar a la tripulación a la superficie de la Luna.

Concepto artístico de un transbordador espacial acercándose a la estación von Braun. Crédito: Gateway Foundation

Después, Artemisa IV y V deberían llegar en 2028. Ambas deberían aterrizar en el polo sur de la Luna. Por ello, estudios como este destacan la importancia de entender el impacto de la vida en el espacio en el proceso de fertilización. Algo muy importante si, un día, queremos tener una presencia humana permanente más allá de nuestro planeta. Poco a poco, el ser humano está dando los pasos hacia convertirse en una especie multiplanetaria. Entender el papel de la microgravedad en la reproducción será un paso fundamental que llegará tarde o temprano.

¿Qué lecciones podremos aprender en los próximos años y décadas? A pesar de la curiosidad de muchas personas, las relaciones sexuales en el espacio siguen siendo muy poco probables. El motivo es, simplemente, que todas las tripulaciones que han viajado han sido estrictamente profesionales y, además de viajar en espacios reducidos, siempre han tenido sus viajes muy planificados. Pero el turismo espacial permitirá algo diferente: podrán viajar personas normales y corrientes, que tendrán libertad de hacer lo que quieran. Eso, también, será otra oportunidad de estudio…

Estudio

El estudio es H. Lyons, V. Nikitaras, B. Arman et al.; «Simulated microgravity alters sperm navigation, fertilization and embryo development in mammals». Publicado en la revista Communications Biology el 26 de marzo de 2026. Puede consultarse en este enlace.

Referencias: Universe Today